pamplona. Al abogado Eduardo Ruiz de Erenchun le acompañará de por vida su defensa de José Diego Yllanes, "una tarea dura", dice, por las críticas vertidas sobre él más desde "la pasión" que "del análisis". Con el fallo del Supremo se da "por satisfecho" y cree que su tesis acabó con supuestos que se daban por hechos.
Tras dos años y medio desde que empezó el caso y varias batallas judiciales de por medio, ha prevalecido la primera sentencia.
La sensación que me queda es que se pone fin a un proceso judicial que ha causado muchísimo dolor a todo el mundo y que quizás se ha salido de los parámetros normales de la Administración de Justicia. El fallo respalda la tesis principal de la defensa de que se trataba de un homicidio y no un asesinato. Desde ese punto de vista produce una cierta satisfacción jurídica este fallo del Supremo.
¿Se siente en cierto modo ganador?
En muy poquitos asuntos penales existe la seguridad del ganador. Yo siento que he hecho bien mi trabajo al hacer todo lo posible para que José Diego tuviera la mejor defensa y he encontrado el respado de la máxima autoridad penal en la tesis que yo mantuve. Se me ha tachado de todo por lo que he mantenido desde el primer día, pero esas barbaridades tienen poco soporte jurídico.
¿Tenía la esperanza o el nerviosismo de que la condena se modificara a su favor o en su contra?
Analizándolo con frialdad, había más posibilidades de que prosperara el recurso de la defensa que el de la acusación, por la vía elegida. Hemos ido por la misma vía, pero la acusación ha pretendido cambiar los hechos, que no se podía, y nuestro recurso ha respetado los hechos aunque se nos ha dicho que el Derecho está correctamente aplicado. Lógicamente tenía la esperanza de que lo estimaran, pero siendo consciente de que el Supremo estima muy pocos recursos al año. Con el resultado global me veo más que satisfecho.
Los ciudadanos legos en materia jurídica no son capaces de advertir la diferencia entre alevosía y abuso de superioridad, clave en este caso. ¿Es tan escasa esa diferenciación?
Cuando imparto clases en la Universidad lo suelo explicar con un caso que le ocurrió a mi padre. Él defendía a un condenado por asesinato y alegaba en el Supremo que era un homicidio por abuso de superioridad. Si al principio le condenaron a 20 años y un día, luego le rebajaron la pena a 20 años, cambiando la calificación. La diferencia entre el asesinato y el homicio con abuso de superioridad es de un día. El problema es más del nombre, no es lo mismo ser un asesino que un homicida.
Aquí termina uno de sus trabajos más intensos y absorbentes.
Ayer coincidí con un ex capitán de Osasuna, con el que tengo buena relación, y me decía cómo había aguantado la presión. La presión es la que tiene un futbolista que en la prórroga de un Mundial tiene que chutar un penalti. Ha sido mucha presión, pero lo que ha sido es muy desagradable que personas que se han dejado llevar por pasiones, sin un análisis riguroso, hayan criticado de forma casi personal mi labor. Por eso ha sido especialmente duro.