tudela. Cómo vivían los vecinos de Buñuel en 1936, cuál fue la trayectoria de su alcalde, Alfonso Marquina, antes de ser asesinado a las puertas del Consistorio, cómo pensaba la gente, qué aportó la República al municipio, cómo transcurrieron los 35 días posteriores al levantamiento franquista...Sobre esos pilares, Pedro José Francés ha escrito un libro, Buñuel, verano de 1936, que ayer fue presentado en el Casino Independiente ante casi 150 personas. Entre ellas, se encontraban familiares de los 52 fusilados en el pueblo por aquellas fechas y otros llegados de Sartaguda, Murchante, Cortes o Ribaforada. Arropado por el presidente de la Asociación de Fusilados de Navarra, Ioseba Eceolaza, el autor del volumen hizo pública su intención de mostrar la verdad de una época que, según su experiencia tras recoger los testimonios en primera persona de los protagonistas, "ha dejado un dolor tan intenso que ha hecho que ni los huérfanos sepan qué ocurrió con sus muertos". De momento, Buñuel, verano de 1936, sale a la luz pública de la mano de Editorial Ciudadano, con 500 ejemplares que pretenden actuar de avanzadilla en la localidad para una posterior edición, con mayor difusión, de Pamiela. "Ahora mismo lo realmente importante es contar qué ocurrió, algo que he hecho guiándome por las conversaciones mantenidas y por el corazón...Este libro es algo compacto y duro para personas como una abuela de 81 años de Buñuel a cuyo padre mataron cuando ella tenía 7 años y se enteró de lo sucedido hace tan sólo diez, a través de un libro", relató Francés.

Antes de la intervención del escritor en el Casino, Mikel Echavarri, nieto de fusilado, hizo un llamamiento a la unidad de los familiares y los animó a "quitarnos de una vez el miedo que nos ha hecho estar en silencio tantos años". Precisamente, a ese silencio se refirió Pedro José Francés cuando recordó que al final del libro pueden encontrarse las cartas que él mismo dirigió al alcalde de Buñuel solicitando que, con motivo del 75 aniversario de los fusilamientos, se llevara a cabo un reconocimiento institucional de las víctimas. La respuesta del Ayuntamiento, según Eceolaza, fue "una falta de compromiso, de solidaridad y de sensibilidad ante la necesidad de dar solución a un problema colectivo que impide que la sociedad disfrute de una auténtica calidad democrática". En el mismo sentido, Francés definió ese silencio como "una enfermedad a la que sólo han sabido prescribir hipocresía".