Aquí, oír una gaita es casi lo mismo que escuchar “fiesta”. El sonido agudo de este instrumento es todo un factor identificativo de los festejos de Euskal Herria. Ya sea a primera hora de la mañana, en el rato del vermut o, por la tarde, los gaiteros ambientan las calles y encabezan las kalejiras que llenan de vida los rincones de cada pueblo o ciudad de la zona.
La agrupación de gaiteros de este barrio de Pamplona se consolidó tal y como se hacían las cosas en la Txantrea de los ochenta: por el boca a boca. “Hablabas con uno, le preguntabas al otro...”, cuenta Joseba Orduña, secretario de la banda. Hacía solo un año que se había creado la Comparsa de Gigantes (1984) y la necesidad de contar con músicos propios que la acompañasen era cada vez mayor. Así, los seis precursores –Patxi Jimeno, Cipriano Jiménez, Peio Garaikoetxea, Miguel Pellicer, Koldo Pérez y Patxi Leuza– contactaron con los Gaiteros de Pamplona para comenzar a tocar la gaita.
Casi abandonan la formación al enterarse de que tendrían que estudiar solfeo y no solo memorizar un par de valses y pasacalles, pero finalmente, el grupo se consolidó y enseguida se introdujo en el tejido asociativo y social. De hecho, según Beñat López, miembro de la banda, la gaita y las fiestas son “indivisibles”. “Está asociada a las dianas, los gigantes, los bailables... No puede faltar”, opina. La de la Txantrea, en concreto, hace unas 30 o 40 salidas al año.
La tradición está de moda
Hubo un tiempo en el que la agrupación vivió momentos de verdadera tensión. “Durante una época, éramos solo cinco, con lo que teníamos que buscar a gente o cubrir todas las salidas entre los mismos”, recuerda Joseba. Ahora, por suerte, Gaiteros Txantrea goza de muy buena salud ya que, gracias a las clases que se impartían en Auzotegi, ya son diecisiete los músicos que conforman la banda.
A la vez, Julen Leuza, otro integrante, observa que los gaiteros son todo un pilar para el barrio. “Todas las comparsas, en general, están muy de moda, y no solo entre adultos, porque a los críos también les siguen gustando”, explica. No obstante, otras actividades asociadas a la gaita que no tienen relación con los gigantes sí están viviendo cierta decadencia. “Nos estamos dando cuenta de que los bailables en las tardes de fiestas, por ejemplo, tienen menos afluencia que hace diez años”, reconoce.
“Todas las comparsas están muy de moda, y no solo entre adultos; a los críos también les gustan”
Pero, de momento, el grupo tiene el futuro más que asegurado. Bien sea por la inquietud de aprender a tocar un instrumento o, más probablemente, por el buen rollo que desprende la banda –que celebra varias comidas anuales “innegociables” y cuyos miembros acostumbran a quedarse “de potes” después de las salidas– mucha gente joven se acerca a ellos “interesada en formar parte y probar la gaita”, revela Joseba. A este instrumento, explican, resulta más difícil de lo que parece sacarle una buena sonoridad y afinación porque, aunque la digitación “es la misma que la de la flauta”, se trata de una herramienta musical “irregular” y que “no está del todo desarrollada”.
Celebrar cuatro décadas
Gaiteros Txantrea ha organizado para este sábado, 6 de junio, una buena jornada de celebraciones porque cuarenta años no se cumplen todos los días. Así, el aniversario comenzará a las 9.00 horas de la mañana, con unas dianas, y continuará a las 11.30 horas con varias kalejiras que partirán desde distintos puntos del barrio de los que, de normal, “nunca sale nada, pero son significativos”, describe el secretario, como Kaskallueta, la plaza Puente la Reina o Ezkaba.
Después de la salida de la comparsa, diferentes grupos de gaiteros que han sido invitados al aniversario se encontrarán y pasearán por el barrio; entre ellos, los de Baigorri, Arrasate, Tudela, Pamplona y otros grupos con los que los txantreanos mantienen buena relación. Una vez terminados el almuerzo y la comida popular, en la peña habrá un DJ y una barra para terminar el día.
Pese a ver peligrar a sus gaiteros durante un tiempo, hoy en día, el barrio de la Txantrea todavía puede presumir del privilegio de contar con un grupo de personas que dedican su tiempo libre a hacer de las fiestas espacios llenos de música. La familia ha sido uno de los pilares que han sostenido a la banda, ya que los músicos de la primera generación, como Patxi Leuza o Tatxuelas, cedieron el relevo a sus hijos, quienes ahora mantienen viva la tradición. En cuanto al futuro, los artistas confían en que entregarán la gaita –el testigo– a sus hijos e hijas.