Síguenos en redes sociales:

Crítica de 'Viva': Longevidad fugaz

Crítica de 'Viva': Longevidad fugaz

Con la incomodidad que siempre emana del acto de ver un pecho femenino oprimido en un mamógrafo, empieza Aina Clotet un filme hecho con perfiles de hierro y plomo. Con la amenaza de un cáncer que no cesa, un alien que intimida con reproducirse, amanece esta extraña comedia; un drama de humor, de supervivencia y de egoísmo. Parecería un relato romántico en un mundo sediento de afecto, un sálvese quien pueda protagonizado por espíritus que dicen ser solidarios.

El caso es que, sobre cualquier otro sentimiento, lo que Vivareclama es la identidad de una comedia agridulce en una tierra sofocada por el calentamiento global. Hay algo distópico en esos escenarios de fuego, sudor e insectos. Con vocación de transgredir los límites de la autoficción, de jugar con la propia identidad y de conjurar los propios temores más acá del relato cinematográfico, Aina Clotet dirige, coescribe y protagoniza una película arrancada de su propio pellejo.

En Viva, Aina Clotet se abisma en la contradicción, el miedo y el deseo. Su protagonista ha sobrevivido a un cáncer de mama pero, en el otro pecho, una señal inquietante sugiere que quizá el infierno no ha terminado. Al mismo tiempo, desgajado de su biografía –Clotet es hija de un científico como el personaje que Guillermo Toledo encarna en el filme–, se nos habla de la esperanza cercana y posible de alcanzar los 120 años con calidad de vida frenando el deterioro del envejecimiento.

Por otro lado, su personaje, Nora, acompaña a su abuela en los últimos días de su retiro en una residencia y mantiene una relación de mancha y roce con una madre psicóloga rodeada de jóvenes deprimidos a los que les sujeta con química, sus instintos de suicidio. Complejo panorama orgánico éste, lleno de pulsión sexual e individualismo. Así, el personaje de Nora dista mucho de ser ejemplar. Ni siquiera resulta simpático. Narcisista irredenta, Nora mira mucho a los demás, pero apenas ve un rostro, el suyo. Con él lo preside todo y todo gira a su alrededor.

Actriz veterana, en su primera incursión como realizadora, Aina Clotet arriesga mucho y elabora más. Levantada sobre un guion polifónico, con recovecos y metáforas, con brasas en el cuerpo y soledad en el alma, «Viva» impone un debut irreprochable. Más allá de las complacencias que su historia pueda provocar, su filme se sabe adulto, agrio, inasible. Por eso mismo, con frecuencia, como mantras de rezo, Clotet filma insectos y cucarachas, alegoría impía, de lo que (re)presenta el ser humano.