La crónica de la semana

Bajo el síndrome de Madrid

06.02.2022 | 02:25
El presidente de UPN, Javier Esparza, ayer antes de entrar al Navarra Arena. Foto: Unai Beroiz

La insurrección de Sayas y Adanero no solo deja una crisis interna en UPN. Acaba también con la mayoría alternativa en el Congreso y fuerza al PSN a clarificar sus aliados en Navarra. Pero sobre todo revela la burbuja política y mediática en la que se ha convertido Madrid

era un voto muy bien pensado. Un apoyo puntual y concreto, pero viable también para el futuro en un escenario de incertidumbre política en Madrid. Que abría al Gobierno de Sánchez la puerta de una nueva mayoría alejada de incómodas compañías ahora que llega un nuevo ciclo electoral. Una nueva línea de comunicación con el PSOE con posibles ramificaciones en Navarra, y con el PSN una vez más pagano de un cambio de cromos negociado en Madrid. La operación no ha salido bien, pero ha revelado algunas intenciones.

No está claro qué ha llevado a Sayas y a Adanero a un ejercicio de rebeldía como el que protagonizaron este jueves en el Congreso. Un acto de insumisión más compresible con el caso de quien fue rival de Esparza en el último congreso. Pero especialmente llamativo por parte del histórico portavoz parlamentario de UPN, que durante sus 35 años de militancia ha representado el perfil más regional y foralista de la derecha navarra.

Es posible que haya influido un poco de todo. Desde el rechazo que genera Sánchez en la derecha española al oportunismo personal de dos diputados que estaban alejados de la órbita de la dirección y sin grandes perspectivas de futuro. La relación con el presidente del partido era prácticamente inexistente y ha terminado con una desplante público que deja seriamente dañado su liderazgo al frente de la organización.

Javier Esparza ha cometido el grave error de subestimar a sus diputados, con quienes apenas ha cruzado palabra esta última semana. También el de no amarrar bien dos votos que hasta hoy eran el principal capital político de su partido. Pero sobre todo ha ignorando la capacidad de presión que el entorno de la derecha, y también el de la extrema derecha, es capaz de ejercer para defender sus intereses económicos y de poder.

Es lo que el exdiputado de UPN, Iñigo Alli, define como el síndrome de Madrid. Una burbuja política y mediática que absorbe y polariza todo el debate institucional en medio de una estructura de intereses que solo mira al corto plazo, sin espacio para la discrepancia. Y de la que, una vez en la Corte, resulta difícil abstraerse. Alli lo intentó y acabó dejando el Congreso hastiado de todo lo que le rodea. España es Madrid y su entramado clientelar. Navarra se ve muy pequeña cuando se mira desde la capital.

los daños colaterales Así que es ciertamente compresible que Sayas y Adanero hayan preferido agradar al entorno que los últimos dos años les ha agasajado con aplausos en el Congreso, elogios en las redes sociales y un protagonismo desmedido en los focos mediáticos más radicalizados que cumplir la disciplina del partido que los llevó a Madrid.

Pero su decisión no es inocua. La primera consecuencia ha sido la crisis interna abierta en UPN, que posiblemente se quedará sin representación en el Congreso por primera vez desde 1979. Un desafío que Esparza trata de sofocar con una represalia rápida y ejemplar consciente del daño que sufre la credibilidad del partido en general, y la suya como candidato en particular. La expulsión parece la única salida posible, pero puede encontrar algunas resistencias dentro del partido.

En todo caso, resulta indiscutible que UPN sale debilitado de una operación que le resta capacidad de influencia en Madrid –ya no tiene escaños con los que presionar al PSOE– y que le abre un flanco peligroso a su derecha. Vox sigue sin liderazgos, estructura ni proyecto en Navarra, pero podría acabar convertido en el refugio de los desencantados con un regionalismo aturdido desde que en 2012 rompió la coalición de Gobierno con el PSN. Sobre todo si Navarra Suma acaba siendo otra víctima del cisma abierto en la derecha. Ahora mismo parece difícil reeditar una alianza electoral con el partido que ha promovido la traición de los dos diputados.

Por el camino han quedado retratadas además viejas formas de cambalache político que parecían superadas en Navarra. Suena irónico que el PSOE acuse ahora al PP de comprar la voluntad de lo dos diputados de UPN, cuando la alianza con Esparza tenía el Ayuntamiento de Pamplona como moneda de cambio. El acuerdo, finalmente frustrado, no tendrá consecuencias más allá del apoyo presupuestario a Enrique Maya que los cinco concejales socialistas han asumido con una disciplinada obediencia. Pero ha puesto en evidencia que los intereses del PSOE en Madrid siguen estando por encima de los intereses del PSN en Navarra.

Un escenario que el socialismo navarro debería tratar de aclarar lo antes posible para ahuyentar cualquier sospecha de pactos ocultos en despachos ajenos. Porque si algo deja clara la semana es que no hay otra mayoría viable en Madrid que la que garantizó la investidura de Sánchez. Y que jugar con vías alternativas, ya sea para solventar las discrepancias internas del Gobierno o por simple táctica electoral, al final acaba llevando a la inestabilidad a costa de eclipsar los éxitos de la propia legislatura. Si el PSN tiene claro cuál es su mayoría de Gobierno, haría bien en protegerla.

Esparza ha subestimado la presión que el entorno de la derecha es capaz de ejercer en Madrid para defender sus intereses de poder

La negociación entre UPN

y el PSOE deriva en un intercambio de cromos que parecía superado en Navarra


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