pamplona. "Sólo hay una manera de llegar al Carnegie Hall: trabajando y trabajando", dijo ayer Javier Orella tras recoger la Medalla de Oro de Navarra. Y así ha logrado también el Orfeón Pamplonés la mayor distinción de la Comunidad foral. "Este es nuestro compromiso, el trabajo en la labor de enseñar música y acercarla a la sociedad", recalcó el presidente de la agrupación coral, quien reclamó durante su intervención "alimento para la cultura y un mayor compromiso de las instituciones pese a los tiempos de crisis que vivimos".
El gesto de Orella ya con el premio entre las manos, señalando con el brazo alzado y la mano abierta a los orfeonistas presentes en el claustro isabelino del departamento de Cultura, como queriendo abarcar a todos con una sincera muestra de agradecimiento, lo decía todo: "Esta es una medalla muy coral, un galardón que nos llena de orgullo y que corresponde a muchas personas que están hoy presentes y a otras muchas que no están", aseguró en su discurso, en el que recorrió la andadura del Orfeón Pamplonés desde que se inició su historia, allá por 1865, cuando todavía "las señoritas no podían cantar" en público. Desde entonces hasta ahora han cambiado muchas cosas, pero no la base del coro centenario, un proyecto "sostenido siempre por el amor a la música de esos artesanos de la voz, un bien etéreo e intangible", subrayó el presidente del Orfeón, quien se refirió con esperanza y optimismo a los cerca de doscientos niños y jóvenes a los que forma el coro como "nuestro público futuro, el que llenará los auditorios". Pero para que eso sea posible hace falta, apuntó, una mayor atención en el terreno de la cultura "tanto por parte de instituciones públicas como privadas, y lo más importante, que ese apoyo se mantenga en el tiempo, porque la cultura es muy importante, y sin ella el hombre no sería hombre".
Todos los que se han vinculado al Orfeón a lo largo de sus 145 años de historia, desde coralistas y maestros directores hasta directivos, desde los chavales que cantaban en pantalón corto y las señoritas que tenían que pedir permiso en sus casas para cantar en público hasta los miembros de la junta directiva que negociaban el precio en pesetas del alojamiento en los viajes del coro, estuvieron presentes ayer en las palabras de Orella, quien se refirió también al futuro con la incertidumbre de las "ventajas y desventajas que trae consigo el siglo XXI", donde "la avalancha de alternativas de ocio nos exige ser mejores, ser el coro amateur más profesional". En eso están, y de ello dan fe los últimos éxitos cosechados por la formación navarra, en auditorios de altura como el Kennedy Center de Washington y el Carnegie Hall de Nueva York, hitos que tampoco olvidó mencionar el presidente de la entidad coral en su discurso de agradecimiento.
Además de por la música, el acto de entrega de la Medalla de Oro de Navarra estuvo marcado por otra nota muy presente ayer en la capital navarra: la nieve. De hecho, el evento comenzó con veinte minutos de retraso debido a las complicaciones de algunos de los invitados para trasladarse hasta el departamento de Cultura y Turismo-Institución Príncipe de Viana, en la calle Navarrería. Curiosamente, las calles más limpias de nieve del casco viejo de Pamplona ayer a esa hora (doce del mediodía), y con diferencia, eran las que daban acceso a la Institución Príncipe de Viana, por donde circularon sin ningún problema los coches oficiales de los políticos, que llegaron a la cita muy puntuales. Al acto estaban invitadas más de 400 personas, pero no llegaron a 300 las que acudieron finalmente.
Como es habitual en este tipo de actos protocolarios, abrió el evento la interpretación del Himno de Navarra, con los maceros sujetando la bandera y el público en pie. Tras el momento clave, la entrega propiamente dicha de la Medalla de Oro al Orfeón Pamplonés, se pudo disfrutar de la interpretación musical de la poesía de Antonio Machado Camino, y tras el discurso de Miguel Sanz se cantó el zor-tziko Navarra. Ambas obras, pertenecientes al compositor tafallés José Menéndez de Esteban -de quien se cumple el centenario de su nacimiento-, fueron interpretadas por la Agrupación Coral Tafallesa, dirigida por Román Serra, y por la Coral Tubala Uxoa, dirigida por Laura Calvo.
Una vez concluido el acto, los miembros del Orfeón Pamplonés posaron para una foto de familia con la Medalla de Oro y pudieron disfrutar de un aperitivo antes de volver al frío de la calle. No había tiempo que perder porque por la tarde tenían concierto en Baluarte junto con la Orquesta Sinfónica de Navarra, y antes había que digerir la emoción del acto, comer y ensayar. "Vamos a celebrarlo a lo grande, como mejor sabemos hacerlo: cantando", anunciaba al concluir el acto Javier Orella.