El emérito usó Patrimonio Nacional para camuflar regalos a sus amantes

El fiscal federal suizo Yves Bertossa sigue investigando la donación de 65 millones de euros por parte del rey saudí

21.08.2021 | 00:53
Una mujer pasa junto al graffiti del rey emérito Juan Carlos I, pintado en una céntrica calle de Valencia por el artista J. Warx.

Los escándalos financieros del emérito siguen sumando capítulos. Tal y como publicó este viernes el periódico digital Público, Juan Carlos I se valió de Patrimonio Nacional, la institución pública encargada del mantenimiento de museos y monumentos, para camuflar los regalos y donaciones que le hicieron marcas de coches y objetos de lujo y las transferencias económicas provenientes de la monarquía saudí. Además, según esta misma publicación, Patrimonio Nacional fue la institución encargada de acometer y sufragar las obras que Juan Carlos I hizo en las residencias de sus amantes, que en el caso de la casa forestal de Corinna alcanzó hasta los 2 millones de euros.

Hasta cierto punto, fue normal durante el reinado de Juan Carlos I que recibiera y utilizara objetos de lujo que le hacían llegar empresas y casas de fabricantes. En el artículo de investigación se habla de que con cierta asiduidad la marca de coches Mercedes le hacía llegar los modelos más lujosos, pero no era la única. Basta quedarse con que la Guardia Real llegó a necesitar una unidad de 42 militares y once civiles para mantener la flota de coches y motos que le había llegado al monarca, y que solía reclamar para uso propio.

Pero la madre de todos los regalos fue la donación que le hizo el rey Abdalá, que ingresó 100 millones de dólares –65 millones de euros– en la cuenta de un testaferro del rey. El ingreso se hizo sin disimulo desde el Ministerio de Finanzas de Riad, bajo el concepto "donación del rey de Arabia Saudí".

La donación llegó tres semanas después de que Juan Carlos I apadrinara un diálogo interreligioso en Madrid en el que estuvo presente el rey Abdalá, que llamaba al emérito "hermano". Juan Carlos I fue una pieza clave para el blanqueamiento de la monarquía saudí, uno de los países con menos respeto por los Derechos Humanos, y en cierta medida fue el trampolín internacional de Abdalá. Arabia Saudí tenía dinero –muchísimo–, pero le faltaba historia y prestigio. Y Juan Carlos I, cabeza de una de las monarquías más importantes de la Vieja Europa, se encargó de darle el reconocimiento que le faltaba. El símbolo fue la entrega del Toisón de Oro a Abdalá.

La investigación continúa en las manos del fiscal federal suizo Yves Bertossa.

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