"Danza a los espíritus", "Tarata" y "Till it hurts" cierran la Sección Oficial
las películas de ricardo íscar, alan ferszt y marcin koszalka se proyectaron ayer Esta mañana se conocerá el palmarés, y por la tarde tendrá lugar en el Condestable la entrega de premios a los ganadores
pamplona. Los remedios de la medicina tradicional con que hace frente a las enfermedades de la noche la cultura evuzok, en Camerún; la vejez como tiempo de espera ante el destino inevitable: la muerte, y la relación de dependencia entre madre e hijo, fueron los temas que se abordaron en la última jornada de Sección Oficial del Punto de Vista, a través de tres documentales: el español Danza a los espíritus, de Ricardo Íscar; el boliviano Tarata, de Alan Ferszt; y el polaco Till it hurts, de Marcin Koszalka. Íscar y Ferszt estuvieron presentes ayer en Pamplona para hablar de sus respectivas obras a concurso. El festival dará a conocer hoy por la mañana el palmarés, y por la tarde, a partir de las 19.30 horas, tendrá lugar en el Condestable la entrega de premios, durante la cual se proyectarán las dos piezas que el realizador estadounidense Jem Cohen ha rodado en Pamplona a lo largo de estos días de festival.
Los estrenos de la Sección Oficial concluyeron ayer a mediodía a ritmo de tambores africanos en un ritual dancístico encaminado a la curación de las enfermedades provenientes del mundo de la noche, ese mundo misterioso de lo que no se ve ni se oye, pero en el que se cree. A esa atmósfera desconocida y enriquecedora transportó a los espectadores la cinta española rodada en Camerún Danza a los espíritus (2009. 80"), de Ricardo Íscar, que se proyectó en los Carlos III a las 12.30 y a las 22.30 horas. El documental se centra en Mba Owona Pierre, curandero de los evuzok que se ocupa de las enfermedades provenientes del mundo de la noche, causadas por la brujería. Descubre su día a día, la práctica de sus tratamientos, sus ideas sobre la modernidad, la religión o la medicina, y su principal ritual de curación: la danza de los espíritus. Según Ricardo Íscar, "es una película sobre la tolerancia, sobre cómo el conocimiento de otras creencias y culturas es fundamental para el respeto; y también sobre cómo todas las sociedades buscan remedio y consuelo a los males que les acechan". El antropólogo Lluís Mallart, que ha convivido durante años con los evuzok, fue quien puso en contacto a Íscar con esta tribu para la realización de la película. "En el año 61 fui como misionero al sur de Camerún, a convertir a los negros, pero fue un fracaso total, no convencí a nadie. En lugar de eso, empecé a interesarme por ellos, por su forma de vida y sus creencias y tradiciones, y conforme más me iba metiendo en su sociedad, más iba perdiendo mi fe", relataba ayer Mallart, quien desde aquel primer viaje ha regresado ocasionalmente a la región de los evuzok. La última visita la hizo hace tres años. El antropólogo explicó que en dicha tribu las enfermedades se clasifican en simples, diurnas y nocturnas, y "para curar estas últimas, se emplea el poder de ciertas personas que son capaces de separar su alma -o evu- del cuerpo y entrar en contacto con el mundo de la noche". Danza a los espíritus se mueve, según su director, "en el límite de todo aquello que uno no puede ver ni tocar, a lo que no se puede buscar una explicación. Nosotros lo podemos llamar religión, y los evuzok lo llaman brujería".
un pueblo que "muere" Tarata es un pueblo cercano a Cochabamba, en Bolivia, al que Alan Ferszt iba "mucho" con su madre cuando era pequeño. "Guardaba en la memoria un recuerdo muy cálido de ese lugar, y cuando volví ya pasados los años, me llamó la atención que se había vuelto muy viejo, allí no existe hoy una población en edad laboral", contaba ayer el joven realizador, que enseguida supo que en Tarata había una historia que contar. "Pero no tenía cámara de vídeo. Entonces quise hacer algo con fotografías, pero finalmente un amigo me prestó una cámara de vídeo y estuve yendo a Tarata a rodar todos los días durante dos meses", dice. En el documental, de 42 minutos, plasma el hoy de ese pueblo de calles desérticas y habitantes viejos que viven en casas antiguas. Las voces de tres de ellos compartiendo sus sentimientos sobre la vejez y la muerte se funden con evocadoras imágenes que se graban en la retina, como una que muestra la mantanza de un cerdo, haciendo visible de una manera cruda y dura el tema de la muerte.
Till it hurts (Polonia, 2008. 25"), por su parte, planteó un tema tan delicado como cercano a todos, en la medida en que todos somos hijos, todos nacimos de una madre. Aunque la historia que propone Koszalka es un caso muy concreto -el de un psiquiatra solitario de 53 años que arrastra un problema causado por años de abstención sexual y la extrema sobreprotección a la que le ha sometido su madre-, el filme toca sentimientos universales como el miedo a la soledad, o mejor, a la incapacidad de vivir solo, el amor y el deseo carnal, la envidia y la rabia mezcladas con el cariño, o el vacío y la desorientación que sobrevienen tras la pérdida de un ser querido.
Más en Cultura
-
Fallece a los 77 años el 'Indio' Solari, voz eterna del rock argentino
-
Eduardo Escobar vuelve con 'El hombre azul', una historia a caballo entre Donostia y Cuba
-
Rigoberta Bandini anuncia que está embarazada en pleno concierto: "Necesito contarlo para poder ahogarme tranquila"
-
La pintura circular de Alfonso Ascunce