La salud integral se construye a tientas en Ruanda y de poco en poco. A pesar de que el país ha experimentado avances significativos en las últimas décadas, todavía persisten desafíos estructurales, como la malnutrición infantil –en especial, en menores de cinco años–, las dificultades en el acceso al agua potable y las desigualdades económicas –el 12% de la población se encuentra en situación de pobreza extrema y el resto cuentan con recursos limitados–. En este contexto, Medicusmundi es, desde hace 50 años, un aliado clave. La organización impulsa proyectos que combinan atención sanitaria, formación y fortalecimiento comunitario con el objetivo de construir un sistema más sólido y equitativo. Y entonces, ocurre la esperanza y la solidaridad que se lleva repitiendo durante medio siglo, pero también la consolidación de un pueblo que se esfuerza por perseverar.

En 2024, la asociación propulsó un proyecto a tres años con una amplia intervención, que cuenta con la financiación de Federación de Navarra de Municipios y Concejos –de la cual reciben una dotación de 318.000 euros– y del Ayuntamiento de Iruña –68.000 euros– y del Ayuntamiento de Zaragoza y que tiene como objetivo mejorar la salud integral, medioambiental y favorecer la inclusión social de más de 9.000 personas que viven en 12 comunidades vulnerables de los sectores de Kamubuga y Gashenyi. Para ello, realizaron una encuesta primera encuesta socioeconómica que les llevó a conocer cuáles eran las principales problemáticas de la población ruandesa –desnutrición, violencia de género, pobreza, etc.–. A partir de ese estudio, plantearon que los objetivos tenían que escindirse en dos: Por un lado, cuenta Natalia Herce, codirectora y responsable de Desarrollo Asociativo de Medicusmundi, “crear vínculos entre Navarra y Ruanda” y, por otro lado, “fortalecer el servicio de salud, luchar contra la violencia de género y fomentar el desarrollo local, sostenible e inclusivo” a través de la lucha contra la pobreza, la falta de agua y la malnutrición.

Desnutrición y grupos de mujeres

Tras observar que el 30,3% de los menores de cinco años se encuentran en situación de malnutrición o de conocer que el 37,3% de las mujeres del Distrito afirma haber sido víctimas de violencia física en algún momento de su vida, los objetivos fueron claros: “Reducir estos porcentajes en la medida de lo posible, y ya estamos viendo que se está consiguiendo”, afirma Herce. Pero para ello, primero tuvieron que identificar a un “enlace comunitario” –nueve mujeres y tres comunidades– para cada una de las comunidades con los que poder trabajar temas que aliviarían algunas de las problemáticas, como cuestiones de “higiene, liderazgo o resolución de conflictos”, entre otras. Y se pusieron manos a la obra. Desarrollaron huertos familiares, afianzaron las zonas en pendiente mediante la plantación de árboles, se centraron en temas de salud a través de centros de salud –muchos de ellos se encuentran demasiado lejos de las zonas donde viven muchas familias–, se colocaron letrinas en aquellas casas donde –por cuestiones económicas– no había antes, se ha implantado un modelo de educación alimentaria sostenible y se están trabajando cuestiones relacionadas con la desigualdad de género.

De hecho, entre sus actividades más brillantes destaca la creación de 48 grupos de ayuda mutua de mujeres, cuya intención fundamental era “generar ahorro y crédito dentro de cada grupo para que puedan adquirir pequeños préstamos para comprar semillas o animales y, así, obtener algún tipo de beneficio de lo que generen en el mercado”, explica. Pero, más allá de eso, las mujeres están “muy contentas y agradecidas” porque nunca hasta ese momento “habían podido conocerse entre ellas y generar tanto amistades como espacios de ocio que antes no tenían” explica.

Abastecimiento y salud integral

De esta forma, no solo ha habido una contribución a nivel económico, sino también en lo que se refiere a lo emocional. No obstante, también son claros los avances en compostaje, gestión de residuos y plantación de árboles –en concreto, 6.400 frutales y 10.000 no frutales– con el objetivo de afianzar la tierra en las zonas de colina. Asimismo, están en proceso de instalar cuatro sistemas de abastecimiento de agua –ya hay dos– para que la población no esté a más de quince minutos de obtener agua. “Por lo general, son los niños y niñas los que tienen que caminar muchos kilómetros para transportar litros de agua, y hay que intentar que eso se reduzca en la medida de lo posible”, apunta.

Pero nada de esto sería posible sin el equipo ruandés que sostiene el proyecto sobre el terreno. Medicusmundi trabaja siempre de la mano de profesionales locales –entre ellos, un médico, un acompañante especializado en violencia de género y un agente de salud comunitaria– que conocen de primera mano las realidades de Kamubuga y Gashenyi y acompañan a las comunidades en cada paso. Son ellos quienes garantizan que las acciones sean procesos sostenidos en el tiempo”. Porque la cooperación, insiste, no va de imponer, sino de reforzar capacidades existentes. De compromiso, de apoyo mutuo y de una solidaridad que, medio siglo después, sigue entendiendo que el acceso a la salud, al agua y a una vida digna no es solo una cuestión de ayuda, sino también de “justicia y caridad”, y de reconocer que la dignidad no entiende de fronteras.