Los San Antonio Spurs han alcanzado una nueva dimensión tras iniciar hace no tanto un proceso de reconstrucción. La final de la Conferencia Oeste ha sido la prueba de fuego, la confirmación de que esta franquicia está en disposición de luchar por el título de la NBA, algo que no sucedía desde 2014. La consolidación ha llegado en la cita con los Oklahoma City Thunder, donde los texanos, impulsados por la excelencia de Victor Wembanyama, han derrocado a los campeones, esa plantilla llamada a sentar una nueva dinastía. El éxito ha llegado en el séptimo partido de la serie, donde los Spurs inclinaron la balanza con un resultado de 103-111 que les permitirá enfrentarse a los New York Knicks, triunfadores en la rama del Este.

“Ganar el título es un sueño de la infancia. Es casi como el sentido de mi vida”, pronunció Wembanyama, declarado MVP de la serie. El espigado pívot de 22 años ha conducido en su tercera temporada en la NBA a la lucha por el sexto anillo de la historia para la franquicia, que tocó la cima en 1999, 2003, 2005, 2007 y 2014.

“No puedo explicar esta sensación. Es muy intensa y quiero sentirla muchas más veces en mi vida. ¡Dios! Es una oportunidad irreal de ser campeón. Es increíble. Mi vida es increíble. Amo vivir estos momentos con mis compañeros de equipo. Los amo tanto”, expresó eufórico y con lágrimas corriendo por sus mejillas el francés, que firmó 22 puntos y siete rebotes para volver a ser diferencial. Se ha convertido en indescifrable, es demasiado alto para los bajos, es demasiado rápido para los altos y es demasiado inteligente para ser detenido por cualquier plan defensivo.

Wembanyama ha sido capaz de acelerar la reforma de los Spurs ante unos Thunder que partían como favoritos tras presentarse a los play-offs con el mejor balance de la temporada regular, con los texanos a su zaga. Los campeones llegaron a poner la seria con un 3-2 a su favor, pero los aspirantes completaron una brillante remontada que habla de la resiliencia, personalidad y capacidad de la gestión emocional del vestuario.

Wembanyama, escogido MVP de la serie, celebra la victoria. EFE

Los Thunder acusan las bajas

Los de Oklahoma sucumbieron en el séptimo partido liderados por Shai Gilgeous-Alexander, que recientemente había sido nombrado MVP de la temporada. El base canadiense completó una buena actuación en el desenlace de la serie. Firmó 35 puntos y nueve asistencias, pero su aportación se quedó huérfana de la compañía de Jalen Williams y Ajay Mitchell, que se perdieron el partido por lesión. Chet Holmgren no tuvo su día, con solo cuatro puntos en su casillero. Por el lado de los Spurs, Julien Champagnie finalizó con 20 puntos y Stephon Castle, con 16.

Y llegado a este puntos, los Spurs ni mucho menos ofrecen síntomas de conformismo. “Queremos cuatro victorias más, no hemos terminado. Vamos Spurs”, proclamó Wembanyama en el Paycom Center de Oklahoma. Una cosa está clara: la NBA tendrá a su octavo ganador distinto en ocho años. Y otra parece evidente: Wembanyama ya es ese jugador determinante capaz de guiar a una franquicia hacia las mayores cotas. Con él, los Spurs están en buenas manos. La reconstrucción parece haber terminado. El presente es la lucha por el campeonato.

Reedición de la final de 1999

Paradójicamente, delante estarán unos New York Knicks que encadenan una racha de once victorias consecutivas que les han permitido retornar a una final en la que no estaban desde 1999, el año en el que cayeron ante unos Spurs que iniciaron entonces la conquista de sus anillos.