“Desde 2003 todo fue una farsa y ya en 2014 me quedé sin dinero para devolver”

Olagüe defiende que hubo una primera época en la que las inversiones inmobiliarias eran reales en Madrid

07.02.2020 | 18:01
Al fondo, el abogado Miguel Ezcurdia, que defiende a los acusados, y a su lado los letrados de las aseguradoras Mapfre y HCC.

PAMPLONa - Hacía liquidaciones al trimestre y cuando se efectuaban (marzo, junio, octubre y Navidades), ese despacho en el barrio de Ermitagaña de Miguel Olagüe debía ser un hervidero. Casi un dispensario. "Los inversores venían muy contentos a por su dinerito y yo casi no me podía levantar de la silla porque entregaba dinero cada cuarto de hora. Así pagaba sus intereses y a la vez empezaban a contarme sus historias", recordaba ayer el asesor, sentado en el banquillo y que ha estado ya dos años en prisión preventiva.

El procesado trató de dar apariencia real a sus primeros años de asesoramiento en inversiones, en concreto al periodo de tiempo entre 1994 y 2003 en el que él afirma que el negocio "era real. Entonces se hacían inversiones inmobiliarias. Eran reales y legales. He estado en esos sitios, en establecimientos como zapaterías o joyerías que tenían alquilado. Pero yo no quería que supieran nada en mi casa de este negocio y por eso dejaba toda la documentación en Madrid. Y después, en 2003, cuando desaparece Felipe Manrique es cuando empieza la farsa y yo me quedaba el dinero. Fue entonces cuando hice una relación patrimonial de las empresas de Manrique para hacer creer que esas inversiones seguían existiendo. Fue también entonces cuando los bancos empezaban a dar intereses más bajos por el dinero y entonces, aunque a los clientes siempre les advertía de que existía un riesgo, lo que ocurre es que cuando oían los intereses que generaban (lo que Olagüe ofrecía oscilaba entre el 8 y el 12%) se les olvidaba el riesgo que conllevaba. Siempre he buscado el beneficio del cliente".

"NO QUERÍAN recibos y no se hablaba de dinero" Pese a que el negocio se coloreara como lícito en una primera época, todo resulta tan opaco que se sospecha que algunas de esas cantidades aportadas por los inversores tienen un origen raro, se daban en metálico y ahí no se hacían liquidaciones de intereses ni reinversiones sin ningún soporte documental. "Ellos no querían firmar nada. Por algo sería", decía Olagüe, que aseguró que en ningún momento se refería en las entregas de capital o de las cantidades a la palabra dinero. "Solo hablábamos de documentos. Me decían mañana te llevo 40.000 documentos. Y traían la pasta". Así actuaba, con dicha operativa, hasta el primer trimestre de 2014, cuando "ya no podía hacer frente a más". - E.C.

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