Los azucarillos con moscas, los cigarros con petardos y la tinta que no mancha siguen siendo las bromas preferidas para gastar, año tras año, en el Día de los Santos Inocentes. Al fin y al cabo, son las de toda la vida.
Uno de los establecimientos que más artículos de este estilo proporciona es La Golosina. Durante muchos, muchos años familias han acudido al local con la intención de sacar una sonrisa a sus más allegados. “Aquí viene mucha gente año tras año, y lo que más piden son las bromas de siempre; compran las mismas cada vez, pero dicen que siguen haciéndoles gracia así que, por qué no repetir”, destaca la encargada de la tienda, Sonia Barcos.
Tanto en este establecimiento como en otros con características similares, las bromas que se venden son las mismas ya que no han pasado de moda. Eso sí, diferenciadas según las edades de los inocentes. “Los nietos vienen en busca de cacas blandas o duras para poner cerca de la comida o de la cama porque dicen que con eso su abuela se llevará un buen susto”, dice entre bromas Barcos. Para los amigos, en cambio, los jóvenes buscan cigarrillos con petardos dentro o cerillas explosivas. “Con estas bromas, aunque se hacen todos los años, la gente sigue cayendo, nunca se lo esperan”, asegura la encargada del establecimiento.
Durante los días previos, estos locales se llenan de personas. “Tenemos mucho trabajo estos días porque viene bastante gente a por algún artículo de broma, por eso, llevamos mucho tiempo preparando el material”, indica Barcos. Tal es así, que algunos productos ya se han acabado. “Tenemos agotados el lápiz blando y el moco largo, que con estos días de tanto frío hace un buen papel, además de las cucharillas plegables y los bombones que abres y sale un muelle”, añade.
recuerdos de la infancia En la calle, un breve sondeo indica que un día como hoy hace a las personas volver a la infancia, al menos durante un rato. Ana Elizalde recuerda cuando jugaba con su familia. “Siempre les echaba la tinta por encima y fingía que les había puesto la camisa perdida; menos mal que luego se iba”, señala. Para Ane Fernández, lo más divertido era “ver la cara de susto que se le ponía a todo el mundo cuando le daba un cigarrillo con un petardo dentro”. Por otro lado, Mª Victoria Oroz se acuerda de los muñecos de papel que se ponían en la espalda. “Una vez, mis hermanos y yo le pusimos un muñeco a un hombre, que se enteró y nos persiguió calle abajo con ganas de atizarnos un buen paraguazo”, asegura entre risas.