Deseos y desafíos de Pogacar
El esloveno, exigido por su propia figura y su jerarquía, establece el reto de triunfar en la esquiva Milán-San Remo y en la mítica París-Roubaix en una campaña en la que pretende su quinto Tour y su tercer Mundial consecutivo
Tadej Pogacar, un fenómeno en sí mismo, un concepto tal vez, arquetipo de héroe alado, augur del futuro del que viene, Prometeo del ciclismo, pasó unos días al sol floreciente y cálido al tacto de Gran Canaria.
Rodó por las carreteras amables en unos entrenamientos que promocionaban las islas, “muy agradables” en un “paraíso para entrenar” que cuenta con carreteras empinadas, sinuosas y con “ascensos duros”, además de bajadas “muy interesantes y complicadas” que ansía transitar. “Mi objetivo principal es explorar Gran Canaria”, subrayó.
El encuentro tenía deje de asueto antes de emprender la senda hacia el campo base de las concentraciones, en las que todo se alinea de cara al nuevo curso, que si nada lo altera, si ningún suceso extraordinario se interpone, se perfila como otra campaña de conquistas del esloveno mágico, el ciclista infatigable, inabordable desde que Javier Sola, su preparador, le pusiera en órbita.
Dos cursos, en los que Pogacar, imponente, refractario el esloveno al sufrimiento, ha arrasado sin perder la pose serena, calma y queda. Un juego de niños para él, demasiado superior para el resto de los mortales. Convertido en icono, es sinónimo de victoria.
El campeón del Mundo, revalidado el título en Kigali tras la primera corona en Zúrich después de dos ataques a distancia de telescopio, certificó que en Montreal, donde se celebrarán los Mundiales de 2026, espera alcanzar el cielo nuevamente y subirse de nuevo al arcoíris, convertido en su hogar.
“Intentaré dar lo mejor para ver si soy capaz de conseguir ese éxito”, estableció el esloveno, que desde las islas afortunadas extendió su lista de deseos para la campaña siguiente, si bien el calendario exacto de las pruebas en las que participará está por definir.
A por la Milán-San Remo y la París-Roubaix
Pogacar, amante de la historia, la simbología y la mística que se desprende desde los altares el ciclismo, proyecta tallar su nombre en los dos Monumentos que le restan: la Milán-San Remo y la París-Roubaix. La Classicissima esquiva al esloveno, que la ha acariciado en varias oportunidades, pero no ha logrado abrazarla a su desbordante palmarés, un galería de triunfos. Pogacar quiere convertir, a su vez, el Infierno del Norte en un paraíso.
El pasado curso solo Van der Poel, su némesis en las clásicas de piedras, pudo batirle. Era el estreno de Pogacar en la París-Roubaix. Enfocadas ambas citas, el esloveno quiere “intentar competir por la victoria” en los dos Monumentos.
Además de las grandes clásicas en las que tanto disfruta y que siempre incorpora a su almanaque, Pogacar regresará al Tour para tratar de entronizarse por quinta ocasión y adentrarse así en el salón de los reyes de la Francia ciclista, donde residen Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain, los guardianes y centinelas de la eternidad que invoca el selecto club de los cinco laureles.
"La motivación es diferente cuando tienes tanto éxito. No diría que es más difícil motivarse, sino que es diferente la presión y cambia el estrés alrededor. Cuando consigues temporadas como la pasada es difícil volver el año que viene para hacerlo mejor"
Pogacar, campeón en 2020, 2021, 2024 y 2025, será el gran favorito a la corona francesa. En sus dos últimas y exitosas apariciones, nadie ha podido rivalizar con la potencia de fuego del esloveno.
Tras conocer los recovecos del Tour semanas atrás, Pogacar aseguró que “no es nada especial” en cuanto a cambios, puesto que seguirán siendo tres semanas de “ascensos y etapas duras”, aunque con el aliciente “interesante” de empezar en Barcelona. “Tengo el Tour en el horizonte, pero todavía queda mucho”, expresó.
Anhelo de correr la Vuelta
El esloveno, que enlazó la gloria en el Giro y el Tour de 2024, no contempló alistarse a la Vuelta, la única de las grandes pendientes en su museo. Las fechas no encajan con su almanaque competitivo. Dijo Pogacar que quiere “correr algún día” la Vuelta, pero matizó que “es complicado de combinar” con el Tour.
“Siempre digo que si cambiaran el Giro y la Vuelta sería mucho mejor por clima y para acudir”. Algunas voces sugieren que el intercambio de fechas entre la carrera italiana y la española podría ser bueno, pero todo gravita alrededor del Tour, que establece los parámetros del ciclismo.
La Grande Boucle, la carrera más grande del mundo por velocidad, estrés, competitividad, impacto y transcendencia, ancla el calendario y escruta a los ciclistas. La semana última del pasado Tour dejó entrever a un Pogacar un tanto hastiado con la exigencia de una prueba grandilocuente que arrastra al organismo a los confines de la resistencia. Incluso a Pogacar.
El esloveno, esclavo de su propio personaje, de sus hazañas, enfoca la nueva campaña con la maldición de los grandes campeones, que una vez alcanzado semejante reinado, están condenados a volver a ganar.
La presión de seguir ganando
A obtener, al menos, los mismos logros. En ese escenario de perpetua exigencia, Pogacar comentó que “todo va muy rápido” y no tiene “mucho tiempo para pensar” en su trayectoria, por lo que apeló a “disfrutar al máximo y encontrar la motivación por el camino” para seguir compitiendo al más alto nivel.
“Todos sabemos que las carreras no se extienden mucho más. Tienes que mantenerte motivado hasta el final. La motivación es diferente cuando tienes tanto éxito. No diría que es más difícil motivarse, sino que es diferente la presión y cambia el estrés a tu alrededor. Cuando consigues temporadas como la pasada es difícil volver el año que viene para hacerlo mejor”, detalló el esloveno, consciente de su bucle virtuoso.
“Un problema” si consigue menos éxitos que en 2025, ya que su ambición es al menos “alcanzar el mismo nivel y resultados” y demostrar que es capaz de repetir títulos y exhibiciones ciclistas. Los deseos y desafíos de Pogacar.