Nos recibe Iker Zabaleta, hermano de Aitor, en el restaurante familiar Aratz en Donostia, que regentan los Zabaleta desde hace décadas. El asador luce una decoración especial, después de la victoria de la Real en Sevilla. Banderas de la Real y un pequeño busto con un mensaje tallado: "Aitor Zabaleta, beti gurekin".
El nombre de Aitor Zabaleta ha estado en boca de toda la afición txuri-urdin en los últimos días. Su legado ha acompañado a club y afición hasta Sevilla. La hinchada txuri-urdin lució un espectacular tifo con el rostro de Aitor, y los jugadores, al terminar el encuentro, ondearon la camiseta del número 12 con su nombre. En Sevilla, todo el mundo se acordó de él. Miles de aficionados hicieron honor a su figura portando el sombrero que le caracterizaba. La hinchada, que en Anoeta se coloca en la grada de animación que lleva su nombre, corea en todos los partidos su nombre, para que no caiga en el olvido.
A pocos metros de donde hacemos la entrevista, se encuentra la placa en homenaje a Aitor, que desde el día de su asesinato, recuerda la figura del aficionado, que ya es eterno y se ha convertido en buque insignia de todo el sentimiento realzale y de Gipuzkoa.
Aitor Zabaleta siempre ha estado presente y siempre lo estará. La afición y el club han llevado en volandas el nombre de Aitor desde el primer momento hasta la final. El partido en Sevilla fue la gloria para Gipuzkoa y también para Aitor. Esta copa va por él.
Su hermano, Iker Zabaleta, cuenta cómo vivieron como familia los días previos y la final, y agradece todo el cariño que han recibido siempre desde todos los sectores del sentimiento txuri-urdin.
Antes de empezar, ¿Cómo esta la familia después de tanta emoción?
Molidos. Han sido días de muchos sentimientos y de celebración. Estamos cansados pero muy contentos por cómo acabó todo y por haber conseguido el título.
La familia viajó a Sevilla, ¿verdad?
Yo me quedé aquí y lo celebré con los amigos, pero mi hermano, mi hija y mi sobrina fueron a Sevilla.
Una final muy emotiva.
Una pasada. También fue larga (risas). Todo venía de días atrás. La previa fue muy emotiva, la concienciación de toda la afición. Y luego muchos nervios. Teníamos ese peso encima, por Aitor. Tenía que suceder el milagro, porque ellos venían muy bien y eran favoritos. Era un final muy complicada pero al final todo salió genial.
Aitor ha estado presente desde el primer momento en esta final.
Sí. Aitor siempre está ahí y se ha convertido en el grito de animación de todos. En este caso, ha sido especial. Todo aficionado realista tenía un lastre, te diría que cualquier aficionado del fútbol. Aunque la herida sigue abierta, con esta final nos hemos quitado una mochila de encima, un peso que llevábamos todos.
Era el mejor regalo que se le podía hacer a Aitor.
Ha sido la guinda del pastel, de todo el trabajo que ha hecho el equipo desde hace años para conseguir el título. Y a la afición también no se le puede pedir más. La movilización de gente de Gipuzkoa a Sevilla ha sido una locura. Hay que tener en cuenta que nosotros teníamos el doble de trayecto y que solo la población de Madrid ya iguala a la de toda Euskadi.
La comunión entre jugadores y afición por la figura de Aitor se vio reflejada en la Cartuja.
La motivación era especial. En un día tan importante para el club, el empuje de la afición fue fundamental. La losa de Aitor la tenemos todos, jugadores y aficionados, y eso se vio reflejado en el campo.
A todo el mundo al que preguntabas en Sevilla por el partido, te respondía que esta final era por Aitor.
Como he dicho siempre, Aitor somos todos. Aitor era un aficionado más y le podía haber pasado a cualquiera. Una persona que tenía una gran pasión por los colores, por el equipo y por Gipuzkoa, que siempre apoyaba al equipo allá donde jugara. Otros clubes y otros aficionados también han vivido lo que le ocurrió a Aitor, y para los seguidores vascos en general, viajar a otras ciudades para apoyar al club siempre ha sido algo para andar con pies de plomo. De hecho, por eso tenemos el apoyo de otros clubes vascos, porque ellos también han vivido ese ataque, ese desprecio y esa inseguridad a la hora de viajar lejos de casa.
Y más en esta final si cabe. Había temor en la afición txuri-urdin y ya se vivieron, por parte de cierto sector de la afición rival, cánticos contra Aitor.
Son cosas que no puedes evitar. La gente del Atlético de Madrid está harta de estos sectores, porque dañan la imagen del club y del aficionado. Son los primeros que están hasta las narices de esta gente. Me quedo con lo bueno. Todo lo que he podido leer, en redes sociales y demás, han sido buenas palabras hacia Aitor, desde las dos aficiones. A la nuestra, poco más se le puedo pedir. Hemos demostrado lo que somos y lo que seguiremos siendo. No se puede agradecer todo ese cariño.
Cuando acabó el partido, unos niños se acercaron a la placa de Aitor en Ibaeta y le dedicaron la victoria. Hasta los más txikis tienen esa conciencia.
Otro motivo más que nos hizo llorar (risas). Han sido días de muchos lloros, alegría, pasión y emoción. La cercanía que hemos sentido ha sido increíble, desde siempre. Al final, somos una familia muy unida, pero a veces no es suficiente, y sentir el calor de toda Gipuzkoa es algo que no se puede describir con palabras.
Aitor también hubiera disfrutado del triunfo como un niño.
Seguro. Él vivía con mucha intensidad el sentimiento hacia la Real. Era muy apasionado y seguro que hubiera viajado para vivir la final con todos sus amigos y familia.