Las series de televisión y las películas han retratado durante años al ama de casa que, abnegada y desinteresada, deja toda su vida a un lado ante el más mínimo contratiempo para dedicarse en cuerpo y alma al cuidado de la familia mientras el hombre pasa a ser el sostén económico de un hogar en el que, una vez traspasada la puerta, se puede permitir holgazanear y desentenderse de las tediosas tareas que su mantenimiento implica: cuidar de los niños, acordarse de todas sus actividades extraescolares, citas médicas, recoger, lavar, planchar, velar por los familiares de más edad...

Todas esas tareas recaen en esas teleseries y largometrajes en personajes femeninos que, sin perder nunca la sonrisa, reciben cada una de ellas con aplomo y sin quejarse. Y, tristemente, durante décadas lo que veíamos en la pantalla no era más que un reflejo de la realidad que se estaba produciendo simultáneamente en la sociedad.

Incluso en estos momentos, si bien la tendencia va poco a poco cambiando, esas responsabilidades siguen recayendo mayoritariamente en las manos cada vez más cansadas de las mujeres, en unas labores tan esenciales como invisibilizadas y que aportan un valor vital para la sociedad. 

Sin ir más lejos, según datos de Eustat, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, el que se realiza en los hogares sin contratar a nadie, representó el 28,8% del PIB de la C.A. de Euskadi en 2023, un valor que asciende a 26.856 millones de euros. Este estudio refleja además que la mayor implicación de los hombres no ha sido igual en todas las tareas. Entre las funciones donde la participación de los hombres es más destacada y, además, ha crecido se encuentran “Proporcionar alojamiento”, con un 42,5% de participación de los hombres en 2023 (4,5 puntos porcentuales más que en 2018), y “Proporcionar comida”, que alcanza el 37,4%, lo que supone un incremento de 6,5 puntos porcentuales. Sin embargo, la función “Proporcionar cuidados y educación” sigue recayendo principalmente en las mujeres, que asumen el 69,3% de esta labor, lo que supone cuatro puntos porcentuales más que en 2018. 

Y, en lo que respecta a las diferencias en la participación por sexo, Eustat resume que Bizkaia destaca porque los hombres realizan el 37,3% del trabajo doméstico, mientras que en Gipuzkoa la cifra es del 35,5% y en Álava representa el 36,1%.

En Europa la situación es similar. Según el informe Unpaid care in the EU, publicado por Eurofound, el 45% de la población europea proporciona cuidados no remunerados, y estos son realizados mayoritariamente por mujeres. 

Según el informe, el tiempo medio dedicado al cuidado es de 30 horas semanales y un 10% de la población europea cuida simultáneamente a varias personas. Además, el 67% que cuida a menores y el 61% de quienes realizan cuidados de larga duración están empleados, y, en consecuencia, aumenta la dificultad de conciliar el trabajo y los cuidados. En ese sentido, la mayor responsabilidad de los cuidados recae en las mujeres.

Sin embargo, rara vez se tiene en cuenta el impacto en la salud, el bienestar y la economía del cuidado informal en las personas que realizan estas tareas. Y es que, según avanza ese estudio, hasta el 50% de las personas cuidadoras experimenta problemas de salud mental, y un 39% dice tener dificultades económicas asociadas a las tareas de cuidado.

Ahí entra en juego la pregunta que desde hace años se plantean muchas personas, instituciones y entidades: ¿Quién cuida a quien nos cuida? Ante esta incógnita, son varias las soluciones que se han implementado o estudiado en los últimos años: campañas de respiro para los familiares, permisos laborales y mayor flexibilidad en el trabajo, servicios de guardería o atención domiciliaria... Todo para tratar de paliar una situación que sigue provocando un gran impacto en la sociedad pero de la que rara vez se habla. 

Múltiples responsabilidades

Y es que, este estudio advierte de que esta responsabilidad suele recaer más por obligación que por elección, debido a la falta de servicios públicos suficientes y accesibles, y que uno de cada diez cuidadores asume múltiples responsabilidades simultáneas, lo que incrementa aún más si cabe la presión que tiene que sostener sobre sus hombros.

Pero, más allá del importante impacto que estas cifras y porcentajes tienen, detrás de todos ellos hay rostros, nombres e historias, mayoritariamente de mujeres que lo dejaron todo para cuidar de un familiar o que han tenido que cambiar su vida por completo cuando un ser querido ha caído enfermo o necesitado ayuda. 

La historia de Amelia

Amelia, socia de la asociación de familiares con alzhéimer de Navarra, AFAN, recuerda que hace varios años su vida cambió totalmente cuando su madre cayó enferma. Recuerda que fue una época complicada, pues al diagnóstico de su madre se le sumó el trágico fallecimiento de sus dos hermanos. “Me encontré sin dos hermanos, sola y con mi madre. Yo estaba trabajando, tenía una vida plena, y fue tremendo. Lo primero que hice fue buscar soluciones para ama”, recuerda de aquella época.

“Empiezas a ponerle personas en casa para que estén con ella y la acompañen, vas a los servicios del ayuntamiento y solicitas el aseo personal, las comidas porque hay peligros que no controlaba ella…. Y yo seguía trabajando”, reconoce, aunque recuerda que se sintió sola y que su compañero fue todo un apoyo en aquellos momentos.

Ella recuerda que entonces trabajaba en un centro y en varias ocasiones tuvo que salir a buscar a su madre. “Te das cuenta de que no puedes seguir así. Coincidió que se me acababa una vacante que yo tenía y me cogí el paro. Tampoco en ese momento había muchas posibilidades de ayudas. Yo opté por la salida directa. Tampoco me dio mucho tiempo ni de pensar. Había una persona que era mi madre, que para mí era fundamental y veía su sufrimiento…”, rememora para resumir que “era imposible trabajar, cuidar de ella…”.

En ese camino también coincidió con la asociación AFAN, a la que describe como “la salida del túnel. Con los apoyos que hay, con las reuniones de familiares… Fue una alegría porque fue positivísimo. Hay mucho cariño, empatía… Te lo facilitan mucho todo”. 

El relato de Rosa

Desde Álava, Rosa cuenta su historia desde que diagnosticaron a su marido de alzhéimer. Usuarios de la asociación AFARABA, reconoce que su marido aún es autónomo en muchas cosas, y ella le ayuda en todo aquello que necesite. Dos días a la semana asisten juntos a gimnasia para que él mantenga la movilidad y adquiera fuerza. En AFARABA ellos también encontraron la orientación que necesitaban, los pasos a seguir. “Mi caso ahora no es muy duro, pero he sido cuidadora de mi madre”, recuerda. Ahora reconoce que tiene libertad, que puede ir al cine, al teatro, de excursión un día... “Pero un día, no puedo ir tres”, afirma, y detalla: “No estoy mal porque es lo que hay. Tengo dos hijos y nietos, que nos dan mucha alegría. Cada quince días viene mi hermana a verme y también yo a ella, y la familia está pendiente pero cada uno tiene sus cosas”, reconoce. Tiene un hijo viviendo en Alemania y su otro hijo tiene dos hijos. 

Por el momento ella tampoco opta a ayudas. “De momento no tengo ninguna ayuda porque ahora no la necesito. Yo me apoyo en mi familia o a veces con alguna amiga, y voy en un grupo de senderismo. Hago marcha nórdica y eso me viene fenomenal”, asegura Rosa. 

Reivindicaciones del 8-M

De cara a este Ocho de Marzo, la petición de esta alavesa es que hay que colaborar entre todos en los cuidados. “A mi madre y mi suegra las cuidamos los hijos, y todos, tanto chicas como chicos, colaboramos”, rememora. “Eso es muy importante y depende de nosotros, miembros de la familia, decir: ‘Tú también tienes que estar aquí”, resume. 

Por su parte, Amelia recuerda que esta es una de las reivindicaciones constantes en AFAN cada año cuando van al Parlamento navarro a leer su manifiesto el día del alzhéimer: “Seguimos pidiendo que deje de ser algo feminizado, que los cuidados son de todos, y sobre todo que hay que cuidar al cuidador. Hay que cuidarlo porque es muy duro”. En ese sentido, recalca que es consciente de que cambiar estos valores tradicionales es “complicadísimo”, pero que está “cambiando mucho la sociedad. Ya vale de que sea tan femenino este tipo de cuidados, que nos atañe a todos, a todas y que nos toca hacerlo. Creo que se ha avanzado bastante, se ha avanzado mucho, como con el cuidado de los hijos, y las leyes y la sociedad también han avanzado. Hay que seguir saliendo a pelear por todo eso, a reivindicarlo y que se vaya consiguiendo”.

De cara al futuro, Rosa pide que la ciencia avance y haya un diagnóstico más temprano y mejore la calidad de vida de quienes padecen la enfermedad de Alzheimer. Mientras tanto, mientras la ciencia y la sociedad avanzan para mejorar la vida de todos y todas en todas las esferas, una marea morada seguirá saliendo a las calles cada año para celebrar todos los pasos que se han dado hasta el momento y luchar por los que aún quedan por conseguir en pos de la igualdad, la corresponsabilidad y el reparto igualitario de tareas sin distinciones.