un conocido dicho vaticina un creciente déficit democrático cada vez que un medio de comunicación tiene que chapar, por las razones que fueren. Es como si un referente desapareciese del escenario de nuestras vidas y la sociedad, o al menos una parte de ella, se sintiera huérfana; algo así ocurrirá a finales de año cuando cesen las emisiones de CNN +, una cadena temática especializada en información que se había asentado en el panorama de medios televisivos españoles, creada y franquiciada al rebufo de la televisión del desaparecido Ted Tuner, creador en Atlanta de CNN.
Esta desaparición provocará la muerte mediática, al menos temporal, de importantes personajes como Iñaki Gabilondo, Antonio San José y otros conductores del diario río informativo. La responsabilidad de este cierre se ancla en los movimientos profundos y poco conocidos de la opinión pública en las fusiones televisivas y que supondrá el dominio televisivo español por parte de Fininvest, Mediaset y otras compañías que rigen el cotarro comunicativo europeo al amparo de la familia Berlusconi. La fusión de T5 y Cuatro supone el crecimiento desmedido de un modo de hacer televisión basado en criterios económicos de beneficio creciente, satisfacción de los accionistas y concepción del medio como una industria de entretenimiento y ocio, rebajando si fuera necesario las cotas éticas e informativas.
Es curioso el proceso de fagocitación de los profesionales del eximperio Polanco, que sacaban pecho con estilo exquisito y pulcritud narrativa, por parte de los directivos de Paolo Vasile, capo de la televisión española. La nueva Prisa en manos del capital de un fondo de inversiones norteamericano se queda con los restos del naufragio, SER, El País y Canal +, que tampoco es moco de pavo tal y como andan los movimientos empresariales en el sector.