Más de la mitad de los presos de ETA cumplen condena a entre 150 y 600 kilómetros de Navarra y la CAV

De los 194 presos, 72 están en las cárceles de Pamplona, Zaballa, Basauri y Martutene, y más de 110 en el resto del Estado y Francia

06.01.2022 | 20:44
Vista general de la manifestación contra la excepcionalidad organizada por Sare en 2020, la última antes del covid

Más de la mitad de los presos de ETA siguen cumpliendo su condena en cárceles lejos de Navarra y la CAV.

En vísperas de que Sare organice su clásica protesta contra la excepcionalidad penitenciaria –que otro año más volverá a ser una concentración descentralizada por culpa del covid–, los datos actualizados –a diciembre de 2021– de la situación de los presos de la organización arrojan una realidad: que la dispersión sigue muy presente.

Los progresivos acercamientos decretados por Interior desde 2018 –fecha en la que Sánchez accedió al poder– han modificado totalmente el mapa –ya sin presos en las cárceles andaluzas–, pero siguen trazando una ruta demasiado alejada del kilómetro cero que suponen Navarra y la CAV, según la propia terminología que utilizan las asociaciones de apoyo a los presos y sus familias.

Los datos a diciembre de 2021 son estos: siguen en las cárceles 194 presos vinculados en mayor o menor medida con el colectivo de presos de ETA, el conocido como EPPK. De ellos, 27 son mujeres y 168 son hombres, sin que se pierda de vista que la pequeña Izadi –la hija de los presos Íñigo Gutiérrez y la navarra María Lizarraga– todavía vive con sus aitas en el módulo familiar de la cárcel de Aranjuez.

Tras la recentísima libertad condicional para Asier Bengoa –preso en Zaballa–, hay 83 reclusos en cárceles de aquí. Pero 90 cumplen sus penas en prisiones fuera del "kilómetro cero" de Euskal Herria, a entre 150 y 400 kilómetros de distancia –el 5% está en cárceles madrileñas, que ahora son las más lejanas del Estado–. Y un grupo nada desdeñable de 21 presos está en cárceles del Estado francés, tres de ellos en los alrededores de París y uno en Rennes.

Es decir, que más de la mitad de los presos sigue viviendo muy lejos de Navarra y la CAV. Es una realidad patente cuando se va a cumplir el cuarto año de la llegada de Sánchez al poder, con el que se han dado más pasos de cara al fin de la dispersión. Pero, como mucho, puede hablarse del fin de la dispersión dura, esa que mantenía a presos alejados a mil kilómetros de sus casas.

Las cárceles andaluzas de Albolote o Puerto III han formado parte durante décadas de la realidad cotidiana de los familiares de los presos –16 personas han muerto en visitas a prisión en los últimos 20 años y son centenares los accidentes–, y su vaciado ha supuesto un alivio evidente para familiares y presos.

Pero los progresivos acercamientos –que en estos cuatro años se han producido en un goteo semanal, sin previo aviso y con mucha incertidumbre– se han decretado a cárceles cercanas a Navarra y la CAV, pero no propiamente a las de Pamplona, Zaballa, Basauri o Martutene. Es algo que han denunciado tanto Sare como Etxerat, que además recuerdan que todos los penales vascos tienen sitio suficiente como para acoger a los presos de ETA.

PROTESTAS DESLOCALIZADAS

En ese contexto, llama la atención que ahora el grueso de presos se concentre a las puertas de Euskal Herria –Logroño y El Dueso, principalmente–, pero no dentro de las mugas vascas. Quizá por eso este año la marcha anual de Sare –que suele congregar a miles de personas en Bilbao– iba a estar centrada en el fin total de la dispersión y la excepcionalidad penitenciaria cumplida ya la década del alto el fuego definitivo –y posterior disolución– de ETA.

Pero, otro año más, el covid ha impedido la cita. Y ya son dos años seguidos en los que la crisis sanitaria ha hecho que los organizadores hayan optado por el formato de la nueva normalidad, esta vez obligado por ómicron: deslocalizar la marcha y llevarla a los pueblos, que acogerán mañana sábado concentraciones –casi todas a eso de las cinco de la tarde– para pedir el fin de esta situación para los presos.

En el caso de Navarra, una manifestación principal partirá de la plaza de los Ajos de Pamplona a las siete de la tarde, pero dos horas antes municipios de todas las merindades, tanto del norte como del sur, y muchos barrios de Pamplona, acogerán concentraciones para que este 2022 sea el último año con excepcionalidad penitenciaria.

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