La familia de Jon Sustacha, tras la confirmación de su fallecimiento: "Estamos desolados"
Los familiares del ingeniero bilbaino también critican la gestión de las autoridades venezolanas: "Los accidentes naturales pasan, pero no tener un país equipado, ofrecer atención temprana o bloquear la entrada de muchos rescatistas extranjeros sí es responsabilidad del Gobierno venezolano"
“Desolación”. La palabra resume el sentir de la familia Sustacha al confirmar que rescatistas han localizado el cuerpo sin vida del empresario bilbaino atrapado bajo las ruinas de su edificio de La Guaira tras el doble terremoto sufrido el pasado miércoles. El hijo del vizcaino afincado en el país americano, Esteban Sustacha, relata a este periódico que junto a él estaba uno de los dos perros del matrimonio, Brunito, que ha salido con vida. “Cerca de donde se escuchaban sus ladridos también se oían peticiones de ayuda dando patadas a las paredes. Posiblemente podría ser mi padre. Certezas al ciento por cien no tenemos, porque por desgracia había más personas, pero es posiblemente que sí por la cercanía. Ayer –por el sábado– se dejaron de escuchar las patadas. Hasta que ayer se dejaron de escuchar esos golpes”, atestigua roto de dolor por perder a un pilar de su vida y tras aguantar la tensión desde Canadá, donde reside a esperas de poder volar el miércoles próximo –“no hay billetes antes”– a Venezuela.
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“Estamos desolados. Uno se imagina todo lo que pasa una persona como él en las horas de angustia ahí encerrado. Lo que piensas, lo que vives. No llegó a recibir hidratación ni su medicación de hipertensión”, comunica su familiar Daniela Mendes, y va un paso más allá: “Además sobre este edificio, Los Corsarios, cayó otro que se desmoronó no hacia abajo, sino hacia un lado”.
Daniela aclara además que el perro que logró sobrevivir fue Bruno, cuyos ladridos alimentaron durante horas la esperanza de que Jon siguiera con vida. La otra mascota del matrimonio, Argi, fue encontrada muerta entre los escombros. “Ellos tenían dos perros actualmente. Lo que pasa es que Roxana es amante de los animales y siempre rescataba perros de la calle”, explica.
La confirmación del fallecimiento pone fin a varios días de incertidumbre en los que la familia se aferró a cualquier señal de vida. Durante horas confiaron en que los golpes que se escuchaban desde el interior del edificio correspondieran a Jon. También mantuvieron la esperanza gracias a los ladridos del can, localizado con vida junto a la zona en la que se oían las peticiones de auxilio. Sin embargo, el silencio acabó imponiéndose antes de que los equipos de rescate pudieran llegar hasta él.
La familia lamenta que la reacción oficial sobre el terreno haya llegado tres días después del doble seísmo y las réplicas sufridas. “Estamos muy afectados. Teníamos la ilusión de que la persona que pateara fuera Jon, que estuviera con vida, pero finalmente no fue así, lamentablemente”.
La esposa de Jon logró salvar su vida
La tragedia pudo ser aún mayor para la familia. La esposa de Jon, Roxana Meneses, logró salvar la vida porque en el momento del terremoto había salido del edificio junto a un sobrino para visitar a un familiar. El seísmo les sorprendió dentro del vehículo. Jon, en cambio, permanecía en la vivienda junto a sus perros. Roxana, amante de los animales, llevaba años rescatando perros abandonados.
La muerte de Jon Sustacha pone fin también al sueño que llevaba años preparando junto a Roxana: regresar a Euskadi para disfrutar de su jubilación. Ingeniero mecánico bilbaino de 69 años, había desarrollado una dilatada trayectoria profesional en Venezuela, donde dirigió una importante empresa de climatización industrial que llegó a emplear a 150 personas y participó en proyectos tan singulares como la instalación de sistemas de aire acondicionado en submarinos. Era un profesional respetado y admirado por su ética y capacidad de trabajo.
Pero quienes mejor le conocían destacan, sobre todo, su calidad humana. Su hijo, Esteban, lo define como “una persona maravillosa”, el ejemplo de hombre y de ciudadano que siempre quiso seguir. “Ha sido mi modelo a seguir. Le diría que lo amo, lo abrazaría y lo besaría”, confesó al recordar lo que le habría dicho si hubiera podido volver a verlo con vida. Lo recuerda jocoso, cariñoso, cálido, siempre con una sonrisa y dispuesto a ayudar a los demás. Le apasionaba cocinar para la familia y disfrutaba preparando bacalao al pil-pil, croquetas o paellas, convirtiéndose en un auténtico embajador de la gastronomía vasca entre sus allegados en Venezuela.
Intención de volver a Euskadi
Nacido en Bilbao, nunca perdió el vínculo con sus raíces. Según relata Esteban, siempre hablaba con orgullo del País Vasco, viajaba con frecuencia y trató de transmitirle ese sentimiento desde niño. Compartía expresiones en euskera con la familia y había comprado recientemente una vivienda en Bizkaia, que permanecía alquilada mientras ultimaba su regreso definitivo. El plan era instalarse este mismo año junto a Roxana y pasar allí los últimos años de su vida.
La familia guarda con especial cariño el último gran encuentro que compartieron. Fue el año pasado en Canadá, durante el bautizo de Patricia Rose, la primera nieta de Jon. Esteban consiguió reunir allí a toda la familia. “Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Cómo disfrutó y cómo disfrutamos. Fue no parar de planear todo lo bonito que nos quedaba por hacer”, recuerda. La última conversación entre padre e hijo fue una larga videollamada con motivo del Día del Padre en Venezuela. Jon se alegró especialmente al comprobar que Esteban seguía utilizando unas gafas que él mismo le había regalado. “Eso le hizo mucha ilusión”, rememora. Ambos habían prometido reunirse las próximas Navidades en Bilbao.
La noticia del hallazgo del cuerpo llegó a la familia residente en el extranjero entre las 18.30 y las 19.00 horas, aproximadamente, según explica Daniela, aunque reconoce que resulta imposible precisar el momento exacto por los continuos problemas en las comunicaciones con Venezuela. “La señal es muy mala y no sé si se comunicaron inmediatamente con nosotros”, comenta.
Dificultades para movilizar equipos de rescate
La familiar también denuncia las dificultades que, a su juicio, existieron para movilizar equipos de rescate y maquinaria pesada. “Encontrar rescatistas y maquinaria fue muy complicado. La burocracia en Venezuela siempre juega en contra y no te sabría decir qué cuerpo fue el que trabajó exactamente. Nuestra comunicación con los familiares en Venezuela es muy concisa, precaria y al grano”, lamenta.
La incertidumbre continúa ahora con los trámites para recuperar el cuerpo. “Por noticias de redes sociales y otros familiares de víctimas nos hemos enterado de que las morgues están colapsadas y he leído que incluso piden dinero a los familiares para entregarles el cuerpo. No sé si es verdad, pero no me extrañaría porque ha pasado en otras oportunidades. No sabemos qué pasará ahora, pero esperamos poder darle santa sepultura”, afirma.
Por último, Daniela quiso trasladar a este periódico una reflexión personal sobre la gestión de la tragedia. “Queremos que quede claro que las autoridades venezolanas actuaron tarde. Los accidentes naturales pasan, pero no tener un país equipado, ofrecer atención temprana, construir edificios bajo normativas antisísmicas, bloquear la entrada de muchos rescatistas extranjeros e incluso prohibir la llegada a La Guaira de paramédicos procedentes de Caracas sí es responsabilidad del Gobierno venezolano”, sostiene. “Llevamos 27 años viendo esta forma de actuar”, concluye.
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