El blanco y rojo toma Pamplona antes del chupinazo
La cuenta atrás para los Sanfermines se refleja en los comercios, donde la ropa blanca y el pañuelo rojo protagonizan las compras de última hora
Pamplona ya se viste de blanco y rojo, una señal inequívoca de que los Sanfermines están a la vuelta de la esquina. Basta con pasear por sus calles para comprobar cómo los escaparates de todo tipo de comercios se tiñen de la característica marea rojiblanca: camisas, pantalones, fajas, pañuelos, complementos e incluso lencería ocupan un lugar protagonista.
La ciudad comienza a transformarse mucho antes del chupinazo, que el 6 de julio a mediodía da inicio a las fiestas, y son precisamente las tiendas las que reflejan el comienzo de la cuenta atrás. Porque si hay algo que simboliza la identidad de estas fiestas es su indumentaria, ese uniforme no escrito que durante nueve días inunda Pamplona.
En la capital navarra, vestir de blanco no responde únicamente a una elección estética, sino que simboliza el sentimiento de pertenencia a una de las fiestas más universales.
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Una tradición que se consolidó en los años setenta
La concejala de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Pamplona, Maider Beloki, señala que una de las hipótesis más extendidas sitúa el origen de la indumentaria en los dantzaris.
"La indumentaria de blanco y rojo viene de los dantzaris. Es una adaptación, una simplificación de su traje", explica. Otra versión atribuye la popularización de este atuendo a los miembros de la peña La Veleta, muchos de ellos pintores, que comenzaron a vestir de blanco durante las fiestas.
Lo cierto es que la imagen que hoy identifica a los Sanfermines no siempre fue la habitual. Hasta bien entrado el siglo XX era frecuente acudir a las celebraciones con la ropa de diario y no fue hasta finales de los años setenta cuando el blanco y rojo terminaron por consolidarse como la vestimenta colectiva.
"En aquel momento fue cuando la ciudadanía empezó de forma masiva a vestirse de blanco y rojo", recuerda Beloki, quien destaca que incluso quienes visitan la ciudad consideran inconcebible vivir las fiestas sin ese atuendo.
Esa tradición marca el ritmo de numerosos comercios. Silvia Patús, responsable de Silvia IN SETA, asegura que el requisito imprescindible para sus clientes es que la ropa sea "blanco impoluto".
Las dos semanas previas al chupinazo concentran la mayor actividad comercial, cuando pamploneses y visitantes realizan las compras de última hora. Junto a la ropa, los complementos también cobran protagonismo: broches, pulseras, pins o piezas elaboradas por artesanos locales.
La tradición incorpora nuevos detalles sin perder su esencia
La personalización también ha ganado terreno. En Turismo Estafeta, Montse y Jorgelina han comprobado cómo los pañuelos han dejado de ser un simple recuerdo para convertirse en piezas únicas, con nombres bordados, escudos, dibujos de cabezudos o diseños personalizados.
En la Tienda Zarranz, con ocho décadas de historia, también han observado cambios en las preferencias de los clientes. Su responsable, Irene, explica que cada vez se demandan "prendas más ligeras y cómodas", sin renunciar a la calidad.
Incluso han surgido pequeñas innovaciones, como el uso de ropa interior roja para evitar transparencias bajo las prendas blancas, un detalle que muchos incorporan sin alterar la imagen tradicional. En Amaia Mercería Lencería aseguran que esta prenda puede aportar un "toque" al conjunto festivo.
Para Maider Beloki, todo forma parte de un mismo ritual que comienza al sacar del armario la ropa blanca y culmina con la colocación del pañuelo rojo tras el chupinazo.
Es el gesto que da inicio a nueve días de fiesta en los que miles de personas, tanto pamploneses como visitantes, comparten una misma identidad.
Porque las tiendas no solo venden ropa: ofrecen la posibilidad de formar parte de una tradición centenaria en la que el blanco y el rojo han trascendido los colores para convertirse en el gran símbolo de los Sanfermines.