Autor: Heinrich Von Kleist. Versión y dirección: Ernesto Caballero. Intérpretes: Santiago Ramos, Jorge Martín, Juan Carlos Talavera, Silvia Espigado, Karina Garantivá, Jorge Mayor, Paco Torres, Rosa Savoini. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 10 y 11/12/10. Público: Rozando el lleno (en la función del 12).
eL autor y director Ernesto Caballero se ha puesto al frente de un grupo de actores cuya cabeza más reconocible es la de Santiago Ramos para llevar a escena La fiesta de los jueces, una versión bastante libre de El cántaro roto, del escritor alemán Heinrich Von Kleist. Adscrito a la corriente del romanticismo, entre las obras de Von Kleist destacan La marquesa de O y alguna menos conocida como El príncipe de Homburg. El cántaro roto es un entremés en el que el prusiano satirizaba la judicatura de su tiempo, allá por los inicios del siglo XIX. El argumento es tirando a simple, pero efectivo para las intenciones del autor: un juez tiene que esclarecer un caso en el que un hombre, huyendo de la habitación de una joven comprometida, ha roto un cántaro. En realidad, el culpable es el propio juez, cuestión que queda clara para el espectador desde el principio, y, por tanto, para evitar ser reconocido, se verá obligado a corromper todo el proceso y, llegado el caso, a dictar una sentencia injusta.
El texto de Von Kleist tiene por su estilo hoy en día un regusto un tanto añejo. Su planteamiento resulta en exceso simplista, amén de previsible, para que podamos tomarnos esto en serio como una crítica a la judicatura más allá de la apariencia de simple parábola. Por eso, Caballero ha recubierto su adaptación con una armadura argumental: El cántaro roto será el texto que un grupo de jueces va a representar como fin de fiesta de una reunión de los miembros del Consejo del Poder Judicial y de la Fiscalía. Así que La fiesta de los jueces se plantea como un juego metateatral, con los jueces siendo jueces y parte del reparto de la función que se simula representar. El tinglado sirve para que, a través de constantes interrupciones de la obra excusa, se planteen continuos guiños a la situación actual de los magistrados: jueces estrella, sospechas de cohecho, sentencias discutibles, declaraciones disparatadas, etcétera. Circunstancias muy reconocibles en su mayor parte, que sirven para satisfacer esa intención satírica que el texto original no llegaba ya a cubrir. Cierto es que se trata de una crítica bastante obvia y, por ello, algo roma. Hay episodios un tanto toscos, como cuando, tras el derrumbe final de la escenografía (un espejo gigante que subraya la existencia de dos planos de realidad) una mujer de la limpieza arroja a la basura la clásica balanza de la justicia. Y otros más sutiles, como el que esa misma empleada simbolice todos aquellos asuntos que se barren bajo la alfombra en la administración de justicia. O así lo interpreté yo, vaya.
Lo que sí me resultó más convincente es el ritmo que le imprime Caballero al montaje. Consigue presentar una historia cuando menos entretenida, en ocasiones muy interesante, elevándose sobre planicies argumentales y haciendo que obviemos convencionalismos desusados, como los artificiosos apartes. El equipo de actores también contribuye. Santiago Ramos, cumplidor como siempre, tiende a veces a una cierta exageración que tampoco desentona con su personaje. Karina Garantivá también está muy bien en su doble personaje de doncella agraviada y "asistente de limpieza". Merece la pena también señalar a Juan Carlos Talavera o a Jorge Martín, entre un reparto eficiente y bien equilibrado.