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“El mismo 2015 me dicen ‘oye, que ya estás curado’, se me abrió el cielo”

Gerardo Jurío, enfermo por una transfusión de sangre previa a 1992, relata el antes y el después de su cura

09.02.2020 | 21:52
Gerardo Jurío.

pamplona - Gerardo Jurío, vecino de Mutilva de 68 años, sufrió un accidente laboral en 1984 por el que fue intervenido en quirófano y recibió varias transfusiones de sangre. Unos años después, en 1989, cuando iba a proceder a donar sangre, le comunicaron su diagnóstico: padecía Hepatitis no A, no B; esto es, la C.

Los primeros meses tras el diagnóstico, aunque con la inquietud y temor presentes, no le afectaba en su día a día: "Como es una enfermedad en la que puedes no notar nada, estaba aparentemente bien". Sin embargo, Jurío recuerda acudir a realizarse análisis y observar que el número de transaminasas (unas enzimas que cumplen una importante función metabólica) iba en aumento. Ahí empezó cierta preocupación, relata, y comenzó una terapia con Interferón. "Todos los días tenía que suministrarme una inyección pequeña. Era un tratamiento agresivo, no me hacía nada y tampoco me sentía muy bien después", recuerda de esta cura que se le suministraba en el año 89.

Ya iniciada la década de los noventa, su enfermedad fue mutando. "Empecé a notar que no hacía bien las digestiones, que estaba nervioso... yo iba al médico y le decía que no me encontraba bien", rememora. Luego sumó cosquilleos en las manos, el pensamiento de que podía derivar en cirrosis o en la necesidad de un trasplante, y ahí cayó en una depresión. "Atehna me acogió y me informó. Me ayudaron y me dieron cariño", subraya. Llegó a hacer cuentas para acudir al extranjero a tratarse y ahí, recuerda, él marca un hito: "Salió el nuevo y actual fármaco de pastillas".

Este exenfermo de Hepatitis C es uno de tantos -pacientes, familiares y sanitarios- que en 2015 se concentraron para reclamar que el medicamento se incluyera en la Seguridad Social. "Y se consiguió", expone radiante, "me pusieron el tratamiento. A los tres meses ya noté una mejora total, hacía las digestiones bien, tenía ganas de comer, engordé...". Era 2015, y a los seis meses del tratamiento (dos pastillas diarias) "ya estaba como si nada y me lo comunicaron: Oye, que ya estás curado. Se me abrió el cielo", manifiesta.

Jurío subraya las revisiones como prioritarias y, en calidad de exenfermo, destaca la labor de Atehna y la necesidad "vital" -como en su caso- de la inclusión de los nuevos fármacos en la Salud Pública. - P.S.