Intérpretes: Orquesta Barroca de la Unión Europea; Coro del New College de Oxford; María Keohane, soprano; William Purefoy, contratenor; Nicholas Mulroy, tenor; Jonathan Selis, bajo. Director: Edgard Higginbotton. Programa: El Mesías, de Haendel. Programación: Ciclo de la Fundación Baluarte. Lugar y fecha: Auditorio Baluarte, 19 de diciembre de 2009. Público: lleno de no hay entradas.

SIN duda lo que más nos ha deslumbrado de este concierto ha sido la cuerda de tiples: esos niños, algunos más pequeños que la partitura que sostienen, cantando uno de los monumentos musicales de todos los tiempos con la naturalidad y el desparpajo del que juega con la nieve. Su timbre es ese sobrenatural sonido cercano a la ambigüedad angelical, que no se puede comparar con nada, y que se asienta en una disciplina, una educación exquisita, una tradición que pasa de generación en generación y, por supuesto, en una calidad vocal individual extraordinaria. Lo pudimos apreciar en el corto sólo del tiple solista. Diecisiete niños que sirven agudos esplendorosos, contornean las agilidades con un baile un poco travieso, exhalan una pureza de espiritualidad intangible y mantienen una quietud tranquila cuando no intervienen, apenas interrumpida por el balanceo de los pies de los más pequeños que, sentados, no llegan al suelo. Catorce muchachos muy jóvenes, repartidos en contratenores, tenores y bajos, completan el coro, que se mueve por la partitura con la seguridad de lo trillado.

Del cash de solistas, sobresale la soprano María Keohane. Su Rejoice fue luminoso como pocos, y su última aria, If God, de referencia, en fraseo, calidad de sonido, y tempo preciso, con un sosiego infinito que emociona. El contratenor William Purefoy luce una voz homogénea y equilibrada, aunque un poco corta de volumen en relación con la orquesta. Esto lo suplió con un excelente fraseo e intención textual. Su canto en el fragmento de la Pasión fue un rezo. El tenor Nicholas Mulroy cantó bien. Impecable en el recitativo Comfort ye?, su aria Ev"ry valley no resultó del todo brillante. Quizás se vio algo perjudicado por el medio todo bajo en el que se cantó toda la obra. Y el bajo Jonathan Sells, muy teatral toda la tarde, resolvió con aplomo el aria de la trompeta. La orquesta barroca de la Unión Europea, sin llegar a las cotas de las que hoy día circulan especializadas en la música antigua y barroca, cumplió con las exigencias de tempo y estilo marcadas por el director. Es una orquesta de aluvión, formada para la ocasión, y compuesta, también, por gente muy joven. Buen nivel para solventar el compromiso de la trompeta natural y del bajo continuo.

La versión del venerable Edward Higginbottom -treinta y tres años al frente del College- nos deparó algunas sorpresas. Desde luego se mueve en la tradición de sonoridad y timbre historicista, pero algunos tempos sorprenden. Por ejemplo, la pastoral la convierte en una danza, aportando un matiz de alegría y festividad a lo acontecido. Opone, con cierta extremosidad, algunos recitativos a las arias, y, también contrasta los tiempos en algunas partes del coro. Las vocalizaciones del coro no las hace picadas, ni siquiera muy sueltas, consigue un fraseo ligado con staccato en las sílabas que sirven de motor. Esto resulta impecable y bellísimo en el and he shall purify, aunque no resulte tan limpio en for unto us. Se saca de la manga un precioso y expectante diminuendo en el final de la primera parte que invita al recogimiento. Su versión, en general, es austera. No adornan demasiado los solistas. Su visión, empezando por lo que en la escolanía llamábamos afinación en el la de capilla, sin dejar de ser teatral y narrativa, tiene un gran componente de asistencia litúrgica. El amén, más bien rápido, dirigido, casi, como a un coro polifónico, tampoco se recrea en la espectacularidad, no alarga el calderón hasta el infinito. Son detalles distintos para una obra escuchada mil veces, y que, sin embargo, siempre nos arrastra.