Ana contra Cayetana

30.11.2021 | 01:11
Álvarez de Toledo y Beltrán visitaron el Parlamento de Navarra durante la investidura de Chivite.

Fueron la avanzadilla del PP en tierras “hostiles”, como decía Casado en Pamplona. Beltrán, fiel al aparato de Génova, ha pasado de admirar a Álvarez de Toledo a decir que la diputada díscola es “vil” y que “desprende odio” en su último libro

Un día fueron amigas, pero ya no. Ana Beltrán, presidenta del PP de Navarra, diputada por Madrid y vicesecretaria de Organización de Casado, ha hecho público que su relación política –y personal– con Cayetana Álvarez de Toledo, diputada díscola del PP, está rota.

Lo demostró recientemente, cuando en una entrevista en Telemadrid recogida por Europa Press asumió que de tener una "magnífica relación" ha pasado a estar "decepcionada" con Álvarez de Toledo por las palabras que dedicó al secretario de Organización del partido, Teodoro García Ejea –del que dijo que practica el "mobbing" y el "bullying"–, y por los episodios que ha revelado en su libro Políticamente indeseable, ahora en promoción.

Pero un día, Ana y Cayetana fueron colegas y cómplices políticas. Las dos mujeres eran la avanzadilla del PP en los territorios hostiles, que decía Casado. Juntas visitaron Pamplona en varias ocasiones y protagonizaron un mitin en Etxarri Aranatz en el que les esparcieron fiemo a pocos metros de donde tenían el atril. Compartieron viajes en avión y en coche y trabaron un vínculo más allá de lo profesional –todo el que se pueda trabar con una personalidad como la de Álvarez de Toledo– que ahora ya no existe.

motivos "mundanos" "Desprende odio para vender libros", dijo Beltrán, totalmente del lado del oficialismo y de la dirección. "No entiendo cómo sigue en su escaño si está tan quejosa: dice que está por la libertad, pero yo creo que está por cosas más mundanas", soltó, entre otras consideraciones secas como que lo que dice es "una barbaridad y es querellable".

No sabemos hasta qué punto Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, XIV marquesa de Casa Fuerte, necesitará el escaño del PP para vivir. Pero lo que sí es seguro es que un día Beltrán sintió admiración y envidia intelectual por Álvarez de Toledo. De ella decía, en privado y en público, que era una mujer brillante con una capacidad de sacrificio brutal, capaz de dormir cada noche en un hotel distinto, sola y sin sus hijas durante semanas si el partido la necesitaba en algún sitio. Beltrán hablaba de ella con respeto reverencial, pero ahora opina que "el personaje se ha comido a la persona" por hacer declaraciones "criticando y denigrando" a compañeros de partido. "Me parece vil", dijo.

¿Qué ha pasado para que una "magnífica relación" se haya ido al traste? Es sencillo: Álvarez de Toledo entiende que no tiene por qué decir sí, guana a todo lo que dicta el partido. Y Beltrán le debe su carrera política en Madrid a Casado. Él la rescató de Navarra y la colocó como número tres del partido, y ha seguido al pie de la letra todas las comandas que le ha dado el presidente y el secretario de Organización, García Ejea. Lo hizo cuando fue llamada a desactivar la rebelión andaluza contra Casado –que se solucionó por otras vías– y lo hace ahora cuando la orden es cortar la proyección de Díaz Ayuso o desprestigiar a Cayetana Álvarez de Toledo. Que también es una manera mundana de hacer política.

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