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Jóvenes extranjeros con ascendencia navarra: “Nuestra abuela se enorgullecía de sus raíces y nos hablaba en euskera”

Han visitado los lugares en los que crecieron sus abuelos y piensan en regresar a la tierra

Jóvenes extranjeros con ascendencia navarra: “Nuestra abuela se enorgullecía de sus raíces y nos hablaba en euskera”

Para muchos, se trataba de la primera vez que conectaban con sus raíces y, sin embargo, el orgullo les invadió el alma. Jean Pierre Etcheverry, Mika Espinal, Mikela y Saioa Iturriria, Maria Emilia Roma y Lucas Gabriel Cola Patron, siete de los 52 jóvenes que durante estas semanas visitarán la Comunidad Foral, llevan varios días “muy emocionados” por poder ver a través de sus ojos los paisajes de los que un día les hablaron sus abuelos.

“Es una alegría inmensa y nos resulta indescriptible poder estar en el lugar de los hechos y vivirlo, ojalá, con la misma emoción que nuestros antepasados y, quién sabe si en algún momento regresar”, apuntó Lucas Gabriel, natural de Uruguay. Por su parte, Emilia, cuyo abuelo emigró en 1925 desde Burguete hasta Buenos Aires en busca de una vida mejor, mencionó que en el centro vasco, procuran conectar con su cultura y sus raíces, pero aquí “el vínculo se vuelve todavía más fuerte porque conocemos de dónde vienen. Estamos en sus casas. Nos está encantando la visita y queremos ver todo”, dijo.

Mika Espinal, Mikaela y Saioa Iturriria y Jean Pierre Etcheverry.

Por otro lado, los abuelos y abuelas de Jean Pierre, Mika, Mikaela y Saioa tuvieron que viajar hasta Canadá y Estados Unidos en busca de un lugar donde obtener algún tipo de oportunidad laboral y se quedaron con la pena de abandonar su hogar, pero, desde entonces, no dejan de hablar de su tierra, de aquellos días donde se percataron de que, aunque se fueran lejos, su corazón seguiría en Navarra.

“Ella se sentía muy orgullosa de sus raíces y de su cultura. De hecho, estuvo muchos años hablándonos en euskera, comentó Saioa. Por su parte, Jean Pierre añadió que su amatxi está muy orgullosa de ser navarra, pero se lamenta de no saber euskera porque “le tocó vivir la época de Franco. Eso no le impidió que cuando llegó a California conociera estuviera en contacto con su lengua”. Y, por supuesto, les contagiara a todos sus descendientes el amor por su tierra.