Xabier de Frutos: el gudari asesinado en Madrid que ya tiene su tropezón en Pamplona
Sus sobrinos Ion de la Riva y Ainhoa Careaga han colocado el tropezón en el número 11 de la Avenida Baja Navarra en el que vivió
Casi nueve décadas después de su muerte en la Guerra Civil, Xabier de Frutos ha vuelto simbólicamente a casa. Este sábado, sus sobrinos, Ion de la Riva y Ainhoa Careaga, han colocado un “tropezón” —una placa de memoria en el suelo— en el número 11 de la avenida Baja Navarra, el lugar donde vivió. “Aquí vivía Xabier de Frutos, muerto en defensa de la República”, recuerda el homenaje.
El acto, cargado de emoción, sirvió para “cerrar un círculo” familiar y recuperar la memoria de un joven cuya vida quedó truncada por la guerra y por el posterior silencio de la dictadura.
Antes de convertirse en un nombre ausente, Xabier de Frutos fue un joven profundamente implicado en la vida cultural y deportiva de la ciudad. Nacido en Pamplona el 3 de julio de 1909, creció en el seno de una familia liberal y acomodada, vinculada a los círculos culturales locales como el Ateneo Navarro, el Orfeón o el teatro.
Funcionario de la Diputación y estudiante de Derecho, aspiraba a hacer la carrera diplomática. Pero su inquietud iba mucho más allá de lo académico: tocaba el txistu y el piano, pintaba, diseñaba carteles y caricaturas y participaba activamente en el debate cultural de su tiempo.
También dejó huella en el ámbito deportivo: fue impulsor del deporte popular y fundador del Club Natación, del que se convirtió en su primer presidente. Su perfil, como recuerdan sus familiares, responde al de una generación inquieta, formada y comprometida.
En paralelo, se movía en los círculos de sociabilidad juvenil propios de la Pamplona de los años treinta, participando en tertulias, proyectos editoriales e iniciativas que buscaban modernizar la vida social de la ciudad. Esa combinación de inquietud intelectual, compromiso político y vocación pública define a toda una generación cuyas expectativas quedaron truncadas con el estallido de la guerra.
Ese equilibrio se rompió incluso antes del conflicto. Una estafa que afectó a su familia provocó su ruina económica y les obligó a trasladarse a Madrid en busca de justicia.
El paso a la acción en 1936
El verano de 1936 cambió definitivamente su vida. Xabier se encontraba en Barcelona como parte del comité navarro Pro Olimpiada Popular cuando estalló el golpe de Estado. No tuvo dudas. “Mi tío abuelo pasó a la acción”, explicó Ainhoa Careaga durante el homenaje. “Se alistó a las milicias populares, participó en la intentona de liberar las Baleares y se unió a la defensa de Madrid, donde formó parte de las milicias antifascistas vascas”.
Aquel paso no fue excepcional en su trayectoria, sino coherente con ella. “Xabier perdió la vida muy pronto, sí. Pero vivió una vida guiada por sus ideales y esas vidas siempre merecen la pena”, añadió su sobrina nieta.
En el Madrid sitiado, combatió en el frente de la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria. Murió un día sin determinar de noviembre de 1936, con apenas 28 años. Sus restos nunca fueron recuperados.
El silencio y la búsqueda
Tras su muerte comenzó otra aflicción: la del vacío. Su madre lo buscó en hospitales y cementerios sin éxito. El dolor marcó a la familia, que acabaría exiliándose en Francia. Como tantas otras, su historia quedó enterrada bajo décadas de dictadura y silencio.
Pero la memoria, incluso fragmentada, encuentra formas de sobrevivir. En este caso, a través de conversaciones familiares que, muchos años después, reabrieron el relato. “Un día, hablando en casa Ion y yo, me di cuenta de que no tenía mucho conocimiento de mi propia familia”, relató Careaga.
Aquella inquietud prendió en su primo. “A partir de esas preguntas que me hacía Ainhoa, se me despertaron las ganas de descubrir más cosas sobre mis abuelos”, explicó Ion de la Riva. “Lo que empezó como una conversación inocente acabó con viajes y con mucha investigación para saber quiénes éramos”. El resultado fue un proceso de reconstrucción que cristalizó en el libro Doble Fondo, definido por su autor como “un viaje interior” que le llevó a descubrir sus orígenes.
“Esa historia la ha compartido con el resto de la familia”, añadió Careaga. “Nos hemos sentido muy orgullosos y honrados de conocer quiénes eran nuestros antepasados y lo que hicieron por este país y por las libertades. Es muy enriquecedor conocer el coraje y la valentía con la que lucharon por la República y por sus valores”.
Tres generaciones unidas
El acto en Iruña no fue solo un homenaje: fue también un reencuentro. Tres generaciones de la familia se reunieron en torno a la memoria de Xabier. Estuvieron presentes Ainhoa Careaga, sobrina nieta; su hermana Alba Careaga, también sobrina nieta; Ion de la Riva, sobrino; y Milo Careaga, hijo de Alba y sobrino bisnieto.
“Noventa años después de su fallecimiento, nos hemos dado cita en Iruña tres generaciones para honrar a Xabier”, explicó Ainhoa Careaga. Llegaron desde distintos puntos –Portugal, Donostia y Marruecos– para compartir un mismo momento. Entre ellos estaba el más joven de la familia, Milo, de apenas seis meses. “Algún día le enseñaremos las fotos de este acto y le contaremos quién fue Xabier”, remarcó con emoción.
Para Ion de la Riva, el significado del momento es profundo. “Nos encontramos aquí muchos años después de aquella primera conversación en la que empezamos a reflexionar sobre nuestro abuelo. Es emocionante cerrar este círculo casi 90 años después de su fallecimiento y poder honrar su memoria, que sigue más viva que nunca”.
Memoria en presente
El homenaje se enmarca en las iniciativas impulsadas por la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra AFFNa 1936, que trabajan por recuperar la memoria de las víctimas de la represión.
“En los tiempos tan convulsos que vivimos, en los que todo parece tambalearse mientras la mayoría permanece impasible, creo más necesario que nunca celebrar actos como este, en los que se recuerde y se honre a quienes no miraron a otra parte”, reflexionó Careaga.
Más allá del ámbito familiar, la colocación del tropezón se inscribe en un proceso más amplio de recuperación de la memoria democrática en Navarra, que en los últimos años está devolviendo nombres, historias y contextos a quienes fueron silenciados. Estos pequeños gestos en las calles –discretos pero permanentes– convierten el espacio cotidiano en un lugar de recuerdo y reflexión compartida.
Noventa años después, Pamplona no solo recuerda a Xabier de Frutos, sino a toda una generación que defendió la legalidad y los valores republicanos. Y lo hace devolviéndoles, al fin, un lugar visible en la memoria colectiva.
Temas
Más en Sociedad
-
Los MIR amenazan con una huelga indefinida en septiembre si no mejoran sus condiciones laborales
-
Domínguez trabaja para reducir los contratos sin soporte en Salud
-
4.146 estudiantes realizarán del 2 al 4 de junio en la UPNA las pruebas de acceso a la universidad
-
Tomás Zambrano y Noelia Barea, ganadores del Campeonato de Coctelería de Navarra