Investigadores de la pederastia en la Iglesia lamentan el silencio y la orfandad de cifras

La experta Gema Varona, de la UPV, recuerda que estos casos hablan de una "macrovictimización", que requiere un abordaje multidisciplinar y que "encubrir y ocultar no es contribuir al bien de la Iglesia"

16.02.2020 | 01:10
Los periodistas Iker Rioja ('eldiario.es'), Alberto Barandiaran, la moderadora Amaia Alvarez (UPNA), Enrique Conde (DIARIO DE NOTICIAS), Javier Lorente ('Cadena SER') e Iñigo Domínguez ('El País').

pamplona – Cuenta el periodista Iñigo Domínguez, de El País, que cuando en el periódico en el que trabaja se comenzó a abordar y a trazar un mapa de hitos de lo que podía haber significado la pederastia en el seno de la Iglesia española se dio de bruces con una realidad desesperante. No había cifras por ningún lado. La Conferencia Episcopal apenas informaba de una treintena de casos en medio siglo, cifra ridícula e irrisoria a años luz de la realidad. Así, el día que El País decidió abrir un buzón a sus lectores para que escribieran en el caso de que conocieran un caso de este tipo recibieron 200 correos el primer día. El segundo ya había 300. Así se va contando esta historia. DIARIO DE NOTICIAS ha recopilado 27 testimonios denunciantes entre 1958 y 1983 en apenas un año, en un recorrido parejo al que inició Radio Pamplona-Cadena Ser, emisora que con Javier Lorente a la cabeza estuvo representada en la mesa redonda que el viernes reunió a los periodistas que han convivido e informado de esta realidad. No faltaron tampoco Iker Rioja, de eldiario.es y que siguió de principio a fin el caso Gaztelueta en Bilbao, y Alberto Barandiarán, periodista en su día de Berria, donde publicó la denuncia contra Juan Kruz Mendizabal, exvicario general de Gipuzkoa y coautor del libro Ez duzu abusatuko. Casos de pederastia en la Iglesia vasca.

En la jornada que el viernes se organizó en Civican también intervinieron expertas como Gema Varona, investigadora en el Instituto Vasco de Criminología y profesora de victimología en la Universidad del País Vasco, que se refirió a la víctimización secundaria: "Ese daño añadido que se produce en un contexto de abuso de poder, cuando las instituciones que deben proteger a las víctimas no solamente no las protegen sino que se producen procesos de minimización del daño, de culpabilización de la víctima e incluso de ocultamiento" y apuntó que en el caso de la Iglesia católica se produce esa victimización secundaria. Varona indicó que son "muy importantes" este tipo de congresos para "dar voz a las víctimas". "Muchas de ellas dicen que quieren que les den voz, y eso significa escucharlas", indicó, para señalar que "no sabemos lo que han vivido" y que "el impacto que han vivido es tremendo". "Es un impacto muy profundo, que se desarrolla a lo largo del tiempo, que destruye la esperanza, la confianza en uno mismo, en los demás y en el futuro", manifestó la experta, que añadió que se trata por tanto de "un problema de salud pública". "Ha afectado a personas de carne y hueso, a sus familias, a la institución de la Iglesia y a la sociedad, que debería responder y estar del lado del más débil en un asunto que es de violación de derechos humanos". Varona terminó su charla preguntándose: "¿Cómo es posible la ceguera moral de una institución con un problema así? Hay que reivindicar el papel de aquellos que están dentro de la Iglesia peleando porque algo cambie, pero es insuficiente. Se está más con el victimario. Violar, abusar de un menor, encubrir u ocultar no es contribuir al bien de la Iglesia", sentenció.

VÍCTIMAS DE OTROS LUGARES Una de dichas víctimas, Emiliano Álvarez, llegó a la cita desde Pamplona para compartir su experiencia como niño abusado en el seminario San José de La Bañeza (León). Fue uno de los intervinientes desde el público en la mesa redonda de víctimas que cerró la jornada y recordó que en su caso las secuelas se visibilizaron en "problemas de relaciones", adicción a las drogas e incluso delitos. "Cada vez que contamos estas cosas soltamos lastre, peso y mochila. Que ningún niño sufra lo que sufrimos nosotros. Cuando me escapé de allí, mi intención era tirarme a un pozo. Dejé allí a mi hermano y me sentí un cobarde. Pero ahora, tras siete años sin drogas, he decidido denunciarlo y contarlo", zanjó.

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