Usar inteligencia artificial daña la reputación de artistas y empresas creativas
El uso de la IA en trabajos artísticos puede no ser una ventaja y donde parece que la marca “hecho por un humano” puede ser en un sello de calidad y prestigio
Todos somos conscientes de que la aplicación de la inteligencia artificial(IA) ha impactado de manera muy directa en nuestro mundo desde lo más práctico a lo más lúdico y artístico.
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Uno de sus logros es la mejora de la eficiencia en muchos procesos, y alguno de ellos atañe a la industria creativa. Pero tiene sombras. En este último campo, se ha comprobado que su uso daña la reputación de los creadores y las compañías, según un estudio de la Universidad Internacional de Florida (FIU) que ha medido las opiniones de consumidores de videojuegos y publicidad en Estados Unidos.
El costo de usar IA
La investigación ha encontrado que, “desde la perspectiva del público en general o el consumidor, hay una penalidad reputacional asociada con divulgar el uso de IA”, explicó a Efe el investigador Joel Carnevale del Colegio de Negocios de la FIU, coautor del estudio publicado en Academy of Management Discoveries.
“Hay una consistente documentación de este sesgo antropocéntrico, un sesgo donde la gente tiende a preferir la creatividad generada por humanos por encima de la creatividad generada artificialmente”, expone Carnevale.
Dos experimentos
El estudio, elaborado en conjunto con la Universidad de Syracuse, en Nueva York, se basó en dos experimentos que demostraron que la “reputación previa” de un artista u organización “no proporcionó un escudo protector” si el público se entera de que usaron IA.
En el primero, los investigadores mostraron la misma música de videojuego a los participantes. A un grupo se le dijo que la compuso Hans Zimmer, ganador de dos Oscar, mientras que a otro se le dijo que la compuso un estudiante universitario. Además, cada grupo se subdividió en dos, diciendo a uno de ellos que habían usado IA.
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Esta información provocó evaluaciones negativas tanto para el músico consagrado como para el universitario. “No importó, usar IA o divulgar que usaste IA en el proceso dañó tu reputación”, advierte el profesor Carnevale.
En un segundo experimento, cuatro grupos de personas evaluaron a un hipotético empleado de publicidad que ha ganado premios. A uno se le dijo que usó IA en sus anuncios, a otro que la había usado solo en tareas administrativas, al tercero se le aseguró explícitamente que no había usado IA y al cuarto no se le dio ninguna información.
Las evaluaciones más negativas llegaron de quienes supieron del uso de IA, ya fuera en la creación o labores administrativas.
Implicaciones en la industria real
Los hallazgos muestran, según Carnevale, que, “tanto para artistas como creadores, va a ser cada vez más importante manejar no solo el resultado creativo, sino también el proceso creativo per se, porque a las personas parece que genuinamente les importa esto”.
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El profesor cita dos casos recientes: la cancelación de la publicación de Estados Unidos de la novela Shy Girl porque los lectores acusan a la autora, Mia Ballard, de usar IA, y la entrevista del New York Times a la escritora Coral Hard, en la que presumió de haber usado IA para escribir cerca de 200 novelas en 2025.
Carnevale reconoce que un escenario posible es que la IA se normalice conforme las industrias creativas y el público aprecien su eficiencia, pero que “eso podría incrementar el valor de la genuina creatividad humana también. Así que podría haber un valor añadido en las formas más humanas de creatividad”.
También en los videojuegos
Los aficionados a los videojuegos no son ajenos a esta visión. Joan Arnedo, director del máster universitario de Diseño y Programación de Videojuegos de la UOC, explica que una parte del público está sensibilizado con los aspectos negativos de esta tecnología, desde la suplantación y la pérdida de empleo al uso de material protegido o los derechos de autor, pasando por el aumento del precio del hardware, incluida la memoria, necesaria para disfrutarlos. Por ello, “el uso de la IAG puede volverte como un bumerán y marcarte con la letra escarlata si no eres muy cuidadoso”, concluye.
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A su vez, Carles Gallel, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, opina que no es que los jugadores rechacen esta tecnología, “sino que rechazan la manera en que se integra en algunos casos”, cuando se percibe como una forma de reducir costes a expensas de la calidad. Gallel afirma que esta percepción está influyendo claramente en la industria. “En el fondo, lo que refleja es que la adopción de la IAG no es solo una cuestión tecnológica, sino también de percepción y confianza, constata, bastante en consonancia con Arnedo, que opina que el primer paso para una IAG de uso ético es “no ocultar su uso”.