“Del clima frío a la calidez humana”Cedida
Melbourne, 28 de febrero, es la 13:00, el avión toma velocidad en la pista, tanta, que hace un viaje en el tiempo. Veinte horas después, gracias a los husos horarios, aterrizamos en Puerto Montt, Chile, a las 17:00 de la tarde del mismo día. SERIE RUMBOS OLVIDADOS
Chile es el país más largo del mundo de norte a sur, 4.300km y su máxima anchura es 445km, con lo que decidir que parte del país pedalear, es difícil. Bajar a la Patagonia es atractivo, pero comienza el frío, la mitad superior es desértica, con lo que elegimos subir desde la región de los lagos hasta Concepción. El verano está terminando y confiamos que el clima sea benévolo, pero las conversaciones previas con chilenos no son nada esperanzadoras, “¡Uuh, allí en el sur llueve harto!”. Así que Chile nos recibe lloviendo y será la tónica general de nuestras etapas en el país.
Desde que salimos de Pamplona, salvo momentos puntuales, nos hemos comunicado en inglés, francés, portugués y ahora por fin el idioma nos da tregua y podemos entendernos a la perfección. Con ese acento característico, su amabilidad y sencillez, nos sentimos muy cerca de casa. Montamos las bicis en el salón minúsculo del alojamiento mientras llueve al otro lado del cristal. Por suerte, al día siguiente, para la foto inicial, el sol luce en el paseo marítimo de Puerto Montt, comienza el 4º rumbo, Bolivia.
Chile es caro, casi como Europa, acostumbrados a África, los precios nos resultan abusivos y tardamos en asumirlos. La compra del supermercado, la comida y sobre todo los alojamientos. Pero la balanza se compensa con la generosidad de su gente. El primer día, la tarjeta de teléfono no funciona, en un ultramarinos donde las venden, la señora que atiende, no sabe cómo darme solución, pero Héctor, un señor que pasa por ahí, sin conocernos, nos resuelve el problema. “Os compro un plan a mi nombre como si fuerais mis hijos”. Nos da un abrazo, nos desea buen viaje y en silencio se marcha sin cobrarnos. Nos ha regalado estar conectados, pero sobre todo una sonrisa y mucha energía para comenzar este nuevo continente, el quinto de rumbos olvidados.
Bomberos, primera experiencia, foto con los voluntarios de Renaico durante sus maniobras.
Nos marcamos la isla de Chiloé como primer destino, ese territorio fue la última posesión española en continente americano hasta que se incorporó a Chile. Una isla verde, con sus iglesias chilotas de madera patrimonio de la Unesco. Llegamos en ferry por el estrecho del Chacao y se desata la primera de las tormentas que viviremos. Peleamos contra un viento huracanado, la lluvia, los camiones y el frío. Llegamos a Ancud con ganas de sopa y cama. No estábamos preparados mentalmente y esa etapa se nos hace eterna.
Ahora sí, comienza la subida hasta Concepción.Si miramos al este, en días despejados, se atisba la cordillera, cumbres nevadas, en su mayoría volcanes. Con más de dos mil, es de los países que más tiene del mundo, 95 activos. Hace diez años, cerca de donde pasamos, el volcán Calbuco desalojó gran parte de la población y su nube llegó hasta Argentina. Esas serán nuestras vistas, desde las llanuras de cultivo y pasto, plagadas de pinos y eucaliptos que lo han invadido todo. De vez en cuando, pedaleábamos por pistas que aquí llaman ripio y con cientos de perros que cada día salían a nuestro encuentro. Hay muchos abandonados y otros tantos cuidando las parcelas. Casi todo está vallado y pertenece a alguien con lo que acampar en cualquier sitio no ha sido fácil.
En Chile, en la parte sur, para alojarte, sobre todo hay cabañas, equipadas con todo, acogedoras, pero caras. Las lluvias nos impiden acampar y terminamos durmiendo en muchas de ellas. A la semana de empezar llegamos a Fresia, un pueblo como cualquier otro, de casitas de una planta, con mucha leña apilada fuera para calentar durante el invierno, que como ellos dicen, dura de marzo a noviembre. Allí nos espera Pamela, que tiene las dos cabañas ocupadas, pero no duda en ofrecernos dormir en su casa, primero por poco, al final, a cambio de una tortilla de patata. Encontramos una amiga, la primera de muchas.
Comida, a lo largo del país hay muchos puestos de comida, aquí Pedro y Bernarda nos atienden.
Chile amanece tarde, acostumbrados a horarios solares donde la vida comienza temprano, aquí a las 10:00 en ocasiones los locales siguen cerrados. Eso sí, cuando abren, en cualquier lugar hay tiendas de comida, ultramarinos, negocios, si viajas en bici, abastecerte no es un problema y comer no es excesivamente caro. Durante el camino hemos disfrutado de su comida, del curanto, las cazuelas, las chorrillanas, los completos, los churrascos, su versión del sushi…Comen de plato, pero también mucha comida rápida. Recordamos con sonrisa el foodtruck de Luz, el del rojito con Pedro y Bernarda, la pastelería la Pascuala con Javi y Grise, todas ellas bonitas experiencias.
Hay una vía principal que es la ruta 5, que recorre más de 3.000km del país y que es parte de la panamericana que comienza en Alaska.El problema es que es de doble carril yla esquivamos lo más posible. Pedaleamos por secundarias, sin arcén en muchos casos y de ripio en ocasiones y aunque existe la ruta 5, todos los días el tráfico es intenso. Las cuentas no nos salen, en un país de 20 millones de habitantes, tan largo y donde la mayoría está en el trabajo, en las escuelas o en su casa, no entendemos la afluencia de camiones y coches constantemente que nos obliga a ir uno detrás de otro e intranquilos. En muchos países que hemos recorrido, en puntos concretos de la carretera se ven unas flores en recuerdo a un familiar o amigo que ha fallecido en ese lugar, pero aquí van más allá. Cada etapa encontramos decenas de altares, no se limitan a unas flores en un jarrón y una foto, llegan a construir pequeños panteones, escenarios con coches, camiones de juguete o en algunos casos hasta la bici, la moto o el coche del accidente. Aquí les llaman animitas.
Desde Fresia pasamos por Riachuelo, ahí dormimos en un campamento pensado para cicloviajeros, el refugio Kurileufun, pasamos una velada increíble con los dueños, dos venezolanas que viajan en bici con su perro y un chileno que más que viajar en bici, vuela. Siguiente etapa llegamos a La Unión y el dueño de las cabañas, Iván, un apicultor super humilde, nos invita a dormir y además nos entrevista para su programa dominical de radio donde cuenta historias de personas que se cruza en el camino. Y entonces llegamos a Valdivia, quizá la ciudad más lluviosa del país y paradójicamente tenemos tres días de sol. La ciudad sufrió en 1960 el mayor terremoto registrado y prácticamente toda es nueva. En ella confluyen cuatro ríos, el Callecalle, el Cruces, el Tornagaleones y el Angachilla. Es una ciudad fluvial, con humedales, grandes paseos y donde vemos leones marinos echando la siesta en las orillas.
Mapa del recorrido del trayecto.
El pronóstico amenaza y cumple con tormentas.Las etapas hasta Coñaripe, Villarrica y Temuco, las pasamos mojados y con frío. Lo bueno, que se ven mejor desde el interior de las cabañas en las que nos refugiamos, pero que nos impiden las vistas al Volcán Villarrica. “A partir de Temuco mejora”, pero no, las etapas hasta los Ángeles siguen sacando el chubasquero de nuestras alforjas, además el cambio de temperaturas hace que cada día cambiemos el vestuario varias veces. Vivimos las cuatro estaciones muchas veces todas las etapas. Conforme subimos al norte, debería hacer más calor, pero cada vez las mañanas son más frías, amanecemos a 4º varios días y entre las lluvias y el frío, terminamos enfermando los dos. Primera vez en el viaje, aunque no dejamos de pedalear y nuestro cuerpo nos pide vacaciones que no le concedemos. Lo bueno es que encontramos lugares donde alojarnos, protegernos y encima gratis. Son los parques de bomberos. Chile, probablemente, es el país que más parques de bomberos tiene del mundo, más de 50.000. Es un sistema de compañías voluntarias y cada pueblo tiene uno o más. Es parte de la tradición, casi toda la comunidad tienen relación con su parque, en ellos ves generaciones, madres, hijos que se acercan a hacer la guardia. Están muy bien dotados, cada voluntario tiene sus trajes de intervención, rescate o forestal, con formaciones permanentes a las que acuden semanalmente. No creo que haya tanta pasión e ilusión por esta profesión en otro lugar del mundo. El gobierno lo sabe y se aprovecha de ello. Entre camiones donados por otros países, que los trajes se los compran los voluntarios, el gobierno sólo suministra algunos empleados y algunos camiones, pero el ahorro es inmenso y sin embargo la red de seguridad es incuantificable. Para hacernos una idea, España, con más del doble de la población, no llega a 1.000 parques de bomberos. A lo largo de Chile hemos dormido en tres parques, Renaico, Yungay y Florida, en todos nos han acogido sin dudarlo, brindado un cuarto y sobre todo cariño. Hacía meses que tenía mi profesión almacenada en el recuerdo, dormida y aquí ha despertado viendo la ilusión con la que los voluntarios hacen maniobras cada tarde y me muestran su ropa y los camiones. Soy bombero, orgulloso de ello y aunque me queda mucho para regresar a mi parque, admito que tengo ganas de trabajar junto a mis compañeros a los que echo de menos.
Nos costó 18 etapas y 1.200km llegar desde Puerto Montt hasta Palomares y ahí nos esperaba otra experiencia humana maravillosa. Jessica, amiga de Pamela, la mujer de Fresia, nos abre las puertas de su casa sin conocernos, nos ofrece el cuarto de su hijo al que desplazamos y nos trata como si fuéramos familia. Dos días que compartimos con sus amigos, sobre todo hablando de la vida, del mundo revuelto que nos están dejando ciertos políticos. La noche antes de marcharnos nos despedimos con un once, especie de comida ligera que hacen a la tarde, pero de ligera no tiene nada, churrascos, salchipapas y nuestras tortillas de patata. En Palomares dejamos una familia que se ha construido en dos días, a las 4:00 de la madrugada nos llevan al aeropuerto para volar hasta Calama, Chile es muy grande y necesitamos avanzar.
Hospitalidad, en casa de Pamela antes de arrancar la etapa en Fresia.
Con lo que nos queda el epílogo de un país que hasta el momento ha sido verde y lluvioso y de repente aterrizamos en Marte. Es una de las ciudades más secas del mundo, motor económico del país y la puerta al desierto de Atacama. Christian nos recoge del aeropuerto y Andrés nos arregla las bicis, todo gratis, por la causa y comenzamos a ver con ojos ajenos la labor que estamos haciendo y empezando a valorarla. La última etapa chilena es la más dura, 100km y un paso a 3.426 metros de altitud que nos anticipa lo que está por venir.La puna andina nos golpea y convierte una ascensión aparentemente sencilla al alto de la Loa, en diez horas épicas hasta San Pedro de Atacama. Rectas interminables de tierra rojiza y con vistas a montañas de más de 6.000 metros para decir hasta siempre y millones de gracias, Chile.
EL APUNTE: HISTORIA
Traición. Relativamente cerca de donde pasamos con la bici, en el siglo XVI nació y murió Lautaro, un Mapuche que a los 11 años fue secuestrado por el ejército español de Pedro Valdivia. Crecer viendo las atrocidades con las poblaciones indígenas concluyó con la huida del adolescente. El tiempo cautivo lo utilizó en contra de los españoles al conocer sus debilidades y primero acabó con Valdivia y después empequeñeció a las huestes hispanas en decenas batallas contra los hermanos Villagra. Hasta que una traición desveló su campamento y Francisco de Villagra con su ejército y 400 Yanacoas acabaron en el Río Mataquito con el líder a la edad de 23 años. La cabeza del joven,que en cinco años sonrojó al Imperio español, acabó expuesta en la plaza de armas de Santiago.
PARA SABER MÁS
Si queréis seguir este viaje solidario podéis hacerlo en rumbosolvidados.com
Para colaborar y conocer todos los proyectos que hemos hecho podéis entrar en yoslocuento.org