Reconociendo a la manifestación del dolor más profundo como una de las principales características del teatro moderno, no resulta descabellado considerar piezas teatrales como Bodas de sangre (Federico García Lorca, 1936), una de sus obras más representativas. Y es lógico, igualmente, considerar un acierto, convertirla en la primera muestra de la colección Voces Críticas que ahora ofrece DIARIO DE NOTICIAS. Miguel Hernández, Rafael Alberti o Juan Goytisolo son algunos de los autores que conforman dicha colección, que se inicia con la brutal historia de luto obligado estrenada en 1945 en Argentina.
Lorca destacó, desde tiempos mozos, como poeta hábil, cualidad que le llevaría a escribir gozosos libros como Romancero gitano y Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, que presentan problemas a la hora de ser datadas, pero esta faceta sería complementada con su producción teatral, la que nos legaría Tragicomedia de don Cristóbal, La casa de Bernarda Alba, Doña Rosita la soltera y tantas obras inolvidables. El asesinato a manos de los fascistas del autor granadino las convertiría en algo más que obras maestras pero son, en sí, creaciones cuya representación en el escenario terminaría demostrando su gran valía.
Y, de un modo paralelo al de la calidad de sus mejores poemas, el éxito logrado para siempre por la altura de sus obras teatrales ayudó enormemente en la búsqueda de un arte que el franquismo hizo sentarse en las últimas filas de clase y volvería, con el paso de los años, al pupitre que le correspondía, desde el cual leer trabajos dominados por la lucha entre el deseo y el placer hasta que, a través de poemas como los de Poeta en Nueva York o piezas teatrales como El público y Así que pasen cinco años, darían paso a un estilo renovador igualmente diferente en su temática.