Guatemala: el silencioso avance de las mujeres
Unas 2.100 mujeres han participado en los talleres impulsados por Zuzeneko Elkartasuna (ZE) en Fray Bartolomé de las Casas. La ONG, a través de una asociación local, financia la lucha contra el maltrato, las condiciones insalubres de vida y las infecciones sexuales, entre otros fines.
"es impresionante verlas trabajar, en las condiciones más duras y el contexto más hostil". Así describen desde la ONG Zuzeneko Elkartasuna (ZE) el trabajo de la Asociación de Mujeres Adelina Caal Maquin (ACM) en Fray Bartolomé de las Casas, una de las zonas más pobres de Guatemala. A través de la ACM, Zuzeneko Elkartasuna impulsa el desarrollo integral de éste y otros municipios limítrofes, y lo hace partiendo de su propia identidad, con perspectiva de género, defensa de los derechos humanos y respeto a las diferencias de las personas. "Las mujeres deciden que proyectos priorizan. Nosotros, desde Navarra y la CAV, sólo les proporcionamos apoyo técnico y financiación, obtenida a través de ayuntamientos, sindicatos, colectivos sociales y particulares. Ellas montan comisiones para los proyectos y son ellas quienes los gestionan", explican desde ZE.
Esta ONG intenta mantener el equilibrio entre iniciativas de desarrollo material, dirigidas a mejorar las condiciones de vida (sistema de traída de agua o de mejora de la vivienda), y las de formación personal (talleres de participación ciudadana -autoestima, resolución pacífica de conflictos, buenos tratos-, educación y salud), con resultados, estas últimas, menos visibles a corto plazo pero más transformadoras de cara al futuro. "Las mujeres han pasado de gestionar los proyectos de la asociación a participar en los órganos donde se toman decisiones que afectan a toda la comunidad. Esto antes era impensable", se felicitan en ZE.
Toda la financiación que obtiene la ONG, unos 30.000 euros al año antes de que la crisis desplomara las aportaciones y pusiera en peligro la viabilidad de algunos proyectos, es transferida a la ACM, con presencia en 58 de las 112 comunidades del municipio. "Trabajamos con las mujeres porque son las que menos oportunidades han tenido y para que ellas se valoren, mejoren su autoestima y comprendan que tienen igual capacidad que sus compañeros", indica Delfina Miguel, una de las dos portavoces de ACM que durante un mes han dado a conocer la realidad de su comunidad en Navarra.
humo y lodo Entre los proyectos de la ACM de desarrollo material destacan los sanitarios. Las nocivas condiciones, sobre todo de la vivienda, provocan enfermedades diarréicas, respiratorias, oculares y dermatológicas. "Las mujeres y los niños son quienes más están en casa por eso son los que más sufren las malas condiciones. Viven entre humo y tienen hongos en los pies de tanto caminar en el lodo porque el suelo de la vivienda es de tierra. En verano respiran el polvo y en invierno, el suelo se llena de agua (llueve 10 meses al año)", describe Delfina. Los techos de las casas son de manaco, un árbol cada vez más escaso y caro. "Sólo duran un año, se pudren con la humedad y sirven de nido a arañas, cucarachas y otros animales", añade. Para evitarlo, la ACM coopera con las familias en el cambio a suelo de cemento y techado de chapa.
Pese a la urgencia de estos programas, son los de desarrollo personal los más valorados en la asociación y los que más peligro corren por falta de fondos. Para la ACM, por ejemplo, es importante que la mujer, en una sociedad donde lo habitual es ser madre adolescente, sepa que puede distanciar los embarazos y protegerse de enfermedades de transmisión sexual. "Nos piden que demos talleres también a hombres porque algunos se oponen a la anticoncepción". Esta oposición apunta a uno de los principales obstáculos para la labor de la ACM: la educación. "En las familias, siempre son los hijos varones lo que tienen proridad para estudiar y las hijas se van quedando en casa, dedicadas al oficio doméstico. Si salen no es para estudiar sino para trabajar en otras casas".
Junto a esta discriminación, uno de los grandes dramas en Fray Bartolomé es el maltrato, una violencia ejercida con la connivencia de policías y jueces. "Las mujeres ven normal que sus esposos les peguen. Les cuesta mucho hablar de ello y temen denunciarlos por si no pueden salir adelante con sus hijos. Hemos logrado que se animen a contarlo y en algunos talleres ya se dan casos de mujeres que al escuchar que los hombres no tienen derecho a pegarles han decidido no permitirlo más".
No ha sido fácil involucrar a la comunidad en la labor de la asociación, pero el balance final abre la puerta al optimismo. "Costó mucho al principio, sobre todo porque los hombres pusieron impedimentos. Temían que fuéramos a meter malas ideas a sus mujeres y en las reuniones venían a comprobarlo, por eso ellas permanecían calladas. Ahora la participación es general. Unas 2.100 mujeres han tomado parte en talleres. Y también hombres...", destaca.
Esta labor de la ACM se refleja en la mayor capacitación femenina. "Hay más mujeres conscientes de la importancia de estudiar y lo están haciendo ahora, unas aprenden a leer y escribir, otras cursan Secundaria". Este trabajo se traduce en un cambio de actitud. "Las madres están dando más oportunidades a sus hijas. Ahora en la escuela se ven niños y niñas, incluso algunas juegan al fútbol. Va cambiando la mentalidad. Los hombres ya apoyan a la organización. Se han dado cuenta de que los programas, al final, benefician no solo a la mujer sino a toda la comunidad".
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