Un año de alerta sanitaria

Patricia Palacio Cuenca: "El problema al que nos enfrentamos hoy es al cansancio del personal"

28.02.2021 | 00:52
Patricia Palacio Cuenca.

La médico de familia Patricia Palacio Cuenca vivió la irrupción de la pandemia desde el Centro de Salud de Peralta, uno de los municipios más afectados en la 2ª ola

Patricia Palacio Cuenca, médico de familia de 47 años, se echó las manos a la cabeza en cuanto la covid-19 entró de lleno en Europa y no dudó un segundo en creer que correríamos la misma suerte que Italia. Solo era cuestión de tiempo. Tras trabajar en los centros de salud de Ermitagaña y la Rochapea, Palacio vivió las dos primeras olas de la pandemia desde Peralta, uno de los municipios más afectados a partir de septiembre del año pasado. Ahora vive la atención a sus pacientes con una relativa tranquilidad desde el Centro de Salud de Aranguren.

¿Pensó que la covid cobraría la dimensión a la que ha llegado?

–Sí. En pocas semanas había llegado desde China hasta Italia, un lugar muy parecido al nuestro por proximidad geográfica y por costumbres similares. No sabía cuánto tardaría, pero sí que en poco tiempo nos llegaría a nosotros.

¿Cómo era el ambiente en los centros de salud al ver estas noticias?

–De mucha coordinación entre el personal y adaptándonos a todo lo que nos iba sucediendo. Por supuesto que había inquietud, pero es de esos momentos donde te das cuenta que la profesionalidad de la gente es asombrosa y está por encima de todo. El Ayuntamiento enseguida nos dijo en qué podía ayudar, y nos prestó un coche para evitar contaminar los nuestros cuando íbamos a los domicilios. Ante la escasez de material de protección las industrias y los trabajadores respondieron con una rapidez asombrosa a ayudarnos en todo lo que fuera posible, y sin pedirlo, simplemente viendo ellos las necesidades que podíamos tener.

¿Cuál era el escenario cuando empezaron a llegar pacientes infectados?

–Teníamos diferenciados circuitos para pacientes con sintomatología sospechosa. La peculiaridad de Peralta es que la primera ola fue muy suave, sin embargo fue de los principales focos al comienzo de la segunda ola. Tenía a su favor que ya estábamos rodados en lo que había que hacer, pero por otro lado el personal estaba mucho más cansado.

¿Implicó más complicaciones trabajar en una zona rural?

–El problema en el ámbito rural es que además de la demanda en el centro de salud, hay que atender muchas llamadas domiciliarias. Se juntaba el estrés con la falta de tiempo. Por suerte, el centro no se llegó a colapsar porque estaba todo el mundo dándolo todo y más.

¿Cómo le afectó esta presión?

–Entramos en un torbellino de trabajo y cuidado de los pacientes y entre los compañeros que casi no te dejaba ni pensar en la situación. Fue muy estresante y agotador, pero con la sensación de que estábamos haciendo todo lo mejor que podíamos. En el punto personal, la cercanía de la gente se nota y todos tenemos alguna herida todavía que escuece. En mi caso, como el de muchos médicos rurales, el punto de inflexión llegó cuando el virus entró en la residencia de ancianos a los que llevaba años tratando.

¿Contaban en el centro con los recursos suficientes?

–En estas situaciones nunca hay recursos suficientes. Pero en las zonas rurales se suma la lejanía de los hospitales y de pruebas diagnósticas. Esto supone que, ante la cantidad de pacientes infectados o con sospecha, sean los propios familiares los que vayan a tener que llevar al paciente a realizarse las pruebas en un coche donde tienen que estar entre 20 y 60 minutos encerrados con posibilidad de infección.

¿Cuál es la situación de los centros de salud en estos momentos?

–Las cosas que hay que hacer, ahora las tenemos muy interiorizadas. Todavía seguimos en parte con las consultas telefónicas, pero se va normalizando. El problema creo que hoy estaría más en el cansancio del personal y, como en el resto de la sociedad, en los trabajadores a los que les han quedado secuelas.

¿Algún mensaje que quiera transmitir a la sociedad?

–Hay una parte de la sociedad a la que no hace falta decir nada, que son todos aquellos que han perdido a alguien o que han salido adelante, pero con secuelas. Al resto, les diría que se planteasen la posibilidad de que en ese número de fallecidos diario que parece impersonal, esté alguno de sus seres queridos.

"Fue muy estresante y agotador, pero con la sensación de que estábamos haciendo todo lo mejor que podíamos?