pamplona. "Todas las fronteras generaron contrabando pero no todas hicieron del contrabando un negocio a pequeña, mediana o gran escala como ocurrió en la zona de Baztan, Malerreka, Cinco Villas, Erro y Esteribar", admite José Antonio Perales Díaz. "Fronteras y contrabando en el Pirineo occidental" es el título de la investigación histórica realizada por este profesor de la UPNA, y editada por el Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra. El libro analiza la trascendencia económica y social de esta actividad que se registró en la frontera hispano-francesa entre la segunda mitad del siglo XIX y la segunda mitad del XX, momento en el que el contrabando decreció drásticamente. Perales participó en la charla organizada por Elutseder para exponer las peculiaridades de la que fue frontera entre la Galia y la Hispania, que acogió las "tablas" o aduanas durante el Reino de Navarra desde el siglo XV, y que en 1856 con el Tratado de Baiona pasó a convertirse en una "frontera moderna con sus mojones superpuestos a veces sobre las mugas entre los valles". A partir del siglo XIX la frontera se convierte en un "un lugar hostil que corta una red de relaciones naturales entre los valles del Pirineo y unos lazos comerciales tradicionales". Es en tiempo de las guerras carlistas y en la época franquista cuando se manifiesta la "parafernalia represiva" del Estado en esta línea divisoria con la presencia de militares, guardias y carabineros. De este modo, una zona que venía siendo pujante por la actividad del ganado, la minería, la industria de la ferrería o la fabricación de armas deviene en ese momento en una "franja de subdesarrollo".
El contrabando se convierte así en una "forma de resistencia pacífica frente a esa marginación que supuso el Estado moderno". Esta actividad constituyó una forma de vida complementaria de la ganadería y la agricultura en una zona ya célebre por ser una de las rutas transregionales que comunicaban Cádiz con Baiona, por acoger la ruta de la lana, el Camino de Santiago, la arriería.... El comercio tradicional del ganado se convirtió en contrabando por efecto de la frontera en toda la franja pirenaica. Sin embargo, el contrabando "organizado" hizo más mella en Baztán, Erro y la franja occidental, frente a Roncal o Salazar, porque había una tradición de transporte de mercancía ligada a las rutas comerciales. "¿Por qué gente buena y muchas veces de misa diaria en estos valles nuestros, incapaces de transgredir las normas sociales, cometían un delito?", se pregunta J. A. Perales para responder que, según su tesis, la "tradición influía porque el padre, el abuelo y el tatarabuelo trabajaron en alguna forma de comercio".
Durante las guerras carlistas, en la II Guerra Mundial y, sobre todo, en la posguerra, el contrabando tuvo una mayor importancia. De hecho, el momento más álgido fue entre 1939 y 1961. El régimen franquista español quedó aislado del resto de las potencias lo que coincidió con la industrialización de las ciudades y el abandono progresivo del medio rural. Muchos pueblos del Pirineo desaparecieron y el contrabando les dio "viabilidad" hasta los años sesenta. También tuvo efectos positivos sobre la industria al aportar materiales imprescindibles para su trabajo diario. Y, en una época tan "oscura" como la de la guerra civil, se pasaban mercancías relacionadas con "el placer y el lujo en pequeñas dosis" como perfumes, tabaco o alcohol, y a nivel individual sirvió para el "mantenimiento del caserío y la supervivencia de comunidades que se veían amenazadas".
Pasadores de ganado, paqueteros de mercancías o mugalaris de personas para ayudarles a pasar la frontera... "Hay una lección de supervivencia detrás de estas historias de contrabando que queremos transmitir las generaciones antiguas a las nuevas. La resistencia pacífica pero efectiva de los pueblos a la implantación de una frontera, a la imposición de los poderosos...", remarca. Existía un "pacto tácito" tras la guerra de manera que cuando se daba el alto se tiraba el paquete y "aquello se convertía en un delito fantasma, se aprehendía la mercancía y el contrabandista se perdía en el monte". "Era una red perfectamente organizada que iba a Barcelona o Madrid".