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Presidir la travesía del desierto

29.06.2020 | 01:06
Esparza, durante el Congreso de UPN.

los congresos de UPN ya no son lo que eran. Al menos el de ayer no lo fue. Y no solo por las restricciones derivadas de la crisis sanitaria, que impidieron la presencia de afiliados en la proclamación de resultados y el consiguiente ambiente de jolgorio entre los vencedores que dan vida a estos cónclaves. Sino sobre todo por la progresiva pérdida de influencia política que sufre el partido.

Hasta hace unos años, la presidencia de UPN llevaba poco menos que aparejada la de Navarra, de ahí que todo lo que se cociera en esta casa tuviera una enorme trascendencia. De hecho, cuando Miguel Sanz decidió en 2009 que Yolanda Barcina fuera su sucesora al frente de UPN, no solo nadie del partido se atrevió a discutirlo, sino que toda la ciudadanía supo quién iba a presidir el Gobierno de Navarra con dos años de antelación.

Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado. Pese a que UPN continúa siendo partícipe de la candidatura más votada de Navarra, ni siquiera concurre con sus siglas a las elecciones. Y, lo que es peor para sus intereses, lleva ocho años en minoría parlamentaria –desde que Barcina rompió peras con Roberto Jiménez– y cinco en la oposición. Una travesía del desierto demasiado larga para una sigla que estaba acostumbrada a llevar las riendas de la Comunidad, que manejaba con destreza una potente red clientelar –con negocietes como los peajes en sombra que todavía hoy pagamos a escote– y que había convertido el miedo a que vienen los vascos en un señuelo que le garantizaba conservar la poltrona de la Diputación.

Estos temores ya no forman parte de las inquietudes políticas y mucho menos sociales, mientras UPN no ha conseguido recomponer ni discurso ni estrategia para sumar a su causa a nadie que no sea de derechas. Ni siquiera ha aprovechado este Congreso para abrir el melón del debate que le permita acercarse al PSN, pese a que se trata del único salvoconducto posible para recuperar el poder. Esparza, por lo tanto, sigue al frente de un partido deprimido y camino de batir el triste récord de ser el presidente de UPN más longevo en la oposición.