La megafonía lanzaba mensajes desesperanzadores. "Lamentamos no poder dar más información", decía una mecánica voz masculina. "El restablecimiento de los vuelos depende de la voluntad de los controladores aéreos", añadía. A lo largo y ancho de la T4 del madrileño aeropuerto de Barajas, miles de personas habían perdido ya la fe de escuchar una buena noticia a través de los altavoces. La noche se presentaba larga en la terminal. Y lo peor, llena de impotencia. Conservando la calma, los tropecientos afectados por la huelga de los controladores, hacían interminables colas en los mostradores de las líneas aéreas para pedir información.
Vanesa Barruti es argentina. Hace ocho meses que nació su hijo, Sebastián, y fue entonces cuando compró los billetes de avión para viajar a Buenos Aires con su marido, Raúl Marín, con el propósito de que su familia conociera al pequeño. "Todavía no le han visto", decía Vanesa dolida. La huelga traidora de los controladores ha hecho que en Argentina tengan que esperar aún más para abrazar por primera vez a Sebastián. Vanesa y Raúl aguantaban estoicos en la fila rodeados de maletas. "Visto el plan, no salimos ni hoy ni mañana", afirmaba Raúl. "Llevamos en la cola dos horas y hemos avanzado 15 metros", añadía. "A ver si esta gente se apiada y decide levantar la huelga", suspiraban ante su situación, que se antojaba compleja, ya que habían viajado desde La Rioja para embarcar en Madrid rumbo a Buenos Aires.
Sentada en una maleta, con las piernas cruzadas y con gesto seco, Mercedes Tejerina, comía un bocadillo. "Estamos indignados", decía contundente. No es para menos. Mercedes quería viajar a Venecia junto a su hermana, Maika, y su cuñado, Mariano Brazales, para reunirse con su marido que se encuentra allí. Pero su atractivo plan de fin de semana entre canales y góndolas se ha ido al garete. "Y nuestra situación no es de las peores. Somos de Madrid y en el peor de los casos, volveríamos a casa", se consolaban. Pero estos tres jóvenes se mostraban muy críticos. "Esto debería ir por lo penal, por la cárcel, porque esto tiene una responsabilidad civil de mucho calibre. No se puede actuar de una forma tan impune", decía Mercedes. "Tú puedes reivindicar tus intereses, pero por lo menos, anúncialo. Que den la cara, que no sean tan cobardes", subrayaba Mariano, ante el parón inesperado de los controladores.
"Ahora tenemos miedo de coger un avión, que esto no se solucione y no poder volver", explicaban. Estoicamente, se quedaron en la cola, esperando novedades y con la sensación de haber recibido informaciones contradictorias por parte del personal de la compañía acerca del reembolso del dinero de los billetes.
Silvia Ramón y su madre, Cesárea Teruel, estaban en la tesitura contraria: ellas lo que querían era volver a casa. Han estado en Madrid dos días por motivos médicos y se disponían a regresar a Palma de Mallorca cuando se encontraron con la huelga. "Al ser una isla, tampoco tenemos muchas alternativas", reía Silvia, conservando aún el humor. Esta joven definía la situación como "caótica" y se lamentaba de la falta de información. "Estamos funcionando con el boca a boca, que es lo que causa esta ansiedad", explicaba.
Mientras, la EMT, la empresa municipal de transportes, preparaba buses de refuerzo para llevar al centro de Madrid a los pasajeros que se han quedado en tierra. Que se han visto obligados a renunciar a sus planes y su descanso.