pamplona. Se inició como pintor en la década de los 80, y hoy siente como el primer día la emoción ante los parajes que inmortaliza en sus lienzos. "Todos los días me cautiva lo que veo", asegura Juan Carlos Pikabea, para quien el paisaje "en sí mismo es mensaje". El lesakarra expone por primera vez en la Ciudadela de Pamplona, en este caso en la buhardilla de la Sala de Armas, donde acerca al público una amplia y rica muestra del trabajo que ha llevado a cabo en los últimos dos años.
Bajo el título Los colores del alma, el recorrido invita al visitante a ir de paraje en paraje, de estación en estación, de un momento del día a otro, cada uno con su luz y sus tonalidades, por distintas zonas de Navarra, rurales y urbanas, así como a sumergirse en vistas marinas, unas vigorosas, otras más serenas, pero todas igual de vivas y sugerentes para quien las contempla. Por supuesto, está el río Bidasoa, y la montaña, el entorno más cercano y la mayor fuente de inspiración del artista desde sus comienzos. En este caso, Pikabea refleja la belleza y la autenticidad de esa comarca en obras como Mendaur, Irati, Xorroxin, Burgi o Roncesvalles. Enclaves reconocibles para el espectador navarro sin tener que leer los títulos, que le traerán a la memoria gratos recuerdos. También hay en la muestra sitio para parajes marítimos de Hondarribia o Biarritz, en los que los trazos son más largos y libres; junto a ellos, vistas urbanas de calles y plazas del casco viejo y el corazón de Pamplona -"mi ciudad, la que me ha abierto las posibilidades de realizar mi faceta pictórica", dice Pikabea-, o tradiciones como el carnaval de Lantz en plena celebración. Y como novedad, el pintor del Bidasoa inmortaliza también en esta ocasión parajes de otras zonas de Navarra a las que no se había acercado tanto hasta ahora. "La Zona Media con sus campos de cereales y viñedos, Tierra Estella y la Ribera son algo nuevo en mi obra, y me han permitido una pintura más impresionista, por la soltura que he imprimido en ella", explica el autor, que cuenta en el catálogo editado con motivo de la exposición con colaboraciones de Paco Sanz, quien firma un texto sobre su obra, y Pako Aristi, quien aporta el poema Negua/Invierno, a propósito de algunos de los cuadros.
Juan Carlos Pikabea es de los que piensa, y su exposición en la Sala de Armas lo demuestra, que Navarra no tiene nada que envidiar a otras regiones en lo paisajístico. "Es tremendamente rica en matices, y lo bueno es que pasas de un tipo de paraje a otro enseguida, al ser una comunidad pequeña. Es un paisaje tan cercano y tan diferente a la vez...", dice. Y ante un mismo paisaje, cada pintor mira e interpreta de manera distinta. "Pero todas pueden ser emocionantes. La pintura es como la música: a mí me emociona de igual manera una ópera que escuchar a ACDC, cada una en su momento", defiende el lesakarra. En Los colores del alma, el pintor navarro también exhibe varios cuadros de París, ciudad con la que está vinculado actualmente a través de un proyecto que el artista prepara "a medio o largo plazo".