Fecha: sábado, 11 de diciembre. Lugar: Big Star Music Club, Atarrabia. Intérpretes: La Canalla, banda integrada por Antonio Romera Chipi, a la voz; Javier Galiana, al piano; José López, al contrabajo; Julián Sánchez, a la trompeta; José Benítez, al cajón, y Juan Sainz, a la batería. Incidencias: concierto de presentación de "Flores Y Malas Hierbas", primer CD de la banda. Hora y 20 minutos de duración, bis incluido. Asistencia escasísima.
la Canalla presentó en Tótem su cancionero urbano de copla contemporánea, tal y como denominan a su espectáculo musical los comandados por el gran Chipirón de Algeciras: autor y compositor conocido y reconocido por poner habitualmente su arte al servicio de artistas como Pasión Vega, entre otros. Y lo hicieron ante una asistencia inversamente proporcional a la calidad por ellos desplegada. Inversamente proporcional? del todo, prácticamente. Enmarcada dentro de la iniciativa Girando Por Salas, fusionando el espíritu de la copla con un jazz de altísimo standing, la banda, luciendo en escena cual formación jazzística (con pianista y baterista ladeados, escoltando a contrabajista, trompetista y percusionista) comenzó por dichas lindes estilísticas la función, tejiendo un exquisito colchón para que Chipi recitara unos acertados y clarividentes versos que lucieron como si de la editorial o declaración de intenciones del grupo se tratase. Y a continuación, tras semejante introducción (rica en ironías y verdades), comenzaron a hacerlo las flores, malas hierbas y yerbabuenas musicadas propiamente dichas: canciones como Dame Tinto y Dime Tonto, La Legionaria y De La Loba (concebidas dentro de los parámetros más genuinos de la copla), la deliciosamente erigida sobre connotaciones sugerentemente drogadictas Enganchaito De Mi Vida, el Tango El Tirao -de las más celebradas, cosa de su inspiradísima introducción-, Jauja, Candela (de las más rumberas, de igualmente celebrado introito ésta última), Tito Wanted? Unas composiciones que en todos los casos nos llevaron a esbozar sonrisas, ya de complicidad, ya de admiración, ingentes, ingeniosas y canallitas como se mostraron: y perfectamente brindadas por unos músicos que denotaron gran conjunción en escena pese a ser cada uno de ellos, en sí mismos, un hecho diferencial; perfectamente interpretadas por unos instrumentistas como el teclista, miembro de la banda de Manu Chao, o el baterista, a las baquetas en El Barrio, habitualmente. Bueno, y por no hablar de Antonio Romera, genio y figura al que tanto su look como su gracia y talento, qué derroche de simpatía y maestría la suya, lo mostraron como una rara avis del tipo del Lichis, Chico Ocaña o Kike Babas -cuestiones estilísticas aparte-, por citar algunos perros verdes de la escena. Como alguien ciertamente ingenioso, tal y como hubiese sido calificado en el Siglo de Oro.
La canalla pasó por Tótem desplegando parte del infinito universo de sus cosas? y poniendo de manifiesto con su visita lo siguiente: lo mucho que les tiene que gustar, apasionar la música, para tocar apenas sin público y, de forma totalmente preciosista, hacerlo tan bien. Derrochando tanto arte como ganas, también. Y es que ya sólo por actuar lejos de su casa, ante un desierto tal y darlo todo como lo dieron creemos que se hicieron merecedores de este espacio. ¿Que ofrecieron parte del infinito universo de sus cosas, hemos dicho? Sí, toda vez que el concepto de CD es finito? y de que, en la recta final de la velada, con permiso de la psicotrópica Nana De La Negra Dama, incluida en el disco (de grandioso y lisérgico desarrollo instrumental), florecieron canciones inéditas, como el festivo Pepejipi o el doliente, intenso e inmenso tango con el que Chipi y Galiana remataron el concierto, logrando una estocada? hasta la bola, que dirían los taurinos. Más que digna para una noche como ésta, riquísima en flores y hierbabuena.