Lugar: pabellón Anaitasuna, Iruñea. Incidencias: festival enmarcado en los actos de celebración del Día de Navarra. Lleno, localidades agotadas; 5 horas netas de música en directo. Público preferentemente joven que se mostró entregado con Fito & Fitipaldis, de 2 horas de duración.
Éxito total, a todos los niveles (desde los prismas artístico, organizativo o de asistencia), he aquí la frase que mejor define qué deparó la presente edición del Festival. Y es que este año, además, el evento tuvo sabor a festival: tras lo de algunos años anteriores, cierta lógica el cartel. Con puntualidad exquisita, en medio de un ambiente monocolor, monopolizado por el rojo de las banderas de Navarra y de los cientos de banderines desplegados, a Telefunkens les tocó tratar de encender la calefacción, algo que hicieron con inusitada soltura; denotando comodidad, para nada nerviosismo, estando como estaban sobre su primera gran cita. Haciéndolo mediante un pose que transmitió ganas, fe y lo más importante, credibilidad. Acto seguido, con el pabellón luciendo aún parte de sus mejores galas -en lo referido a asistencia-, salió M-Clan, banda que, en su segunda comparecencia en el denominado Festival Joven, con 7 nuevos músicos respaldando a los supervivientes Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez, aprovechó para presentar su CD Para No Ver El Final. Ante un público básicamente espectador, la actuación comenzó con tres de los temas que lo integran, Calle Sin Luz, Para No Ver El Final y Basta De Blues, demostrando los mismos profundas raíces sureñas, luzcan los ropajes que luzcan: magníficamente tintados por un trío de vientos, teñidos de soul, en los casos de la mayoría de los nuevos; de unas composiciones con especial presencia el jueves, aunque no restaran espacio a legendarias como Llamando A La Tierra o Maggie Despierta, éxitos que, pese a ser brindados también en el arranque, no lograron calentar la noche, más allá de las primeras filas; no, pese a los intentos de Tarque llamando, si no a la tierra, sí al gentío a participar en el concierto, algo que, junto con el hecho de que el grueso del público fuera llegando durante su hora y 40 minutos de duración, dejó claro sobremanera a quiénes querían ver básicamente los presentes: a Fito & Fitipaldis, cuyo guitarrista y puntal principal del actual proyecto de Cabrales, el ex M-Clan Carlos Raya, salió a tocar junto a sus antiguos compañeros en los bises. Y a continuación, tras semejante primer plato (totalmente a la altura del principal desde el punto de vista artístico), ante un recinto en ebullición, totalmente abarrotado, el concierto por excelencia. El que todos habían ido a ver, tal y como ya hemos sugerido.
Perfectamente respaldado por su actual plantel de fitipaldis, Fito se metió nuevamente en el bolsillo a todo el mundo con sus temas: con esas canciones que, de magnetismo tan increíblemente especial, terminan atrapando a todo tipo de gente por igual, dando lugar a un bucle recíproco de complicidad, damos fe, como pocas veces se da; ¿los mejores? Extraídos de sus tres últimos discos, Un Buen Castigo, Corazón Oxidado, Tarde O Temprano (ofrecido con Tarque, a la voz, y Ruipérez, a las guitarras; cómo sonó en sus manos, como si fuera de ellos), Soldadito Marinero (con el que pareció terminar la función), o las dos versiones ofrecidas: Todo A Cien y Deltoya, quedando patente en ambos casos la singular maestría de Fito para reconvertir en motivo de alegría cualquier tema de otros que toca. Bueno, al igual que las suyas, cualquier partitura que toca… con su varita mágica con forma de guitarra: como las de las canciones sonaron en los bises, Al Cantar, del repertorio de Platero y Tú (ofrecida por él en solitario) o la definitiva Acabo De Llegar: como marcar un nuevo gol tras una goleada, en el minuto 90, brillantísimo punto final. Brillantísimo broche a una noche que, aun con las carencias habituales (esto sigue siendo el Día de Navarra, que no de Navarra/Nafarroa), en esta ocasión, se mire como se mire, estuvo más a la altura de lo que supone conmemorar con música dicha festividad.