Lenin, el hombre y la revolución

19.04.2020 | 00:12
Manifestación de militantes comunistas rusos el 21 de enero junto al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú.

Cuando se cumplen 150 años del nacimiento del líder revolucionario soviético poco queda ya en el mundo de un visionario que impuso sus tesis con autoritarismo extremo, purgas continuas y falta de libertades democráticas.

En 1848 Marx y Engels publicaron El manifiesto comunista, un libro llamado a marcar no solo una época, sino el rumbo de la política occidental con su legendaria primera frase: "Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo". Pero no sería hasta 1917 cuando un revolucionario que se hacía llamar Lenin liderase la creación del primer Estado que se declaraba heredero de aquellas ideas. Nacía la URSS, y el marxismo-leninismo como ideología. En el 150 aniversario de su nacimiento, Lenin puede servirnos aún no solo para entender el pasado, sino también el presente.

Vladímir Illich Ulianov, quien más tarde sería conocido mundialmente por su pseudónimo revolucionario, Lenin, nació el 22 de abril de 1870 en Simbirsk. El imperio ruso que lo veía nacer trataba de modernizarse al ritmo de sus vecinos europeos, pero se encontraba estancado a todos los niveles. El padre de Lenin, inspector de escuelas, fue partícipe de ese intento de modernización del imperio a través de la educación.

Pero no era el único de los Ulianov que perseguía la transformación del viejo imperio. El hermano mayor de Lenin, Alexander, había seguido otro camino, el de la revolución. Para entonces ya había fuerzas de oposición organizadas. La principal era el socialismo agrario, que veía en el campesinado y su tradicional forma de vida el lugar desde donde transformar radicalmente el país. De aquí surgieron los narodniki o populistas rusos, los cuales utilizaron la violencia abiertamente, llegando a asesinar al zar Alejandro II.

El otro movimiento de oposición surgió del desencanto hacia el socialismo agrario, que era incapaz de incorporar las nuevas realidades del país. El viejo imperio había sufrido ya grandes transformaciones económicas en algunas ciudades, por lo que, siguiendo a Marx, el futuro de Rusia estaba ahora en las fábricas y en la clase obrera. Su líder de aquella época, Plejanov veía en Marx y la clase obrera urbana la clave para la revolución.

El grupo de Alexander trataba de unir ambos movimientos. Pero su principal objetivo era acabar con el zar. La Ojrana, la policía secreta, logró desbaratar el magnicidio antes de su ejecución y Alexander Uliánov acabó en la horca. Como explica Robert Service: "nunca se ha atribuido a esta terrible experiencia su verdadera significación". Aquello no solo supuso la pérdida de un hermano, sino la marginación social de toda la familia. Para un joven Lenin de 16 años esto marcó el objetivo de toda su vida: llevar a la práctica aquello en lo que su hermano fracasó. Nacía el futuro teórico de la revolución.

Lenin no tardó en ponerse manos a la obra. Inició estudios universitarios en Kazán y en San Petersburgo, la capital de la época, donde se encontraban los círculos revolucionarios más activos. Después recorrió media Europa escapando de la Ojrana y debatiendo sobre cómo hacer la revolución. A pesar de que Lenin admiraba la determinación y el uso de la violencia de los socialistas agrarios, siempre se posicionó con los marxistas de Plejanov. Solo la lucha de clases, liderada por la clase obrera, podía acabar con el reaccionario imperio ruso. "El marxismo es todopoderoso porque es cierto", llegaría a decir.

Pero entre los propios marxistas surgían también diferencias. La cuestión estribaba en saber si era posible hacer una revolución en una región tan atrasada industrialmente. Para algunos marxistas era necesario esperar a que el capitalismo madurase durante un tiempo. Lenin lo tenía claro: las condiciones se daban. Lo importante era la voluntad y, sobre todo, la organización. "La revolución no se hace, sino que se organiza". Esa fue su gran labor dentro los años siguientes, la creación de un partido que llevase a la práctica la revolución.

En 1902 publicaba el folleto ¿Qué hacer?, con el pseudónimo Lenin. A partir de entonces se le conocería con ese nombre. El título no dejaba dudas sobre su contenido. La clave para la revolución estaba en organizar un partido centralizado y disciplinado que liderase a la clase obrera. Ya no había que esperar al propio desarrollo de la fase capitalista o la lucha de masas. Un partido bien organizado con disciplina férrea centralizada sería la vanguardia que condujese la revolución al éxito.

Pero esta idea de partido traía otras consecuencias, como la falta de libertad y crítica interna. Solo disciplina y unidad. Lenin calificaba los procedimientos democráticos como "juguetes dañinos". Esta visión autoritaria atraería muchas críticas en el posterior congreso de los marxistas rusos en Bruselas. Allí nació el Partido Socialdemócrata Ruso, pero escindido en dos alas. Por un lado, Lenin y los suyos, llamados "los duros" por su visión férrea del partido y que se autodenominaban bolcheviques por ser la facción mayoritaria. Por otro lado, los minoritarios, los mencheviques, que querían mayor libertad interna.

Los siguientes años de exilio significaron para Lenin la lucha por tener el mando de los bolcheviques y eliminar a los mencheviques. La revolución parecía estar aún muy lejos. Pero en 1914 todo cambió. El Imperio ruso se enfrascaba en la Primera Guerra Mundial. Media Europa iniciaba una carnicería atroz lo que significaba para Lenin una oportunidad para la revolución. Además, el partido socialdemócrata alemán apoyaba los presupuestos de guerra, lo que hizo reforzar en Lenin la idea de que los parlamentos no eran más que un estorbo para el desarrollo de la estrategia socialista.

Lenin acertó sobre las oportunidades que se abrirían con la Gran Guerra. En 1917, el Imperio ruso estaba exhausto tras tres años de matanzas en una contienda que no podía ganar y que le empujaba literalmente al desastre total. La oposición a la guerra era tan grande que en febrero de 1917 una levantamiento de todos todos los partidos y movimientos logró hacer abdicar al zar. Incluso los bolcheviques apoyaron al nuevo gobierno. Pero entonces llegó Lenin del exilio.

El gobierno alemán había dispuesto un tren para hacer llegar a los disidentes políticos rusos a la Rusia poszarista, pero partidaria de continuar la guerra contra los Imperios centrales, y de esta manera desestabilizarla. Lenin, de esta manera, tuvo la oportunidad de llegar cuando el gobierno provisional se estaba asentando. Nada más llegar proclamó que había que derrocar el nuevo régimen, a pesar de que los bolcheviques lo habían apoyado. No había otra solución que la toma de poder por parte de los bolcheviques. O la dictadura del proletariado acababa con la dictadura burguesa o esta acababa con el proletariado.

La estrategia de Lenin fue en primer lugar derrotar a los mencheviques, que veían en el nuevo parlamento una oportunidad real de transformación social. Después recuperó el liderazgo dentro de los bolcheviques, acallando toda la oposición a su estrategia. Tras ello ordenó que los bolcheviques se hiciesen con el poder de los soviets, consejos de trabajadores elegidos desde las bases que tenían mucho poder frente al gobierno. "Todo el poder a los soviets" fue la nueva consigna. Y una vez controlados los soviets, lanzarlos contra el gobierno.

En octubre, por fin, Lenin comenzó su insurrección venciendo al gobierno de Kerenski y tomando el poder en la mítica Revolución de octubre. Sus tesis habían vencido. O vencía la dictadura de la burguesía o la del proletariado. Lenin optó por la dictadura del proletariado. Era la única forma según él de que la clase obrera venciese. En el futuro Estado no habría ni oposición ni parlamento. El partido sería el único guía del país. Ni siquiera dentro del partido habría lugar para la discrepancia.

Nacía el primer Estado que se declaraba heredero del socialismo, la URSS; y nacía el marxismo-leninismo, una nueva ideología dentro del socialismo que proporcionaba una teoría sobre cómo repetir la experiencia de Lenin en otros lugares. Pero también se fijaba para el futuro la diferencia frente a los partidos socialdemócratas occidentales, los cuales funcionaban dentro de los parlamentos y aceptaban sus reglas. Una diferencia que dividiría en dos bandos irreconciliables la izquierda hasta la caída del muro de Berlín.

Los últimos años de Lenin serían una guerra constante contra todos sus enemigos, dentro y fuera del Estado y del partido. Su revolución había tenido éxito, aunque al precio de un autoritarismo extremo que erradicó cualquier espacio de crítica y oposición. Lo que para él parecía una necesidad temporal para la toma del poder, se volvería algo esencial a la supervivencia del sistema soviético. Algo que él mismo sufrió en sus carnes cuando impedido por varias apoplejías se vio incapaz de parar el ascenso de Stalin.

El año pasado se celebró el 30 aniversario de la caída del bloque del Este. Aquel 1989 el autoritarismo y la falta de libertades democráticas hicieron que los regímenes comunistas del Este implosionaran en pocos meses e inició la cuenta atrás para la disolución de la URSS. La obra de Lenin y sus seguidores se derrumbó como el muro de Berlín. A pesar de que el comunismo en Europa ya no sea capaz de construir nuevos muros, vemos que otras formas de autoritarismo crecen por Europa. Y más en situaciones de alarma mundial como la actual. "Es cierto que la libertad es algo precioso, tan precioso que debe ser racionada cuidadosamente", se le atribuye haber dicho a Lenin. Puede que se encuentre en la libertad la pregunta clave a la que Lenin y sus ideas no supieron contestar.

A pesar de que el comunismo en Europa ya no sea capaz de construir nuevos muros, vemos que crecen otras formas de autoritarismo