Día de reencuentros

Familiares y amigos se ven en persona dos meses después aunque sin abrazos y con nuevas normas

12.05.2020 | 00:41
De izquierda a derecha: Maitane Okiñena, junto a su madre Marisa López, y los hermanos de ésta, Arantxa y Elías, con Tere Iguaz.

"Somos una familia muy besucona y nos hemos tenido que aguantar: el saludo ha sido con los codos"

Los hermanos Elías, Antonio, Marisa y Arantxa por fin pudieron verse ayer en la calle, en el lago de Barañáin

barañáin – Es raro. Y no por falta de costumbre, pero resulta extraño y prácticamente insólito reunirse con una madre por primera vez después de casi dos meses de confinamiento y no poder darle un abrazo. Un mimico, una caricia. O sacarle la sonrisa al nieto y no atreverse a jugar con él abiertamente, no darle un beso ni siquiera en la mejilla. No poder tocarle. Es muy raro sentir miedo e inseguridad. Y pensar, de repente, que igual eso de no regalar ni una muestra de cariño en el fondo es demasiado, muy frío y muy extremo... O que toda precaución es poca. Pero ayer fue día de superar no sólo fases sino también incertidumbres, de sobreponerse a la intranquilidad y de dar paso al desconfinamiento. A los reencuentros que, aunque sin abrazos ni besos y respetando siempre las nuevas normas, dejan de lado las pantallas después de mucho tiempo para volver, por fin, al cara a cara.

"Nosotros nos hemos saludado con los codos, ya estábamos mentalizados. Y ha sido un encuentro un poco fugaz porque algunos se tenían que ir a trabajar", confesaba ayer Antonio López. Se reunió con sus hermanos y hermanas por primera vez tras superar la cuarentena, "la verdad es que da pena saludarte así porque somos una familia muy besucona, nos encanta darnos abrazos, somos cariñosos y nos hemos tenido que aguantar. Pero es lo que hay. Es como cuando vas en el ascensor: antes bloqueabas la puerta cuando veías que alguien venía para que pudiera subir y ahora nos cedemos el paso de uno en uno para no coincidir. Han cambiado muchas cosas", lamentaba.

Lo importante, decía, es que por fin se han visto, y aunque no han querido hacer muchos planes a futuro por lo que pueda pasar, no le importaría juntarse de nuevo con la familia en el pueblo, Azcona, "pero entre los trabajos y que quien más y quien menos todavía tiene miedo... Veremos", reconocía. Ayer hicieron lo propio en el Lago de Barañáin, en una estampa singular y emotiva que sirvió para unir de nuevo a parte de la familia, porque no todos pudieron acudir. Estuvieron Elías –el mayor–, Antonio, Marisa y Arantxa, que tendrán que esperar para ver a su hermana Laura, que vive en Almuñécar. Se hubieran juntado en Alicante, en la boda del hijo de Arantxa, que iba a casarse en julio. "Pero, como casi todo, ha tenido que suspenderse. Tenemos sanitarios en la familia y lo hemos vivido muy de cerca, aunque estamos todos bien, pero el miedo ha estado ahí. Nuestros dos hijos viven a menos de 200 metros y tampoco hemos podido verles, ha sido un problema añadido. Las visitas han tenido que ser desde la calle y la ventana y por videollamadas: todos los días a las 19.00 teníamos cita los hermanos", relataba.

Tenían programado para mayo un viaje a Albania con un grupo de amigos, el hermano y la cuñada, que también han tenido que suspender. "Se truncó, pero esperamos poder hacerlo más adelante. En este periodo también ha habido aniversarios y celebraciones que tendremos que posponer, parece que va para largo, por lo menos hasta que haya vacuna. Pero el optimismo no hay que perderlo", señalaba. El confinamiento, decía, se le ha pasado "relativamente rápido, no ha sido traumático", aunque se acuerda de sus excursiones para ir a por setas, una de las cosas que más echa de menos. "En ésta época para mí el perretxiko era fundamental. Ahora la mayoría de la seta que no se ha cogido ya está pasada, es una pena".

Valora que ahora ha cambiado la perspectiva de muchas cosas. "Es una situación anómala, a veces vas a andar, o al monte, y no sabes si estás incumpliendo las normas. Lo he notado mucho en la educación, creo que hemos bajado el tono de voz, por lo general, y somos más respetuosos con los demás. Cedemos el paso, respetamos las distancias... Siempre hay excepciones pero creo que vamos aprendiendo, aunque todavía nos quede por aprender".

"Ha cambiado la perspectiva en muchas cosas, yo creo que somos más respetuosos"

antonio lópez

Vecino de Barañáin