Sara Mendizabal, psicóloga, experta en intervención en emergencias y catástrofes, coordinadora del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) del Colegio de Psicología de Navarra, responde a las primeras cuestiones que se plantean cantidad de testigos que se encontraban este domingo en la plaza de Navarrería y observaron una escena dantesca.

¿Qué reacciones son frecuentes que vengan ahora a la cabeza?

- Las reacciones ante un incidente así son normales, lo que es anormal es lo que sucedió el domingo. Las emociones tienen una función de supervivencia. El miedo nos ayuda a huir de los peligros. Lo normal es que el miedo actúe como si fuera una señal de alerta que tarda en apagarse. Por este motivo puede que ante estímulos que recuerden al suceso, salten lo que podemos llamar falsas alarmas. Es como si nuestro sistema nervioso estuviera pendiente todavía de que algo malo va a ocurrir.

Se trata de una tragedia, ocurrida de manera súbita en un lugar festivo con mucha gente.

- Los incidentes son así, son inesperados. Ha habido muchas personas que han vivido esta situación del accidente en Navarrería y desde el GIPEC veiamos importante dar información a la población en general para normalizar reacciones que por extrañas que parezcan entran dentro de lo normal. Dar información da control a las personas, es una de las bases de lo que se conoce como primeros auxilios psicológicos, una primera atención en crisis que facilita la integración del suceso.

¿Qué factores van a influir para que la sintomatología siga presente?

-Va a depender de la exposición al impacto, de las características previas de esas personas, de vivencias anteriores, de apoyos que puedan tener… No hay una única causa lineal. Pero podemos decir que, la mayoría de las personas, por suerte, por muy crítico que sea el incidente, que lo es, no van a desarrollar secuelas psicológicas por lo que han observado. Son tan solo síntomas, molestos, muy molestos en algunos casos, que irán desapareciendo con un poco de tiempo. La hipervigilancia, ese estado de alerta, irá disminuyendo conforme nuestro cerebro vaya corroborando que estamos a salvo.

¿Cuándo van a llegar esas alertas?

-Puede que ante estímulos que nos recuerden al evento, un sonido, un camión, una sensación física o un pensamiento. La alarma salta cuando el cerebro límbico entra en modo supervivencia, cuando la parte emocional del cerebro se activa de forma automática ante un peligro real o imaginario. No elegimos si la alarma salta o no, pero si la podemos calmar a través de nuestro diálogo interno. Dándonos autoinstrucciones del tipo “no tiene porque volver a pasar” “es solo un camión” o “estoy a salvo ahora”. Es como si nuestro yo adulto calmara al bebé asustado. También se pueden usar técnicas de desactivación como prestar atención a nuestra respiración.

Hubo que atender a muchas personas por crisis de ansiedad.

Una crisis de pánico es la emoción del miedo más intensa de lo habitual. El miedo nos lleva a huir, y el cuerpo se prepara para ello, aumenta respiración, ritmo cardiaco… una crisis de pánico es la reacción fisiológica del miedo, y como no estamos corriendo, tendemos a pensar que algo malo nos está ocurriendo. Comprender cómo funcionan nuestras emociones en sus tres componentes, activación fisiológica, pensamientos y conductas puede facilitar mucho que nuestras reacciones emocionales se ajusten a su función adaptativa.