Esto es la guerra

Al Gobierno plural de Chivite le asisten las legitimidades numéricas y políticas, pero la derecha irá con todo ante la amenaza de la cohabitación estructural PSN-Geroa Bai.

09.02.2020 | 22:35
Chivite y Esparza, en momentos del debate.

El martes 28 de mayo, horas después del cierre de las urnas, publiqué un artículo en este mismo formato titulado "El win-win de Chivite". Intenté explicar que, si el PSOE no interfería de nuevo en favor de la derecha, el PSN o recuperaba la presidencia foral un cuarto de siglo después o acudiría a la repetición electoral en condiciones ventajosas por haber cumplido su doble compromiso de no restituir en el poder a UPN y de no pactar con EH Bildu para conseguirlo.

Al margen del condicional relativo a Ferraz, el vaticinio se asentaba tanto en la urgente necesidad del PSN de aprovechar la ocasión de gobernar tras perder el 40% del voto por su sometimiento a UPN como en la práctica imposibilidad de que los socios del extinto cuatripartito arruinaran su legado entregando la Diputación a Esparza por acción u omisión. El augurio se tornará realidad en unas horas para que Navarra tenga su tercera presidenta consecutiva, todo un hito en la política contemporánea.

Ante el estado de desinformación alentado por la derecha política y mediática incluso ayer mismo dentro del Parlamento foral, merece enfatizarse que la presidencia de Chivite resulta congruente desde la perspectiva política, pues todos los actores que van a contribuir a su investidura perjuraron en la campaña no favorecer la de Esparza, y que cuenta con total legitimidad aritmética porque Navarra Suma sencillamente no suma pese a que la coalición electoral rentabiliza en escaños hasta el último de sus votos. En total 127.346 sufragios entre UPN, PP y Ciudadanos cuando sólo entre el PSN y Geroa Bai acumulan 132.161, que son 148.679 con Podemos y 159.151 con I-E, el apoyo externo del Gabinete y cuarto firmante de un acuerdo programático respaldado por 23 escaños frente a los 20 de la tríada conservadora.

ni estabilidad, ni bildu Refutada la doctrina de la traición del PSN y constatada la desnudez numérica de Navarra Suma, cabe contradecir aquellos alegatos que propalan la supuesta estabilidad de la que UPN dota a sus gobiernos. De hecho, el regionalismo tiene acreditada la voracidad de una mantis religiosa para con todos sus socios. Basta recordar la puntilla de Sanz a CDN expulsándolo del bipartito de 2007, con Carlos Pérez-Nievas como uno de los consejeros damnificados cuando hoy comparte bancada con UPN, y cómo Barcina no tuvo ningún reparo en cesar a los socialistas Jiménez, Torres y Astiz en junio de 2012, al año escaso de cogobierno.

Tampoco el mantra del pacto entre el PSN y EH Bildu, como eje del juicio sumarísimo de la derecha unida contra la operación Chivite, soporta el contraste con los hechos. Para empezar, el PSN nunca contempló ni como hipótesis apoyar la alcaldía de Asiron en Pamplona, para en sentido contrario facultar que la recuperara el regionalista Maya. Y, para continuar, la izquierda abertzale ha sido excluida de los acuerdos gubernamentales de los que sí participó en la pasada legislatura. Pero es que, además, Navarra Suma coincidió en el voto con EH Bildu para configurar las comisiones parlamentarias y ayer unos y otros rechazaron la candidatura de Chivite. La paradoja radica en que el voto de EH Bildu contamina al parecer únicamente cuando perjudica a la derecha, una perversión intelectual que convierte a ETA en una excusa de quita y pon.

factor pnv y 'milagro cerdán' La sesión plenaria de ayer evidenció la irritación de UPN y sus satélites fruto de una concepción patrimonial del poder. A ese indisimulado enojo contribuye decisivamente la mala digestión ante el fracaso de sus presiones múltiples en Madrid, sorprendente para muchos de sus protagonistas habida cuenta de los antecedentes. Dos elementos han jugado esta vez en contra de la derecha navarrista, de una parte que los seis votos del PNV en el Congreso pesan el triple que los dos de Navarra Suma; de la otra, que ahora codirige la sala de máquinas del PSOE un dique de contención procedente del PSN que ha conjurado la ofensiva conservadora con un ejercicio proverbial de pedagogía. El prodigio, en atención a su procedencia, lo ha obrado el milagrés Santos Cerdán.

Aunque, más allá de esos dos ingredientes, ha sido el propio Esparza el que ha acabado por ahogarse en su propia salsa de Navarra Suma. Un acierto para rescatar alcaldías, dada la preponderancia en los ayuntamientos de la lista más votada, pero rémora para seducir al PSOE por tratarse de una coalición que incorpora al PP y Ciudadanos, socios estos sí referenciales de los ultras de Vox.

La estructura de UPN siempre albergará la duda de qué hubiera sucedido de concurrir en solitario y conservar los 15 escaños de 2015, que con los 11 vigentes del PSN alcanzaban la mayoría absoluta. En esas condiciones, Chivite lo hubiera tenido bastante crudo, incluso PNV y Cerdán mediante. Con la infausta derivada de que una fórmula ideada para gobernar muta en un escollo para articular una oposición que aglutina en un grupo parlamentario a dos marcas que rivalizan por la hegemonía de la derecha española. Es decir, Navarra Suma no sumó y además ahora resta, limitando las tres voces de un coro a un solista.

Navarra Suma también se antoja un problema a efectos discursivos. En el sentido de que quienes pergeñaron un artefacto electoralista difícilmente pueden sostener el reproche de que el resto se alía por intereses ajenos al bien común y también de que queda invalidada la acusación de que son los demás quienes abonan una política frentista y sectaria.

acoso total Esa doble contradicción no va a constituir sin embargo ningún freno para la derecha multiforme, literalmente histérica ante la cohabitación entre el PSN y Geroa Bai a riesgo de que se convierta en estructural al estilo de la del PNV y el PSE en la CAV. Las alarmas se han disparado en UPN, cuya dirección siempre interpretó que el cuatripartito de Barkos fue un accidente, un mal sueño que duraría cuatro años como mucho con la colaboración servil a la que el PSN les malacostumbró.

Así que el acoso a Chivite no ha hecho más que comenzar. A partir de mañana será la guerra, con una agudización de la dialéctica del apocalipsis y una acción de tierra quemada por parte de Navarra Suma, hiperactiva en la presentación de iniciativas que puedan dividir al Gobierno -forjado con la generosidad personal de Barkos y la colectiva de I-E- y alejar de Chivite a EH Bildu tras su reseñable ejercicio de pragmatismo a cambio literalmente de nada.

Tal asedio sólo se puede afrontar con un Gobierno sólido, por la capacitación de sus integrantes y una eficaz coordinación interna rubricada con una política de comunicación solvente. Como premisa del desarrollo de las prioridades que cuentan con el plácet de la mayoría del Parlamento para fortalecer la cohesión social y el equilibrio territorial, fomentar el desarrollo económico y el empleo digno, vigorizar el autogobierno con más competencias, abundar en el saneamiento financiero y en una recaudación fiscal progresiva e integrar al máximo la diversidad de esta colectividad en convivencia plural.

No será desde luego sencillo, por la heterogeneidad de quienes mantienen a UPN apartado del erario público y por el cúmulo de formidables fuerzas que procurarán el naufragio del Gobierno del recambio. Pero si Chivite y sus aliados aciertan, la política de trinchera de sus enemigos bien podría acabar por enterrarlos. Porque en política sólo sirve quien construye y por la vía de la radicalidad se acaba en la insignificancia. Más si como UPN has diluido la sigla en una entente cuyos componentes pugnan por quién hace más ruido.

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