39 presas removidas desde 2016 para mejorar el cauce de los ríos navarros

Existen más de 700 obstáculos fluviales en la Comunidad Foral, 400 infranqueables y 230 en desuso

De las demolidas, 27 se encontraban en la cuenca cantábrica y 11 en la del Ebro

10.02.2020 | 02:32
Piscina fluvial en Otxagabia.

Existen más de 700 obstáculos fluviales en la Comunidad Foral, 400 infranqueables y 230 en desuso.

PAMPLONA- Los ríos son corredores naturales de gran importancia hidrológica y ecológica en el paisaje. Por ellos discurren las aguas superficiales, gran cantidad de sedimentos y sales disueltas, y en ellos viven numerosas comunidades biológicas que mantienen interrelaciones muy diversas con el medio físico, configurando así los ecosistemas fluviales.

Una gran parte de la red fluvial ha tenido y mantiene diferentes presiones e impactos que han determinado directa o indirectamente su degradación, como por ejemplos la presencia de presas. Éstas, han cumplido la función de alimentar centrales hidroeléctricas o molinos durante años pero actualmente muchos han caído en desuso. La colocación de una presa en la red fluvial modifica varios aspectos de ella, como puede ser el ecosistema. Además, la fragmentación por presencia de barreras transversales es uno de los principales problemas que presentan los ríos en Navarra. Existen más de 700 obstáculos en Navarra, de los cuales unos 400 se califican como infranqueables para la fauna piscícola, y por otra parte, unos 230 se encuentran en desuso, en algunos casos con propietario conocido y en otros sin propietario identificado. Las demoliciones de presas en Navarra se han llevado a cabo desde la Confederación Hidrográfica del Cantábrico y el Gobierno de Navarra. "Las Confederaciones Hidrográficas son las que guardan competencias de los ríos, por eso cualquier movimiento hay que consultarlo con ellos", destacó Nekane Vizcay, jefa de la Sección de Restauración de Ríos y Gestión Piscícola del Gobierno de Navarra.

39 intervenciones En el caso de que la presa esté en desuso y no posea ninguna concesión, se procede a la eliminación de ella porque esto permite recuperar procesos fluviales con los que el río puede reconstruir su dinámica y un funcionamiento más próximo al natural o de referencia. Las presas en uso, por su parte, tienen que disponer de elementos de paso eficaces que permitan la migración. Las presas derribadas en Navarra entre 2006 y 2018 fueron 39, 27 en la cuenca cantábrica y 11 en la cuenca del Ebro. De esas 38, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) derribó 17 entre 2006 y 2009, y posteriormente el Gobierno de Navarra ha derribado 22 entre 2010 y 2018. La altura máxima de una presa derribada en Navarra es de 5,5 metros, en 2015, que fue la Presa de la antigua piscifactoría de Acedo.

Las líneas de trabajo de recuperación de los ríos se centran en cinco aspectos generalmente: la recuperación de la continuidad longitudinal (permeabilización o eliminación de obstáculos), la conectividad transversal, la recuperación de la vegetación de ribera, la recuperación de espacio fluvial y creación de zonas húmedas.

condiciones de derribo Para proceder a la demolición, se debe asegurar si es viable o no. Para ello se deben tener en cuenta el aspecto legal, el técnico o cuestiones que pueda implicar el caso concreto de una presa. En este aspecto Vizcay destacó que "cuesta mucho demoler una presa porque en el momento de solicitar permisos se debe observar en primer lugar si existe una concesión de uso de la misma y comprobar así si se usa o no", y además, si se usa "no se podrá demoler".

A partir de ahí, se debe asegurar que la demolición es legal. Para ello, se debe analizar el estado administrativo de la concesión (presas con concesiones en vigor aunque estén en desuso), titularidad (negativas de propietarios, municipios). La oposición de algunos grupos sociales por cuestiones de valor sentimental, supuesta belleza del agua remansada, actividad deportiva, pesca, etc, pueden determinar también la actuación. En cuanto a los aspectos técnicos, se deben realizar proyectos con buena geología-geotecnia, incluyendo estudios de seguimiento geomorfológicos que prevean la evolución del río durante varios años, tras el derribo.

Por otro lado, se debe valorar el coste de la demolición y la estabilización de los taludes en la zona del antiguo remanso, que por lo general se suelen desmoronar. Pero en todo caso es más económico (e incomparablemente mejor desde un punto de vista medioambiental) que ejecutar dispositivos de paso.

Además, en casos muy concretos, algunas presas estar catalogadas ya que imposibilitaría su demolición. Pueden existir también razones ambientales para no demolerla, como por ejemplo, porque hacen de barrera frente al avance de especies exóticas invasoras.