LA ilusión que tenían los 180 pasajeros que el viernes se disponían a tomar un avión rumbo a Estambul, se tornó en frustración al quedarse sin viaje tras vivir una odisea de casi 24 horas. Los viajeros debían presentarse en Noáin a las 6.30 horas para facturar.

Y allí estaban, pero la aeronave que debía llevarles rumbo a Turquía no pudo tomar tierra debido a la inoportuna nevada que hizo acto de presencia. El avión fue desviado al aeropuerto de Barajas, donde debía esperar hasta que le concediesen autorización para volar a Navarra. Una autorización que nunca llegó.

Entonces, las 180 personas comenzaron una larga y agotadora jornada de espera en la nueva terminal. Una hora. Dos horas. Tres horas. La falta de información por parte de los mayoristas, unida a la larga espera, hizo que apareciesen los primeros nervios. "Nos decían que el avión estaba sobrevolando la zona pero que no le daban permiso para aterrizar", comenta uno de los afectados.

A las 14 horas se les informó de que la solución más viable era tomar un autobús a Zaragoza y, desde allí, viajar a Turquía. La inmensa mayoría decidió tomar el autocar y una hora después pusieron rumbo a la capital maña. Finalmente, a las 19.30 horas embarcaron. Parecía que ya estaba todo arreglado, pero cuando se disponían a despegar les hicieron bajarse. Los controladores habían abandonado sus puestos y no se podía volar. Nuevamente tuvieron que esperar, esta vez en la terminal de Zaragoza, hasta que, al filo de las 23 horas, les volvieron a subir al avión. Pero la historia se repitió debido al cierre del espacio aéreo. El nuevo contratiempo provocó que los 180 viajeros, que en ningún momento renunciaron a viajar, pidiesen un documento firmado en el que se confirmara la cancelación del vuelo. Sin embargo, en vez de recibir la notificación, se encontraron con que la Policía Nacional rodeó la nave y miembros de la Guardia Civil entraron en el avión. 180 personas veían cómo la Guardia Civil les pedía que saliesen. Ellos, resignados y sin notificación alguna, se vieron obligados a bajar. Los mayoristas fletaron tres autobuses para el regreso a Pamplona donde llegaron en torno a las 5 horas. 23 horas después. Sin viaje. Cansados, destrozados y sin vacaciones. Son los mayores damnificados en Navarra de la baja masiva de controladores.