Al principio, todo era normal. Parecía que ella era la única, la preferida. Estaba feliz. Sin embargo, la relación que Lucía (nombre ficticio), una mujer con discapacidad, tenía con el padre de sus hijas se fue volviendo oscura, destructiva y violenta. 

Comenzó por el control. “No me dejaba llamar por teléfono, miraba las facturas de mi móvil para ver con qué números hablaba y no me dejaba salir”, cuenta. Después, la dependencia económica. “Yo trabajaba como ama de casa, cuidando de mis dos hijas, que eran muy pequeñas”, relata. En un inicio “parecía una suerte poder pasar tiempo con ellas”, pero cuando perdió la capacidad de decidir por sí misma porque no disponía de su propio dinero, su suerte se convirtió en sometimiento. 

“No me dejaba entrar ni salir, no podía trabajar, me obligaba a estar en casa, así que era imposible que pudiera irme a vivir a otro lugar, porque no tenía nada”, lamenta. Lucía lleva treinta años en el país, pero solo tiene “siete trabajados”, en su caso, no por una falta de formación. “Tengo el título de maestra, pero no podía trabajar por su culpa”, se entristece.

Esta dura situación empeoró sus síntomas. “Tengo migrañas y fibromialgia, y esto me provocó mucha ansiedad, estrés, depresión y fatiga”, recuerda con dolor. Durante ese periodo, la salud de Lucía empeoró crónicamente y, además ese deterioro físico, tuvo que aguantar “cosas terribles, incluso una violación”, se atreve a revelar. 

"Aguanté cosas terribles, incluso una violación"

Lucía (nombre ficticio) - Mujer con discapacidad y víctima de violencia de género

Sus amigas, que solían visitarla, le advertían de que su pareja le estaba acorralando. Pero ella temía por su vida, la de sus hijas y la de su familia, y no conocía los recursos. “No sabía a quién acudir, me daba miedo que nadie me creyera”, dice. Finalmente, alentada por su madre, su hermana y su prima, Lucía se atrevió a denunciar y su vida recuperó el brillo que merecía. 

Se topó con el programa Mujeres modo ON donde, agradece, “me trataron con un cariño y un afecto increíbles”. Accedió a un trabajo en el que celebra sentirse “como en casa” –a veces quiere trabajar incluso los días festivos– y ahora tiene control sobre su dinero y su vida. A las mujeres con discapacidad que se encuentren en su situación, ella les aconseja que “todavía hay buenas personas que estarán dispuestas a ayudaros”.