El Barça agrandó este pasado domingo su leyenda y levantó su 13ª Champions League –la cuarta en los últimos seis años– en el Lanxess Arena de Colonia, donde derrotó al Füchse Berlín por 37-34. Un trocito de ese trofeo, el máximo de Europa a nivel de clubes, lleva además el nombre de dos jugadores navarros, los de Antonio Bazán Legasa y Adrián Sola Basterra, quienes el domingo vivían una gran resaca emocional tras haber añadido a sus respectivos palmareses este preciado tesoro.
“Ha sido una experiencia increíble”, acertaba a decir Bazán, pivote natural de Zizur Mayor, que a sus 30 años cierra así una preciosa etapa de dos temporadas vistiendo la camiseta del Barça. “Es un sueño hecho realidad”, apuntaba por su parte el sangüesino Sola, quien con sólo 18 años ya ha tocado la gloria en Europa.
Ninguno de los dos estuvo solo en Colonia. Familia y amigos arroparon a los jugadores, que dejan así por todo lo alto al balonmano navarro, cogiendo el testigo además de Sergey Hernández, que el pasado año se proclamó campeón de la Champions con el Magdeburgo y que la próxima campaña jugará en el Barça.
A Antonio Bazán este éxito le llega en plena madurez como jugador. Hace dos años, y tras 11 defendiendo la camiseta de Anaitasuna, equipo del que fue capitán, recalaba en tierras catalanas para continuar con su formación como médico. Carlos Ortega lo incorporó a su equipo, donde ha acabado levantando títulos como la Liga Asobal, la Copa del Rey, la Copa de España y la Supercopa Ibérica, rematado todo con la reciente Champions League. “Para rato me imaginaba que todas las cosas de estos dos últimos años pudiesen darse. Y menos aún que fuera a acabar así. Estoy súper contento por lo vivido”, reconocía el pivote de Zizur Mayor.
Bazán, que estuvo arropado por su familia, sus amigos y su novia, siguió el partido desde la grada, al estar desconvocado, algo que no le resta un ápice de mérito, ya que ha participado en todo el camino hasta llegar a Colonia. “Disfruté mucho con el equipo, pero fue una agonía y un sufrimiento increíbles. Jugando siempre hay tensión y nervios, pero es un estrés diferente. Cuando estás fuera, la sensación es de una ansiedad constante”, relataba.
"Al final te das cuenta de que todo el trabajo tiene su recompensa. Siempre hay momentos complicados, pero los años de trabajo y el apostar por algo tiene su resultado"
Asimismo, tras este gran logro, echaba la vista atrás: “Al final te das cuenta de que todo el trabajo tiene su recompensa. Siempre hay momentos complicados, pero los años de trabajo y el apostar por algo tiene su resultado. Ni en mis mejores sueños me imaginaba que pudiera vivir esto y acabarlo así. Durante dos años he convivido con jugadores que veía en la tele y eran mis ídolos. Cuando jugabas contra ellos los veías en otra liga. Formar parte de este grupo ha sido algo muy grande para mí”. Del futuro, que apunta a Anaitasuna, sólo reconoce que le gustaría “volver a Pamplona”, ya que me “hace ilusión trabajar allí”, pero que “no hay nada firmado”.
La ambición de Sola
Si a Bazán esta Champions League le ha llegado con 30 años, a su paisano Adrián Sola le ha caído sólo dos meses después de cumplir la mayoría de edad. “Me encuentro muy feliz. Es muy difícil explicarlo con palabras, porque es una sensación increíble. Es un sueño hecho realidad, que me ayuda a seguir trabajando”, aseguraba el extremo derecho navarro, quien intenta vivir toda la vorágine de éxito de los últimos años “con calma”. “Sigo esforzándome como el que más, porque quiero llegar al máximo. Todo el esfuerzo va dando sus frutos”, expresaba Sola.
Con cinco años cogió por primera vez un balón con la mano y se puso a jugar con sus “colegas y amigos” en el Cantolagua de su Sangüesa natal. Su talento y calidad llamaron la atención del Bidasoa Irun y de Anaitasuna, equipo por el que acabó decantándose el internacional juvenil, antes de marchar con 14 años para 15 hacía La Masía. Viendo su rendimiento y prestaciones, Carlos Ortega no dudó en incorporarlo a la disciplina del primer equipo: con sólo 16 años, 10 meses y 22 días –el segundo más joven de la historia– debutó en Cangas un 9 de marzo de 2025 en la Liga Asobal; y en la Champions se estrenó meses después, un 11 de septiembre ante el GOG Gudme, anotando un gol. Ya ha firmado su primer contrato profesional, por el que queda vinculado al Barça hasta 2028.
"El Adrián Sola de pequeño no se imaginaba ganar una Champions y menos que llegase tan pronto, pero sí tenía unos objetivos muy grandes”
El extremo sangüesino es competitivo y no lo oculta: “Ese Adrián Sola de pequeño era muy ambicioso y sigue siendo igual que cuando empezó. Con trabajo y esfuerzo todo se va dando. No se imaginaba ganar una Champions y menos que llegase tan pronto, pero sí tenía unos objetivos muy grandes”.
Acompañado en Colonia por su familia, incluido su tío Alfonso Lozano, uno de sus primeros entrenadores, sabe que en Sangüesa se celebró su triunfo. “La gente de mi pueblo me apoya mucho, sobre todo mis amigos, que desde siempre han estado a mi lado y siempre van a estar. Me cuidan muchísimo y se preocupan por mí, y yo estoy muy agradecido”.
Asimismo, aplaude el éxito de una pequeña tierra como la Comunidad Foral en un deporte como este: "Tenemos buenos genes de balonmano en Navarra. Siempre hemos tenido buenos referentes y se están sacando grandes talentos como Sergey Hernández o Antonio Bazán, quien ha sido como un padre para mí en el Barça. Me ha ayudado muchísimo".
Añadido el título de la Champions League a su palmarés, otro de sus mayores sueños sería vestir, algún día, la camiseta de la selección absoluta. "Aún soy joven. Este año me toca mi primer Europeo, si es que me convocan. Voy a seguir trabajando para que pueda llegar esa llamada, que sería un sueño. Una de mis metas".