El PSN cierra la ronda con Geroa Bai, Podemos e I-E reafirmando su apuesta por liderar el Gobierno

Acaba una semana con Navarra en el centro del tablero político y con los vetos pasados de Ferraz todavía en el ambiente

Chivite interpreta las palabras de Sánchez como un aval a su estrategia

09.02.2020 | 14:05
Inma Jurío, Ramón Alzórriz y María Chivite, el equipo negociador del PSN durante los encuentros con Geroa Bai, Podemos e I-E.

Acaba una semana con Navarra en el centro del tablero político y con los vetos de Ferraz todavía en el ambiente.

pamplona - Igual alguien en el PSN piensa que lo mejor de esta semana es que ya se acaba. Que han ido pasando los días y que el partido liderado por María Chivite puede decir que continúa adelante en su apuesta por liderar un gobierno progresista y plural de la mano de Geroa Bai, Podemos e I-E. En definitiva: que siguen vivos después de varios días en los que Navarra ha estado en el centro del tablero político y mediático por una operación que busca armar un gobierno alternativo al de todas las derechas unidas -UPN, PP y Ciudadanos en Navarra Suma, la lista más votada con 20 escaños- que necesitará la abstención de EH Bildu, algo tan inadmisible para algunos sectores del socialismo que una filtración de Ferraz a principios de semana a punto estuvo de hacer descarrilar todo el proceso, tal y como ocurrió en el agostazo de 2007.

Pero los días han pasado, las conversaciones con Geroa Bai, Podemos e I-E han tenido lugar y las palabras del presidente Sánchez, el jueves por la noche y tras una jornada en la que José Luis Ábalos y la vicepresidenta Carmen Calvo habían alimentado la tesis de que dependiendo de EH Bildu, a ningún sitio, se han interpretado como un espaldarazo a la estrategia del PSN. Igual no es un triunfo definitivo. Pero, al menos, los socialistas navarros podrán celebrar que disponen de más tiempo para seguir intentándolo.

mirando a ferraz Y eso que todo empezó mal. El domingo, Elconfidencial.com se hacía eco de que Ferraz no estaba de acuerdo con el plan de Chivite al depender de la abstención de EH Bildu, y que más pronto que tarde procedería a pararlo. El lunes, todos los medios confirmaron la noticia y desde entonces se sucedieron las declaraciones de altos cargos -desde García-Page hasta el secretario de Organización, José Luis Ábalos, y la vicepresidenta Carmen Calvo- que venían a confirmar lo publicado. La derecha, que ha aprovechado los altavoces mediáticos de Madrid, ya se relamía: en medio de la incertidumbre, Esparza ofrecía sus dos votos en el Congreso para allanar la investidura de Sánchez a cambio de Navarra.

Sin embargo, el PSN se mantuvo firme y celebró los encuentros con Geroa Bai y Podemos en medio de un clima de pulso con Ferraz, y además reiterando que esta vez no posibilitarían la vuelta a la presidencia de UPN, incluso con expresiones duras contra Esparza, al que Alzórriz ha llamado "traidor".

Por eso los socialistas han entendido que las palabras de Sánchez, el jueves por la noche, eran lo mismo que decir: luz verde. Seguid adelante, y a ver qué pasa. Ni mucho menos el presidente bendijo la fórmula. Símplemente, recordó que los acuerdos dependen de la militancia y no sólo de Ferraz; que con Esparza hablará de la investidura de España, no de Navarra; y que lo que no va a hacer nunca el PSOE es pactar o acordar con EH Bildu, lo que no significa que puedan evitar una abstención. Todo, por supuesto, fue expresado con la ambigüedad de quien quizá no las tenga todas consigo. Habrá que ver qué pasa en el futuro.

De momento, los encuentros en Navarra han ido según lo previsto. "Hemos visto sintonía en Geroa Bai, Podemos e I-E", admitía ayer Alzórriz, tras la última reunión con I-E. "Los cuatro partidos tenemos una misma idea: gobierno progresista y de izquierdas, no en el espacio de la derecha ni de Bildu". No han sido más que tomas de contacto para ver si esto iba en serio, y parece que de momento sí. Aunque haya que tomar todas las cautelas. Ahora, tendrá que haber más. Y tendrán que servir para configurar ayuntamientos y la Mesa del Parlamento, que puede ser el termómetro perfecto para medir hasta dónde puede llegar el intento de Chivite por ser presidenta.