EL filósofo y matemático galés Bertrand Russell es reconocido como uno de los más reputados ensayistas del siglo XX, en el que comenzaría por abrir paso a sus ideas sobre la lógica formal pero, ya en los años 20, desarrollaría una lucha sin cuartel contra la guerra y la alienación de los ciudadanos, al parecer bien presente en las Islas Británicas, como en toda la sociedad aparentemente civilizada. Así pues, tras algunos libros sobre la primera de esas cuestiones, escritos en colaboración con otros matemáticos o en solitario, Russell centró su atención en el pacifismo, tema peliagudo que le llevaría a responsabilizarse de campañas contra el reclutamiento voluntario y la carrera nuclear y a favor de la investigación de los crímenes de guerra en Europa.
Dentro de esta segunda fase de la producción del galés, se incluyen obras tan importantes para el pensamiento del continente como Elogio de la ociosidad, Por qué no soy cristiano o El conocimiento humano. Y, en los últimos años de su vida, a finales de los 60, escribiría una Autobiografía ante la cual se postraron muchos pensadores y escritores de la segunda mitad del siglo en todo el mundo. Estos últimos libros, publicados esencialmente a partir de los años 30, llamarían la atención de muchos lectores interesados en el ensayo pero también inquietaron a los Estados y a los estamentos militares europeos y estadounidenses, lo cual le llevaría a sufrir su ira en forma de abandono temporal de la docencia e incluso en la cárcel. Son, sus ensayos, interesantes puntos de vista sobre diversas cuestiones sociales y políticas en un momento muy delicado de las relaciones entre los Estados de Europa y siempre incluyen cortas explicaciones sobre el método elegido para su análisis, que hacen sus obras más fáciles de comprender.