Puente Viesgo, una visita imprescindible a la capital del sobao pasiego
La localidad cántabra de Puente Viesgo debe su nombre a la conexión entre las dos orillas del río Pas que, a su vez, nomina a una de las regiones más significativas de la comunidad vecina. Es un paraje pleno de atractivos, no sólo por el encanto de sus rincones, sino por la definida personalidad de sus habitantes, los pasiegos
Hay quien dice que Puente Viesgo constituye el corazón de Cantabria. Geográficamente no le falta razón, porque también el río Pas es aparentemente el eje vertical de dicha comunidad. La localidad cántabra siempre ha tenido fama de ser un pueblo agraciado por la naturaleza. Por una parte la notoria belleza del entorno y por otra las prodigiosas termas que han sanado distinguidos cuerpos maltrechos.
Los beneficios de las aguas no son cosa de hoy, ni del ayer inmediato, cuando los balnearios eran la mejor medicina para quienes creían que unos baños terapéuticos hacían el milagro. Hay que remontarse a la época del Imperio Romano, cuando algún centurión descubrió sus propiedades curativas. Lo que siempre se ha considerado un rumor histórico tiene sus visos de realidad, porque por esta zona existió una calzada de piedra para el paso de las legiones de los césares.
Por el arco del puente de Puente Viesgo han pasado muchos ilustres hacia los balnearios inmediatos de Ontaneda y Alceda en un intento de saneamiento propio con sus “aguas clorurado sódicas, sulfhídricas-nitrogenadas”. Hoy existen varios establecimientos que aprovechan la circunstancia. Sus clientes ya no dicen que van al balneario, sino al spa. Algunos nativos que toda su vida han estado bebiendo “a lo perro” en los arroyos de la zona, miran sus cuerpos preguntándose si el prodigio no va con ellos. Como difícilmente encuentran respuesta, tiran al monte con el ganado dispuestos a resistir el frío de la pasiega, como llaman a una corriente de viento que hace crujir los huesos. Un día más en sus vidas.
Delibes 'retrató' el pueblo
Confieso tener una especial admiración por Puente Viesgo, porque en este pueblo se desarrolla la acción de El camino, uno de los grandes trabajos literarios de Miguel Delibes y la primera novela de adultos que he leído en mi vida. Un libro maravilloso que empieza con una frase que se me ha quedado bien grabada: “Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así”. Ignoro si su texto está basado en hechos reales, pero sí tengo claro que en su momento me impresionó. Y con la letra, el lugar donde discurre su acción.
A partir de ese inicio, el escritor pucelano se adentra en las pillerías de tres mozuelos de este pueblo partiendo del enfado que tiene uno de ellos, Daniel mochuelo. El día anterior a su marcha del pueblo para estudiar el bachillerato, el chaval, tumbado en la cama y rumiando el enfado, hace una especie de recuento de las aventuras que ha corrido con sus amigos Rodrigo el moñigo y Germán el tiñoso. Tal vez, el cambio de ambiente impida una prolongación de las mismas. Y así vamos conociendo al resto de personajes que se mueven en este escenario.
Cuatro cuevas
El monte Castillo, con su forma cónica, es uno de los primeros lugares para visitar. En sus laderas se abren cuatro cuevas consideradas por los expertos como las más interesantes de la comarca. En ellas se han encontrado yacimientos prehistóricos de tal interés que en el Centro de Arte Rupestre de Cantabria cuentan y no acaban. En este lugar de interpretación, abierto en 2023 y con una extensión de 1.700 metros cuadrados, te ponen al día del contenido y de los trabajos espeleológicos que se siguen llevando a cabo.
Las cuatro grutas, en la actualidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se denominan El castillo, Las monedas, Las chimeneas y La pasiega. De ellas, sólo se permite la visita al público en las dos primeras. Los arqueólogos aseguran que son muestras del arte Paleolítico más antiguo del mundo. Estamos hablando de la etapa más larga de la existencia del hombre sobre la tierra, un período que se desarrolló hace millones de años. Es lógico que haya que protegerlas.
La denominada El castillo fue descubierta en 1903 de una forma totalmente casual. En las paredes de sus 275 metros de recorrido se pueden ver dibujos de bisontes, caballos, ciervos y hasta un mamut. Los especialistas en el tema encuadran este conjunto cavernícola en la llamada Escuela cántabro-aquitana, en razón a las localidades que abarca y al estilo naturalista de las representaciones que dejaron los trogloditas. Unas veces se aplicaba el grabado rayando las superficies y dibujando por incisión con instrumentos de pedernal, y otras bastaba que con los dedos mismos se delineasen las figuras de animales en la arcilla húmeda del techo.
El tesoro escondido
La cueva denominada Las monedas, con sus 800 metros de recorrido, es la más larga de las cuatro. Sólo se permite la visita del público en sus primeros 160 metros, fundamentales para apreciar su gran belleza interior en la que existe una impresionante serie de columnas, estalactitas y estalagmitas. He aquí uno de los mejores ejemplos del arte rupestre de la época Magdaleniense que nos sitúa 12.000 años antes de Jesucristo. En su interior se encontraron también importantes muestras de las edades de Bronce y de Hierro, así como dibujos de cabras, caballos y osos.
El apelativo de Las monedas está relacionado con una curiosa leyenda local que los guías suelen contar durante el recorrido para satisfacer la curiosidad de los visitantes. Al parecer, cuando se empezó a clasificar los objetos que se iban localizando, se encontraron veinte monedas de la época de los Reyes Católicos. ¿Qué hacían allí? Alguien dijo que posiblemente formaran parte de un tesoro escondido por algún morisco o judío de los que tuvieron que escapar de la península cuando se inició su persecución. La historieta caló entre los vecinos y se ha ido transmitiendo hasta hoy.
El engaño de un tren
Uno de los factores de desarrollo de los que ha vivido pendiente históricamente el valle han sido las comunicaciones. Durante un tiempo, el tren fue una de las principales formas de transporte en Puente Viesgo, pero no logró implantarse. Los pasiegos, que son de mente cerrada, ya lo predijeron: “Donde esté un buen caballo…”.
El camino del Escudo, que unió primero Santander con Burgos, no tuvo ninguna notoriedad antes del último tercio del siglo XVIII. La frecuencia de los desbordamientos del río Pas y sus trágicas consecuencias fueron los principales frenos a la actividad de la vía. Pero la gran esperanza de articulación de las comunicaciones del valle y de la importante alternativa de desarrollo económico, vino de la mano del proyecto del ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Presos de la Guerra Civil iniciaron su construcción por todo lo alto, con sólidos puentes y el Túnel de La Engaña, de casi 7 kilómetros de largo y apto para una doble vía de ferrocarril. Total para nada. Todo aquel ingente trabajo en el que murieron muchas personas permanece abandonado como si de un engaño se tratara.
El camino verde
El que sí funcionó de 1902 a 1976 fue un pequeño tren que cubría el itinerario de Astillero, en la bahía de Santander, a Ontaneda, donde se centraba la actividad balnearia de la época. Se dijo en su época que era un tren minero que transportaba material del Valle de Pas al puerto santanderino, pero más de una mente retorcida creyó a pie juntillas que el trazado beneficiaba más a los veraneantes de postín que lo utilizaban desde la capital de la entonces provincia hasta la mismísima puerta de su spa favorito.
Tras la clausura de la línea, se han aprovechado los 34 kilómetros últimos de Puente Viesgo para crear la Vía Verde, una impresionante senda perfectamente llana y carente de dificultad que hace las delicias de los caminantes. El paseo es de una gran belleza y del tren queda la renovada estación y sus servicios complementarios.
Detalles de un pueblo
Uno de los elementos más queridos de los vecinos del pueblo es la histórica locomotora Reyerta, que perteneció a la Compañía del Ferrocarril de Astillero a Ontaneda. Toda una reliquia que fue fabricada en Alemania en 1912 y sirvió como cabeza tractora para cargar el mineral de la Mina Paulina en Revilla de Camargo. Pesa 23 toneladas y tiene una capacidad de 2.200 litros de agua y 800 kilos de carbón. Llegó a Puente Viesgo en 2004 y en 2022 se restauró a su estado actual según los planos de la fábrica. Está inventariada en el Catálogo de Bienes Culturales de Cantabria.
Un paseo detenido por Puente Viesgo nos lleva a la iglesia de San Miguel Arcángel, cuya torre y capilla datan de los siglos XVII y XVIII, aunque posteriormente ha sido restaurada. En las inmediaciones se encuentran el Ayuntamiento con impresionante zona ajardinada. En realidad, el edificio corresponde a la casona de los Fuentes-Pila. En el exterior hay una curiosa escultura en piedra que representa a una mujer que sostiene en brazos el cuerpo abatido de un soldado. Representa al teniente de Artillería Joaquín Fuentes-Pila, muerto el 4 de setiembre de 1925 en la guerra de África.
Hay una fecha al año en que Puente Viesgo viste sus mejores galas. O mejor, sus mejores guisos, porque cada 20 de enero sus habitantes agradecen a San Sebastián el trato de favor que les dio en el transcurso de una epidemia de peste. Los pasiegos honran al santo celebrando la Fiesta de la Perola, todo un homenaje al tradicional cocido montañés. Los supervivientes a tan exquisito plato pueden continuar degustando una deliciosa trucha de río o salmón, otros dos manjares de la zona.
El sobao y la quesada, dos delicias pasiegas
Nadie puede decir que conoce el Valle de Pas sin haber probado sus dos productos gastronómicos estrella: los sobaos y las quesadas. Las recetas se pierden en el tiempo, si bien la versión moderna de los sobaos se le atribuye a Eusebia Hernández Martín, cocinera de una familia pudiente de la zona. A esta señora se le ocurrió sustituir la masa de pan por una harina de trigo de alta calidad, encontrando así la fórmula actual: harina, azúcar, huevos y mantequilla en una proporción del 25%.
La quesada es un producto más complejo ya que requiere la manipulación de leche cruda a temperatura de ordeño, que ha de ser cuajada y desuerada en la primera fase de elaboración. El resto de los ingredientes: mantequilla, huevos, azúcar, harina, canela, ralladura de limón y sal.