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Xabier de Frutos: el gudari asesinado en Madrid que ya tiene su tropezón en Pamplona

Sus sobrinos Ion de la Riva y Ainhoa Careaga han colocado el tropezón en el número 11 de la Avenida Baja Navarra en el que vivió

Fotos de la colocación de un tropezón en honor a Xabier de FrutosPatxi Cascante

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Casi nueve décadas después de su muerte en la Guerra Civil, Xabier de Frutos ha vuelto simbólicamente a casa. Este sábado, sus sobrinos, Ion de la Riva y Ainhoa Careaga, han colocado un “tropezón” —una placa de memoria en el suelo— en el número 11 de la avenida Baja Navarra, el lugar donde vivió. “Aquí vivía Xabier de Frutos, muerto en defensa de la República”, recuerda el homenaje.

Nacido en Pamplona el 3 de julio de 1909, Xabier de Frutos fue una figura destacada en la vida cultural y deportiva de la ciudad en los años previos a la guerra. Funcionario de la Diputación y estudiante de Derecho —aspiraba a ser diplomático—, destacó también por su inquietud artística: tocaba el txistu y el piano, pintaba, diseñaba carteles y colaboraba en iniciativas culturales.

Fue además impulsor del deporte popular y fundador del Club Natación Pamplona, del que fue su primer presidente. Su compromiso político se situaba en la izquierda republicana, participando en publicaciones progresistas y movimientos vinculados al ámbito obrero.

Procedía de una familia acomodada y activa en la vida cultural pamplonesa, pero una estafa previa a la guerra provocó su ruina económica y obligó a trasladarse a Madrid en busca de justicia.

De Barcelona al frente de Madrid

En julio de 1936, De Frutos se encontraba en Barcelona como parte del Comité Navarro Pro Olimpiada Popular. El golpe de Estado le sorprendió allí y decidió alistarse en las milicias republicanas. Participó en diversas operaciones, incluida la fallida expedición a Baleares, antes de incorporarse a la defensa de Madrid.

En la capital, sitiada por las tropas franquistas, combatió en el frente de la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria. Allí murió en un día sin determinar de noviembre de 1936, con apenas 27 años. Sus restos nunca fueron recuperados.

Una memoria silenciada

Como tantos otros jóvenes de su generación, su historia quedó relegada al olvido durante décadas. Su madre lo buscó sin éxito en hospitales y cementerios antes de que la familia se exiliara en Francia, marcada por el dolor de la pérdida.

Hoy, el gesto de sus sobrinos devuelve su nombre al espacio público y lo integra en un movimiento más amplio de recuperación de la memoria histórica en Navarra. El acto, cargado de emoción, sirvió para “cerrar un círculo” familiar y recuperar la memoria de un joven gudari cuya vida quedó truncada por la guerra y el posterior silencio de la dictadura. La ceremonia concluyó con un aurresku interpretado por Itziar González Zudaire, acompañado por la música de Kepa Vales.

Noventa años después, Pamplona recuerda así no solo a Xabier de Frutos, sino a toda una generación que defendió la legalidad republicana y cuya memoria comienza, poco a poco, a ocupar el lugar que le fue negado.