Detectives de humo y fuego
La Guardia Civil de Navarra ha investigado más de 300 incendios estructurales (tanto en empresas como en viviendas) en los últimos seis años. De los resultados de su minucioso trabajo dependen responsabilidades penales y civiles, en muchos casos millonarias.
marcas instrumentales, de carbonización, de protección, de transferencia... Son conceptos que los investigadores de incendios estructurales de la Guardia Civil manejan con naturalidad y que sirven para autentificar el foco inicial de cualquier incendio. "El estudio y clasificación de las manchas que deja el fuego es nuestro trabajo fundamental. Tenemos la preparación suficiente para seguir sus huellas e interpretarlas", afirma el responsable del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Navarra, José Cachairo, que en los últimos seis años, incluido el presente, ha investigado más de 300 fuegos en empresas y viviendas.
Cachairo habla del fuego como si fuera "un ser vivo, capaz de nacer por sí mismo, por una reacción esotérmica o por una fermentación vegetal o bacteriana, que lo único que quiere es destruir. Busca oxígeno, que es su comida". Se emplea como herramienta para consumar venganzas, cobrar una póliza de seguro o por mero afán destructivo (pirómanos). "En Navarra hay muchos antecedentes de incendios provocados dolosamente", confirma Cachairo, que lo considera "uno de los delitos más graves y más perjudiciales que hay en el abanico penal".
El esclarecimiento de los incendios comporta, por un lado, saber qué y cómo se produjo la chispa que desencadenó el desastre, y por otro, identificar al responsable. "Hay que diferenciar la investigación técnica del incendio de la operativa. No se trata sólo de saber cómo se produjo la ignición, sino que en caso de haber parámetros dolosos, se trata de localizar al autor", precisa Cachairo, que acumula más de 25 años de experiencia investigando incendios estructurales. "Se requiere mucho trabajo y el conocimiento de técnicas sobre la propagación del fuego, de los horizontes de humo y de calor, que son las huellas que dejan las llamas por todas partes".
Realizar el recorrido inverso es la regla general para encontrar el inicio de un incendio, aunque "particularmente no es así". "Cada fuego, como cualquier crimen, es diferente, sea causado dolosamente o accidentalmente. Tú tienes que investigar el fuego en virtud de lo que te dice. Cualquier incendio siempre te dice dónde se ha iniciado y cuando sabes eso, ya puedes estudiar totalmente su comportamiento".
en busca del epicentro del caos Las huellas del incendio también permiten a los expertos recrear con detalle el escenario de aquello que ardió. "Lo más complicado de la investigación de incendios es la reconstrucción de los elementos que había en un lugar antes de quemarse. Y es importante porque al hacerlo podemos saber qué elemento pudo producir el fuego, dónde está el foco primario".
Localizado el epicentro del caos, los especialistas de la Guardia Civil toman muestras para buscar combustibles que pudieran indicar la intencionalidad del incendio. "Se mandan a analizar para saber si hay acelerantes y qué tipo es. Generalmente son disolventes, aunque antes se usaba sólo la gasolina". La ley condena los incendios provocados dolosamente, es decir, intencionadamente, o imprudentemente. El resto de las calificaciones conciernen, sobre todo, a los seguros de los implicados, que deben dirimir las responsabilidades civiles tras un incendio. "Si te equivocas en lo que dices en la pericia, puedes llevar a la ruina a una empresa mediana o pequeña. Por eso tenemos una responsabilidad muy grande y nuestra preparación debe ser continua y actualizada", apunta Cachairo.
Generalmente, los incendios en empresas se producen por un descuido o una falta de apreciación del protocolo de seguridad. Así ocurrió en el incendio que arrasó la fábrica de Renolit en enero de 2006 (una explosión de polvo) o un taller de pintura en Volkswagen en abril de 2007 (trabajos de soldadura). "El polvo en suspensión es muy peligroso. Son partículas que están friccionando y que se van calentando cada vez más. En cuanto salta una chispa, el calor va pasando por todas las moléculas y se produce una explosión. Es algo que ocurre con mucha frecuencia", expone el responsable del Laboratorio de Criminalística, que aclara que "un cortocircuito jamás puede producir un fuego por sí mismo. Únicamente puede hacerlo cuando la chispa coincide, por ejemplo, con un escape de gas. Por eso es muy importante cuando se huele a gas, no tocar nada relacionado con la electricidad. Hay que ventilar y cerrar los conductos de gas, pero no hay que encender ni apagar ningún electrodoméstico o interruptor".
El arco voltaico sí es temible. "Cuando tú pones una regleta y el tornillo no toca el cable bien, surge un arco voltaico, un chispazo continuado para que siga pasando la corriente. Al aumentar ese arco, también crece la temperatura y puede llegar el momento en que la cubierta de plástico del cable empiece a arder. De ahí la importancia que las regletas estén homologadas", advierte Cachairo. "El problema es que todo el mundo tenemos regletas y multiplicadores que no lo están y eso puede tener sus consecuencias". El incendio que calcinó el concesionario de moto de Txarandaka, en agosto de este año, encajaría en esta tipología.
Después de un incendio en una empresa, los especialistas de la Guardia Civil comprueban que la potencia eléctrica contratada corresponde con la utilizada. "La empresa podría cometer una irregularidad si no es así", avisa Cachairo, que señala que conocer los materiales constructivos es otra de las máximas del trabajo de los investigadores de incendios. "Hemos pasado del ladrillo con yeso al pladur con tacos de madera por dentro. Hoy en día hay mucho mayor potencial de producirse un incendio en una viviendas que en las que se construían antiguamente".
Cachairo certifica que "la piromanía existe y hay mucho pirómano". "En el polígono de Orkoien hemos tenido una empresa del sector de la automoción en la que un trabajador le metió fuego tres veces. Tirando de su historial laboral encontramos que había provocado otros cuatro incendios en otros trabajos. Hay empleados que quieren ser el héroe dentro de la empresa, personas que quieren ser bomberos y no lo son... El fuego fascina a todo el mundo".
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