CÉSAR APESTEGUÍA / ESTELLÉS DE 61 AÑOS, ALUMNO DE EL PUY ENTRE 1968-70

"A mí me han robado toda la dignidad"

12.07.2020 | 01:11

pamplona – "A mí me han robado toda la dignidad. He sufrido con esa gente la mayor humillación de mi vida, cuando me pusieron en chichas, en calzoncillos, me ató una cuerda a la cintura y me paseó por el Obeki para que me viera todo el mundo. Había puesto un petardo que hizo temblar todo el colegio de El Puy y se vengó de esa forma". Así habla César Apesteguía, estellés criado en Ayegui de 61 años, apodado El General, que se reconoce de crío como "un revueltas, un chaval que solo hacía trastadas", pero que pasó por el colegio cuando tenía entre 9 y 11 años, durante dos cursos, como interno (junto a otra quincena de chavales), lo que le marcó para siempre. "Recuerdo que no podía irme a casa ni los fines de semana y que aquel director estaba enfermo", recuerda. "Pero lo peor es que te callabas todo por miedo o por vergüenza. A mis padres no les contaba nada, solo les decía que alguna vez me habían pegado, pero de que metían mano yo no decía nada. El caso es que San Julián no solo tenía la mano muy larga para sobarte, sino que también te daba unas hostias de media hora. E incluso le daba igual hacerlo en clase, esa era la impunidad con la que vivía. Era un tío alto, delgado y con la sotana daba más miedo que un nublao. Los otros profesores lo veían entrar y se echaban a temblar, nadie se atrevía a enfrentarse a él", recuerda Apesteguía, que ahora ha decidido que es la hora de contarlo todo. "Tengo muchos amigos que siguen teniendo miedo y vergüenza, pero yo ya me he quitado todo. Me da un poco de pena que este movimiento de denuncias para que se sepa de verdad lo que ocurrió entonces no se hubiera movido antes. Porque hay curas buenos, pero la mayoría son lo que son. Yo había pasado de denunciar, pero ahora veo que era necesario y veo que la gente nos ha dado muchos ánimos para que se entere todo el mundo". Por ello, Apesteguía recuerda que lo mejor para afrontar la situación es poner contra las cuerdas al Arzobispado para que cuenten la verdad. Y se sepa que "le abrieron la cabeza a San Julián cuando iba a meter mano a un chaval y entonces ya le sacaron de allí alegando una enfermedad mental".